'Aullidos', del teatro Corsario, es el espectáculo más original de este mes en la cartelera madrileña. Se puede ver en el Círculo de Bellas Artes solamente hasta el domingo. Una pena. Con una técnica impecable, Corsario narra una leyenda, un mito, con las marionetas de gran tamaño como personajes. No se engañen: no es, en absoluto, un espectáculo para niños. La perversidad de estas marionetas es ilimitada.

Talía, acosada por todo el mundo, es protegida por el fantasma de su madre. Pincha a la niña para que se quede dormida y la deposita en el fondo del mar. Pero hasta allí llega su enamorado Hans, convertido en un divertido hombre-lobo. El licántropo no despierta a la niña con un beso precisamente.
Alrededor de esta leve trama argumental, Corsario despliega un catálogo fascinante de efectos teatrales. Como siempre en este tipo de espectáculos, resulta sorprendente que solo cuatro actores-manipuladores puedan dar vida a tantos personajes. Su dominio de los fundamentos del 'teatro negro' le ha proporcionado numerosos premios nacionales e internacionales. Hay escenas de gran belleza, como las evoluciones de la sirena en el fondo del mar. Otra, la pelea del niño-ogro y su padre contra el adolescente Hans, es espectacular y sumamente divertida. ¡Cómo llama la atención la perversidad de estos muñecos! Por si no bastara para enganchar al público, cuando los enamorados se encuentran en el fondo del mar, casi aparece la pornografía. El final, una emocionante cabalgada del monstruo, es hipnótico.
'Aullidos' es un trabajo teatral de primer orden. Singular por su especialización, pero atractivo por la manera de contar una historia, por la capacidad de dar vida a unos muñecos y por la valentía de convertir a las marionetas en personajes capaces de odiar, de agredirse, de amarse y de practicar desaforadamente el sexo.
Lo que decía al principio: absolutamente original.