Eurovegas, el bien y el mal
viernes 07 de septiembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 20/09/2012 09:31h
Desde el principio de las negociaciones para la instalación de Eurovegas en Madrid o Cataluña han existido contradicciones claras entre los políticos. El partido socialista emitía un discurso confuso. Mientras Tomás Gómez se oponía al proyecto, los de su mismo partido pero con siglas en catalán, no lo tenían tan claro. Los millones de inversión en un momento en el que no hay nadie capaz de invertir suavizan las criticas. Quizá el negocio tenga algunas dudas pero se trata de un gigantesco proyecto con todos los riesgos que eso trae consigo.
Por supuesto que tanto los que están a favor como los contrarios a la instalación de los macro casinos tienen sus argumentos para defender sus posturas. Pero no vamos a entrar en el aspecto económico, social, cultural…porque de ese habrá tiempo para hablar y criticar. Creo que ahora es el momento de fijarnos en las reacciones políticas y sacar conclusiones. Por supuesto Tomás Gómez no se ha privado de mostrarse contrario abiertamente a la iniciativa, aunque, se supone que de haber estado en el gobierno, en lugar de la oposición, lo hubiera mirado con otros ojos. Pero eso es política ficción. La realidad es que siempre ha sido contrario porque rechazarlo tiene sus ventajas en esto que se denomina debate político y que cada vez está más lejos de los trabajadores y ciudadanos en general. Si se instala aquí podrá criticar cualquier desvío que se produzca durante su construcción, con aquello de “ya lo advertí”. Pero es que, además, si el empresario norteamericano decidiera marcharse a Cataluña podría acusar de fracaso monumental la gestión de la Presidenta madrileña.
Digo esto porque es exactamente lo que está haciendo el PSC en Cataluña, con la salvedad de que allí nunca se rechazó abiertamente.
Una vez más se demuestra la distancia, cada vez mayor, entre los ciudadanos y los políticos que gestionan su representación. Desconozco los entresijos de un macroproyecto que llevará, en principio, mucho dinero allá donde se decida instalar, pero lo que si tengo claro es que, como toda inversión, existe un riesgo de fracaso y una posibilidad de éxito. Y tanto la oposición de Tomás Gómez, como el gobierno de Esperanza Aguirre han perdido la ocasión de explicarnos, sin intereses partidistas, los detalles de una iniciativa empresarial que afectará a España, lo instalen en Madrid o se haga en Cataluña. Se han dejado escapar la posibilidad de actuar en sintonía con nuestras apreciaciones, que no siempre responden a protestas callejeras dirigidas e inocuas para los votantes, ni a aceptar proyectos gubernamentales sin rechistar y de forma incondicional. En fin…