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Un análisis del estado del mundo

Un análisis del estado del mundo

domingo 23 de octubre de 2011, 00:00h
La humanidad amenazada: gobernar los riesgos globales. Innerarity, Daniel y
Solana, Javier (eds.). Paidós, Barcelona-Buenos Aires-México, 332 pp.
El título de este libro colectivo anuncia ya un diagnóstico común que comparten todos sus autores: la humanidad se encuentra enfrentada a una serie de riesgos globales que amenazan su propio futuro y urge, por tanto, profundizar en el análisis de esa situación y buscar respuestas desde la política porque, como sostiene Daniel Innerarity en la Introducción, “vuelve la política en tres aspectos fundamentales: como retorno del Estado, como recuperación de la lógica política y como exigencia de gobernar democráticamente los riesgos”.

Partiendo de esas premisas, Ulrich Beck actualiza su ya clásico análisis de “la sociedad del riesgo” para alertar de que “los riesgos globales están produciendo ‘estados fallidos o en bancarrota’ incluso en occidente”, poniendo como caso más evidente el de Grecia, pero alertando de que en la misma situación pueden hallarse Italia, Gran Bretaña o Estados Unidos. Daniel M. Weinstock abunda en el mismo sentido al considerar que “no es el riesgo per se sino más bien el riesgo catastrófico, lo que exige que repensemos la forma en que concebimos nuestra política”, mientras otros autores corroboran esa conclusión ofreciéndonos los ejemplos del calentamiento global, la amenaza nuclear, los riesgos bélicos o...los riesgos de mercado.

En ese contexto el lugar del Estado-nación es reinterpretado, constatando Edgar Grande que “el Estado-nación está integrado por nuevas esferas cosmopolitas de acción y nuevas formas transnacionales de gobernanza”, buscando así coincidir con interpretaciones más complejas como la de Saskia Sassen en obras como Territorio, autoridad y derechos, cuya tesis del “ensamblaje” aporta, desde mi punto de vista, un mejor enfoque de la interrelación entre los Estados y la “globalización neoliberal”. Se trata de un punto de vista cercano al que nos proporciona Ignacio Aymerich cuando resalta la evolución del derecho contemporáneo desde la diferenciación territorial a la sectorial, poniendo como ilustración de ese análisis la Lex mercatoria que se ha ido imponiendo a escala transnacional y supraestatal.

Es precisamente sobre la crisis que estos procesos generan en el carácter democrático del sistema de Estados-naciones vigente en lo que pone el acento Gurutz Jáuregui, quien llega a sostener que “el Estado democrático está siendo reemplazado por un Estado de derecho privado” y que estamos asistiendo a una “crisis general de legitimación no sólo de los Estados sino también del orden internacional por ellos creado”. Una línea de reflexión que parece compartir Michel Wiewiorka al reconocer que estamos asistiendo a la crisis de la democracia representativa, proponiendo, para evitar caer en una “democracia contemplativa”, ofrecer nuevas perspectivas mediante el fomento de formas de democracia participativa y deliberativa.

Ante esta situación límite y a la tendencia a pasar del riesgo a la incertidumbre, como subraya Elena Pulcini, lo importante es saber hacer frente al “miedo líquido” (Bauman), implosivo y paralizante, y evitar el “autoengaño” para así asumir conscientemente el “temor por el destino del mundo”.

Especialmente discutibles me parecen el trabajo de Zaki Laïdi sobre la Unión Europea para valorar si le es aplicable la definición de “potencia con aversión al riesgo” y, sobre todo, el de Javier Solana, quien parece confiar en “soluciones con liderazgo” que puedan venir de Europa, cuando, como está ocurriendo ahora, su profunda crisis de centralidad en el mundo, de identidad y de proyecto salta a la vista.

La lectura de esta obra colectiva, cuyo origen está en un coloquio internacional celebrado en octubre de 2010 en San Sebastián, es sin duda estimulante si se quiere buscar interpretaciones del estado del mundo que reconozcan los riesgos globales a los que debemos enfrentarnos. Cabe echar en falta una mayor  profundización en las causas de su desencadenamiento, relacionadas con un sistema económico y social y un “modelo” civilizatorio que son los responsables precisamente de que esté en juego la supervivencia de la humanidad. El problema es, por tanto, mucho más grave y exige alternativas radicales, como las que se están exigiendo ya desde los movimientos de indignados e indignadas que se están extendiendo por el planeta.

Jaime Pastor

Profesor titular de Ciencia Política. UNE
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