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El frontón Beti-Jai

El frontón Beti-Jai

sábado 07 de abril de 2012, 00:00h
La reciente decisión del ayuntamiento de Madrid de expropiar las ruinas del primitivo frontón Beti Jai mantiene viva la historia de este recinto ubicado en la calle Marqués de Riscal,7. También la Comunidad de Madrid contribuyó en 2011 a garantizar su supervivencia con la declaración de Bien de Interés Cultural. Ahora bien –y sin que se haya materializado el proceso expropiatorio- queda por ver qué se va a hacer con este recinto que tuvo una corta historia de frontón.
La inauguración se produjo el 29 de mayo de 1894 con un partido de Portal y Pasieguito contra Beloqui y Tandilero, que ganaron, por un solo punto, los primeros: 50-49. El que pasaría a conocerse como el frontón de Pepe Arana iniciaba así una historia deportiva que se prolongaría solamente hasta 1919. Aunque el empresario y sus sucesores (Arana falleció en 1908) utilizaron el amplio recinto para numerosas actividades. En la segunda década del siglo XX era el centro de entrenamiento teórico y práctico de los reclutas que acudían a la Escuela Militar de la plaza del Rey. Con todo atesora un cuarto de siglo de historia pelotari y es un edificio especialmente valioso por su arquitectura.
 
El Beti Jai fue proyectado por el arquitecto Joaquín Rucoba y su coste estimado fue de dos millones de reales, según las cuentas de entonces. O sea, medio millón de pesetas. El autor dejó algunas obras notables en España, como la plaza de toros de La Malagueta, el Ayuntamiento de Bilbao, el teatro Arriaga de esa misma ciudad y el convento de las Salesas, en Santander. Falleció en 1919, el mismo año del cese de la actividad en el Beti Jai.

Resulta sorprendente la capacidad del nuevo frontón, cercana a las cuatro mil localidades, que indica la afición en Madrid a este deporte. Porque, además, en ese momento permanecían abiertos el Jai Alai y el Fiesta Alegre, de la calle Marqués de Urquijo.

De inspiración neomudejar, debía resultar espectacular el interior, a juzgar por lo que se puede observar de la fachada principal. Los espectadores se ubicaban en la cancha y contracancha y tras ellas, el tendido y la platea. En un entresuelo había 50 palcos, con acceso reservado. Había además una grada y, en lo más alto, las andanadas. Ante ese aforo, el arquitecto tuvo que proyectar numerosas salidas de emergencia.

Este recinto introdujo algunas novedades, meramente anecdóticas, en el juego de la pelota. Por ejemplo instaló, frente a las gradas, un marcador eléctrico con colores rojo y azul (los de los equipos) que iba anotando el progreso de los partidos. Según se informó, el mecanismo de cambio de números se producía activando una serie de timbres eléctricos. Se pensó también innovar el vestuario de los jugadores, uniformándolos con camisas blancas que llevarían en la manga el escudo y colores de sus empresas para que el espectador pudiera distinguirlos siempre.

El cierre del Beti Jai solo fue un triste episodio para los seguidores del juego de la pelota. Diez años más tarde, el 5 de junio de 1929, se abría otro espectacular frontón en la calle Doctor Cortezo con una velada deportiva a beneficio de la Ciudad Universitaria. Era el Madrid, que sustituía a otro de ese mismo nombre que existió en 1921 en el solar ocupado actualmente por el cerrado teatro Arniches, en la calle Cedaceros. El arquitecto Eduardo Lozano Lardet proyectó un espectacular recinto deportivo para 1.500 espectadores. Además de la cancha, destacaba una espléndida escalinata de mármol que daba acceso a las dependencias socio-gastronómicas. Esta vez el promotor fue un antiguo practicante de este deporte, Ildefonso Anabitarte quién, poco después, levantaría enfrente el teatro Fígaro. El frontón Madrid nació para satisfacer a los numerosos seguidores de los equipos femeninos de pelota, las conocidas como raquetistas. Habían aparecido las mujeres por las canchas de pelota allá por 1894, el año de apertura del Beti. Fue concurrido hasta que en 1945 el general  Moscardó puso tantas trabas a que la mujer practicara este deporte que llevó a su decadencia. Los herederos de Anabitarte recuperaron el frontón en 1955 y éste mantuvo la actividad hasta 1982. Actualmente solo queda en pie, de la construcción original, la fachada. Tras ella se está edificando un edificio de apartamentos.

Aún se inauguraría, el 29 de febrero de 1936, otro frontón monumental: el Recoletos, en la calle Villanueva, 2. Este tenía capacidad para 2.200 espectadores y fue obra de dos grandes profesionales del siglo XX: Secundino Zuazu y Eduardo Torroja. La construcción, al margen de su valor deportivo, fue un reto arquitectónico de primer orden. Especialmente admirable fue la enorme bóveda diseñada para cubrir un recinto de 55 por 32 metros. El ingeniero Torroja ya trabajaba entonces en el hipódromo de La Zarzuela, cuya cubierta es uno de los hitos de la construcción moderna en Madrid. Arruinado por los bombardeos de la Guerra Civil, los restos del frontón Recoletos se mantuvieron en pie hasta 1973. Hoy, en su lugar, hay un edificio de viviendas.

Desde hace décadas el juego del frontón ha dejado de estar entre los preferidos de los madrileños. Y aquellos recintos que fueron espectaculares entonces, son una nadería comparados con los grandes estadios de fútbol.

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