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Revilla, ¡qué maravilla!

Revilla, ¡qué maravilla!

Por Ángel del Río
lunes 14 de febrero de 2011, 00:00h
Ese señor, gracioso y simpático, campechano él, aficionado al oportunismo y al escapismo cuando le vienen mal dadas, se merece todo el respeto del mundo porque es el presidente de una Comunidad Autónoma de España, la de Cantabria, ninguna más bella y atractiva. Ese señor escaso de estatura pero largo de protagonismo y sobrado de ocurrencias, se llama Miguel Angel Revilla. ¡Qué maravilla!... de anchoas, las que suele traer desde Cantabria al presidente Zapatero cada vez que viene a Madrid a pedirle algo.

Me recuerda a Paco Martinez Soria y a los clásicos del cine español del franquismo haciendo de pueblerinos en la capital, cargados de manjares típicos de sus pueblos para engordar la vista y la andorga del señorito. Pero en plan moderno, eso sí, porque si bien es cierto que Revilla no se desplaza a la Moncloa en coche oficial, tampoco lo hace en transporte público colectivo, sino en taxi, que está a caballo entre ambos sistemas, es decir, que sin ser coche con bandera oficial, tampoco es el Metro o el autobús.

Pues bien el singular Miguel Angel Revilla, que podría parecerse a un personaje de cualquier película de Berlanga, pasa más por anchoero que por diplomático; por pasiego que por político de fina estampa, caballero. Él está en el convencimiento de que habla como habla el pueblo y a veces hace una mala interpretación de cómo realmente hablan sus paisanos.

La pasada semana, en pleno apogeo de la polémica política por la calidad del aire de Madrid, vio un huequecito para colar su protagonismo, y allí que se metió como escurridiza anchoa de Santoña. Se subió al carro de los críticos y participó de esa angustia que para algunos significa respirar el aire de Madrid. Dijo que se sentía como asfixiado, oprimidos sus pulmones, no por el humo del puro, sino por la contaminación urbana, y su garganta se estaba deshaciendo por momentos como un sobao en tazón de leche caliente.

Si es que no tenía que salir de su verde y respirable Cantabria. La ciudad no es para él, pero ya que no tiene más remedio que venir, ayúdenos a combatir la contaminación de esta ciudad inhóspita donde está el Palacio de la Moncloa, al que usted acude regularmente para obsequiar con anchoas a su presidente, y en vez de viajar en taxi por la ciudad, hágalo en transporte público, que contamina menos. Gracias, ¡qué maravilla!, señor Revilla.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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