Son tiempos difíciles para todos. Quizá más para unos que para otros. Los actores noveles hacen 'de tripas corazón' para llegar a fin de mes y hacerse un hueco en un gremio "oligárquico y cerrado". Así lo reconoce Pablo Montenegro, un joven actor que lleva diez años 'enganchado' a la interpretación y reconoce que, pese a todo, no cambia por nada el subirse a un escenario.
Hace seis años que vino a Madrid a probar suerte. Se matriculó en la Universidad, entró en una escuela de interpretación, le echó "arrojo al asunto" y comenzó a buscar... Desde entonces, ha participado en decenas de proyectos con una característica en común: que son no remunerados.

Pablo no es de los que se quedan de brazos cruzados esperando a que les llegue la oportunidad. Desde pequeño demostró con creces su predisposición, y si no que se lo pregunten a Pepe Rubio, actor consagrado a quien un jovencito de 13 años buscó por todos los hoteles de Tenerife un día que actuaba en el teatro Guimerá de Santa Cruz. Pepe Rubio se quedó tan conmovido con la iniciativa del niño que con el paso del tiempo mantuvo contacto con él y, desde que Pablo llegó a Madrid, le facilitó el contacto con un representante, su propio representante.
"Desde el principio han sido muy sinceros con nosotros, en cualquier centro de aprendizaje te advierten de lo difícil que es hacerse un hueco en este mundo", reconoce el actor. En ese sentido, Internet es una herramienta ideal para promocionarse a sí mismo y participar en castings de toda España. Existen portales y webs destinadas a servir de expositor de vídeo-curriculums y de intercambio de material entre profesionales del sector.
Aún con todo, la interpretación engancha y para Pablo el escenario es ese lugar ideal donde todo se hace pequeño, los problemas desaparecen y destaca el personaje. "No soy yo, me convierto, y cuando el texto me gusta hago todo lo posible por transmitirselo al público".
Estos días, Pablo Montenegro ha encarnado la piel del Che en 'La Última Mirada del Che Guevara', un monólogo que recrea lo que pudo haber pasado por la mente del joven revolucionario horas antes de ser fusilado. "Llevo con este proyecto desde junio de 2009. Ha sido un proceso lento y actúo de forma aislada. Por el momento, hemos estado de gira en Valladolid y aquí en Madrid, en el teatro Arenal y la Casa de Vacas". El actor no sabe aún cuándo volverá a encarnar a este mítico personaje, pero, sin lugar a duda, este reto ha supuesto un intenso aprendizaje. "He adoptado muchas cosas suyas", explica Montenegro. "Al principio, me dejé crecer la barba para lograr un mayor feeling con el personaje. Lo escuchaba y trataba de imitar sus gestos y ademanes. A veces me miraba en el espejo y lo veía a él en lugar de a mí mismo".
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Es posible que la gente, cuando oiga hablar del Che, lo primero que le venga a la mente sea 'libertad' o 'revolución'. Montenegro reconoce que el Che se ha convertido en un sello de marketing, un icono mundial. "El Che fue una persona que vivió mucho y justificó muchos asesinatos. Creo que antes de morir pudieron venirle todos estos fantasmas a su cabeza. El Che Guevara se sintió muy solo a lo largo de su vida, creo que pudo a haber sentido en ocasiones que no encajaba en este mundo, que iba a contracorriente", explica el actor.
Pablo Montenegro se muestra optimista ante el futuro. Son tiempos de incertidumbre, que requieren paciencia y mucho esfuerzo."Vamos a ver qué hay después de la niebla... me siento como el personaje de ese cuadro romanticista de Caspar Friedrich, 'El caminante sobre el mar de nubes".