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Pedagogía frente al consumo de drogas

Pedagogía frente al consumo de drogas

Por Javier Sacristán
lunes 12 de diciembre de 2011, 00:00h
Actualizado: 11/01/2012 17:31h
El consumo de drogas y alcohol es un problema generalizado que cada vez se manifiesta en edades más tempranas, sobre todo en la adolescencia. Aunque algunos estudios demuestran que los niños escolarizados tienden a tener un menor riesgo de caer en la adicción, hay también un factor de predisposición en las mismas personas referente a la aversión o disposición a involucrarse en situaciones de riesgo que puedan afectar a su salud física y mental. En el caso de la aversión, permite prevenir las adicciones y conduce y prepara a los niños a evitar un riesgo; les permite conocer el daño y anticiparse. Así pues, un factor protector consiste en la información que obtienen los niños para saber y comprender las dificultades y trastornos que les pueden provocar el uso y abuso de las drogas. Los factores protectores pueden considerarse estilos de vida adquiridos en los grupos sociales, la familia, los amigos o la escuela, que generan patrones conductuales sanos de los que los jóvenes pueden hacer uso de manera consciente o inconsciente. Los profesores y los padres son un referente positivo y relevante para los niños. Proporcionar información y hablar abiertamente y en un entorno de confianza sobre las drogas y las adicciones es la clave para prevenir problemas con dichas sustancias en el futuro de los niños.

La escuela se convierte en un factor protector cuando proporciona al joven información escrita o por medio de charlas y talleres con relación al tema de las adicciones; esto ayuda a la prevención ya que por estos medios los niños aprenden acerca de las causas y consecuencias que produce la conducta de consumo. La relación con los maestros y las charlas con especialistas promovidas por la escuela influyen positivamente en cuanto que provocan en el joven la reflexión no sólo acerca de las adicciones, sino también en relación con la importancia de la comunicación en el núcleo familiar, lo que les ayuda a prevenir las adicciones y, al mismo tiempo, refuerzan los valores adquiridos en el hogar. La relación humana familiar funcional y la buena relación con los amigos contribuyen a evitar el consumo de sustancias ilegales, ya que se modelan patrones de conducta positivos que los adolescentes tienden a imitar.
Cuando desde la escuela se promueve la cercanía, se abre un canal de comunicación que permite a los alumnos ser orientados sobre el qué hacer, dejando aclaradas todas las dudas y miedos referentes al tema.

De todas formas, uno de los  factores fundamentales es conseguir una buena autoestima por parte del niño, es decir, tener una visión “saludable” de sí mismo, aceptar de modo realista sus defectos pero sin tomar una postura excesivamente crítica.

Una buena relación con los amigos, sentirse estimado por su familia, en la cual se le valoran sus aportaciones, encontrar su propio modelo para el éxito académico, es decir la autoestima global que es la valoración general de uno mismo da como resultado una autoestima.

Cuando esto ocurre, el niño siente que puede valerse por sí mismo y que puede mostrarse tal y como es, de manera auténtica, sin dobleces. En esta situación, no tiene la sensación de tener que imitar a nadie por el temor a ser rechazado o excluido del grupo, con lo que tiene la capacidad para rechazar las drogas cuando les son ofrecidas. Confía en su propio criterio y sabe distinguir entre lo que le conviene y lo que no, fijando él mismo el límite a la hora de consumir, aunque en su círculo de amigos los haya que consuman. Así pues, una buena base con toda la información posible sumada a tener una autoestima positiva, sabiendo lo que es conveniente o no para la persona en todo momento, sin caer en las presiones sociales o del “qué dirán”, son fundamentales cuando se trata de niños y adolescente frente a las  adicciones.

Además, la información dada directamente por personas que hayan consumido puede ser un buen ejemplo para que los niños se percaten de las consecuencias negativas de su consumo. Ello les informa y  les previene de que las perspectivas personales de cara al futuro pueden verse obstaculizadas por este consumo, les hace ser conscientes de los efectos negativos y genera la voluntad personal necesaria para abstenerse.

Desde la vertiente pedagógica la información, se considera como una herramienta básica a tener en cuenta en las escuelas y sobre todo en institutos, para que niños y jóvenes puedan tomar conciencia de lo que el consumo produce sobre sus cuerpos, sus mentes y sus vidas, en definitiva, las consecuencias que pueden padecer.

Por otro lado, proporcionar un buen clima de comunicación en la escuela y en la familia es básico igualmente para que el niño tenga la confianza de poder expresar sus problemas y preocupaciones, todo ello contribuyendo a evitar y a prevenir futuras adicciones.

Javier Sacristán García es el jefe de estudios del Eurocolegio Casvi
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