Abuelos al rescate de la banca
martes 25 de enero de 2011, 00:00h
Actualizado: 01/02/2011 10:08h
Vaya sorpresa, desayunar, poner la radio y toparme con el argumento indiscutible de que rebajar las pensiones es necesario para garantizar la sostenibilidad del sistema. Nos encontramos a punto de vivir uno de los recortes de las condiciones de vida más impactantes para las generaciones actuales y venideras y nadie cuestiona la premisa básica de la inminente quiebra del sistema si no se aborda la reducción de las pensiones.
Además de recordar que la sostenibilidad de un sistema de pensiones públicas no depende tanto de la relación entre ancianos y jóvenes para "mantenerlos", como a menudo escuchamos, sino de la capacidad de creación de riqueza del país, no está de más echar un vistazo a las cifras reales.
Un ejemplo, el fondo de reserva de la Seguridad asciende, y mantiene una tendencia creciente, a más de 60.000 millones de euros. Solamente en 2009, año en el que estalló la crisis, tuvo un superávit de 8.500 millones. Este fondo resulta apetecible para cualquier político sin "cash".
Si miramos a nuestro alrededor y observamos cuánto gastan nuestros vecinos europeos en pensiones (esos mismos a quienes nuestros políticos pretenden culpar del recorte), comprobamos con sorpresa que, no solamente, en España somos, entre los 5 mayores países de la UE, los que menos porcentaje del PIB dedicamos a pagar pensiones, sino que además ese porcentaje se viene reduciendo en los últimos años: desde 1995 nuestro PIB se ha multiplicado por 2,3. En el mismo tiempo la factura de las pensiones ha pasado del 10% al 8% del PIB. Esto quiere decir que si dedicáramos el mismo porcentaje del PIB que nuestros vecinos, no solamente no habría que recortar las pensiones de nuestros abuelos sino que además tendrían una subida media de más de 1.100 euros al año.
No es de extrañar que todos los informes y estudios actuariales que se publican defendiendo y argumentando, con previsiones futuras que dicen lo contrario de la realidad, el recorte de las pensiones, procedan de instituciones financieras dedicadas al negocio de las pensiones privadas, un negocio multimillonario que mueve casi el 30% del PIB mundial.
Un negocio que sin embargo en España se encuentra estancado por la salud y solvencia de nuestro sistema público de pensiones. Un negocio que podría ser la tabla de salvación de una banca y cajas al servicio de políticos a los que se les acabó la gallina de los ladrillos de oro.
Y la premisa básica para que alguien contrate un sistema privado de pensiones es que prevea que en su vejez le va a quedar una pensión pública insuficiente. Cuanto menores sean nuestras pensiones públicas, una mayor parte de nuestros salarios, rentas y ahorros dejarán de ser para nuestro consumo personal y se convertirán en capital para depositar en los fondos de bancos e instituciones financieras.
Es un primer síntoma de que lo peor de la crisis ya pasó: los políticos vuelven a las andadas. Y en esta ocasión han tenido la genial idea de pagar la factura del rescate financiero con las pensiones de nuestros abuelos. Pero lo que más me sorprende es la reacción de los ciudadanos a las medidas anunciadas: no nos gustan pero no hacemos nada, no sé si es porque andamos un poco perdidos o porque no les damos la importancia que tienen, autoconvencidos de nuestra propia seguridad.
El problema de todo esto es que aunque en España las cosas pueden mejorar, harán falta años para que así sea y sin embargo cuando suceda no lo harán para todos.
Javier Flores es promotor de Responsabilidad Social Ciudadana (RSCi).