No está siendo una legislatura fácil para los populares en el Consistorio. En menos de la mitad de legislatura han perdido un cuarto de los candidatos de su lista, entre ellos
un alcalde y dos vicealcaldes, y el equipo de Gobierno ha variado hasta en cuatro ocasiones.
Primero, las elecciones regionales sustrajeron al Consistorio de la labor de
Carlos Izquierdo,
Luis Asúa y Elena González Moñux. En estas circunstancias, el Consistorio recuperó al veterano concejal
Manuel Troitiño y añadió a
Almudena Maíllo, exdirectora general de Educación Infantil y Primaria, y a
Diego Sanjuanbenito, miembro del comité ejecutivo del PP de Madrid y ex asesor de Botella e Ignacio González.
Luego, en las elecciones generales, de la lista que elaboró Alberto Ruiz-Gallardón, apenas quedaron personas de su núcleo duro.
Manuel Cobo, Alicia Moreno,
Pilar Martínez y
Juan Bravo abandonaron el equipo con la marcha del actual ministro de Justicia. Con esos mimbres, Botella trató de cuajar
un equipo de garantías y de concordia. Convirtió en hombres fuertes a dos gallardonistas,
Villanueva y Calvo, y llamó a filas a dos hombres de su confianza, su mano derecha en Medio Ambiente,
Antonio De Guindos, y al diplomático
Fernando Villalonga, muy cercano al círculo de la familia Aznar-Botella. Puso al frente de las cuentas con
notable éxito a su amiga
Concepción Dancausa para acometer los duros recortes a los que obligaba la crisis y la política de gasto de Gallardón y trató de contentar a los concejales presidentes de distrito elevando a dos de ellos a organismos de primera línea en el Consistorio. Así,
Ángel Garrido, que
había pedido quitar de la portavocía a Cobo en la anterior legislatura por sus denuncias contra Aguirre y González, fue nombrado presidente del Pleno. Asimismo,
Dolores Navarro se hizo cargo del Área de Familia y Servicios Sociales.
Perder los pilares políticos
En esas circunstancias, entraron en el equipo
Pedro Corral, que se hizo cargo de Chamberí en sustitución de
Isabel Martínez- Cubells, que se convirtió en concejala de Comunicación; el joven
José Antonio González de la Rosa, que hizo lo propio en Fuencarral-El Pardo, y
Fátima Núñez, que quedó como concejala delegada de Seguridad, bajo las órdenes de De Guindos.
Sin embargo,
la aciaga fiesta de Halloween de la Casa de Campo pasó como un tornado por el Palacio de Cibeles reventando este 'statu quo'. En plena sangría política e informativa, Botella vio cómo caían sus dos principales báculos políticos.
Pedro Calvo dimitía de sus cargos y quedaba como concejal raso, a pesar de no estar imputado por el juez. Poco después,
Miguel Ángel Villanueva dimitía y abandonaba el Ayuntamiento para acabar con el acoso a la primera edil y a su propia persona, por su presunta cercanía a Miguel Ángel Flores. A día de hoy, tampoco está imputado y el fiscal ve muy poco probable que haya causa contra él.
Fuentes del Consistorio consideran que estas pérdidas han satisfecho a determinados sectores del Grupo Popular y que son desgastes asumibles. En concreto, a los aguirristas, que han visto como el gallardonismo se ha volatilizado. Por mucho que Botella presuma de haber pertenecido al equipo del responsable de Justicia, su nuevo orden solo cuenta con un miembro del conjunto original de Ruiz-Gallardón:
Paz González, que tiene por delante la complicada tarea de desarrollar el plan general de ordenación urbana de la capital de España, en medio de la mayor crisis económica de la democracia y con una sentencia que
bloquea 22 desarrollos urbanísticos del anterior planeamiento.
Quinielas
En pleno 'tsunami' ha habido ediles que han mejorado su posición. Es el caso de Sanjuanbenito, que es uno de l
os nuevos hombres fuertes de Botella desde su cargo de concejal de Coordinación de Estudios y Relaciones Externas, junto a
José Enrique Núñez, exconcejal de Centro. Este último cubrió primero el puesto de delegado abandonado por Calvo y, luego, el de portavoz del Gobierno dejado por Villanueva, el Área de Seguridad excluida de las atribuciones de De Guindos, y la segunda Tenencia de Alcaldía. Entre los ediles de distrito, destaca la llegada de
Pedro Corral a Centro, el ámbito más complicado de la ciudad.
Ángel De Donesteve, exasesor del concejal de Salamanca y nuevo concejal en sustitución del vicealcalde se ocupará de Participación Ciudadana. Mientras tanto,
Dancausa y Villalonga han ganado aún más poder gracias al reparto de las competencias de la extinta Área de Economía.
Las imputaciones de este lunes han añadido una nueva derivada al rompecabezas.
De Guindos ha cumplido su palabra y ha dimitido de sus cargos. Como no era concejal adscrito, el PP no tendrá que tirar de nuevo su lista de reserva, como ha hecho con De Donesteve. El problema es de gestión. El exdelegado gestionaba una de las áreas con más responsabilidad y Botella tiene que poner a alguien competente en su lugar. El elegido ha sido
Juan Antonio Gómez Angulo, un antiguo compañero de facultad de Aznar con mucha experiencia en el Ayuntamiento.
Aire político
Lo que está claro es que, dinamitado el gallardonismo y mermado su número de aliados, Botella tiene que ganarse a los concejales no adscritos y acercarse a los aguirristas para poder recuperar aire político en el Ayuntamiento. Sobre todo, cuando
algunas encuestas señalan que un 90 por ciento de los españoles piensa que debería dimitir, varias decenas de percentiles por encima de los cuestionarios realizados antes del Madrid Arena. Y eso a pesar de
haber cuadrado las cuentas con superávit, haber cortado la sangría económica municipal y puesto en marcha varias normativas clave que Ruiz-Gallardón prometió varias veces y nunca realizó, como el plan contra
la prostitución o la
ordenanza de convivencia. Tiene posibilidades de conseguir adeptos entre los aguirristas porque el tirón y el grado de conocimiento de Ignacio González con respecto a las bases es menor que el que tiene Esperanza Aguirre.
Botella también tendrá que decidir qué ocurre con
Fátima Núñez, persona de su total confianza e imputada también en el proceso, pero que no comprometió su cargo a su situación legal. A nivel de gestión, la responsabilidad recae sobre los hombros de
José Enrique Núñez, que tiene que manejar una cúpula de seguridad y emergencias dinamitada por las imputaciones. Por todo eso, el Ayuntamiento ha recurrido las imputaciones. Necesita tiempo para reconstruir su estrategia. Lo único que tienen claro en Cibeles es que la crisis ya ha tocado fondo y no quedan más sorpresas... O, al menos, eso esperan.