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Tiempo de silencio

Tiempo de silencio

jueves 18 de abril de 2013, 00:00h
Título: Tiempo de silencio
Autor: Luis Martín-Santos
Ficha editorial: Seix Barral. Barcelona, 18ª edición, 1980 y reimpresiones. Las ediciones anteriores estaban censuradas
El autor
Nacido en Larache en 1924, Luis Martín-Santos era médico psiquiatra, de la misma promoción que Carlos Castilla del Pino, y fue uno de los creadores de la nueva psiquiatría española, opuesta a la ideología médica oficial. Publicó libros sobre temas de su especialidad y en relación con la filosofía, así sobre Dilthey, Jaspers y el enfermo mental. Esta formación científica, por la que llegó a ser director del Psiquiátrico de San Sebastián -ciudad a la que estuvo muy ligado- y su adscripción al partido socialista español, por la que fue perseguido, confluyeron en su obra literaria, fuertemente influida tanto por el freudismo y sus derivaciones o 'paraderivaciones' novelescas (Joyce) como por la dialéctica de origen hegeliano y marxista. Su obra no se explica sin estos trasfondos culturales. Martín-Santos murió en accidente de automóvil en 1964 dejando una novela inconclusa 'Tiempo de destrucción' y un libro de apólogos.

Resumen argumental

Pedro, joven médico e investigador, busca ratones en el deprimido Madrid de los años más duros de la posguerra, los años del hambre, para sus experimentos científicos, pero solo se lo pueden proporcionar en unas chabolas del extrarradio, circunstancia por la que entra en contacto con un mundo sórdido, no menos sórdido que el de la pensión donde vive, en la que mantiene relaciones, que son una trampa, con la nieta de la patrona, hábil celestina, y se ve envuelto en la práctica de un aborto, fruto de un incesto, que concluye con la muerte de la víctima. Pedro es detenido y expulsado del Instituto; la nieta de la patrona, muere asesinada en una verbena. Pedro abandona Madrid, desolado. Vivimos en pleno tiempo de silencio.

Valoración

Una de las más destacadas novelas españolas del siglo XX. Apareció en pleno apogeo del realismo social y, en cierta manera, utilizaba sus materiales al narrar las vicisitudes de gentes humildes y marginadas. Pero aquí acababan las convergencias. "Después de esta atroz epopeya de las chabolas se ha terminado el realismo social en la novela española", señaló la crítica francesa con un entusiasmo incluso superior al que tuvo nuestra crítica, que no obstante se dio pronto cuenta de la significación de la novela, que abría una nueva etapa en nuestra narrativa. Y quien la abría y quien decía adiós al realismo social era un escritor militante de la izquierda, pero que no suscribía el idealismo populista de la narrativa dominante. Martín-Santos no abjuraba del realismo, pero era el suyo, como el mismo declaró, un realismo dialéctico, obstinado, por tanto, en desentrañar las contradicciones de la realidad: la alienación no era patrimonio de las clases dominantes, lo alienante eran unas determinadas estructuras. El autor presenta así una sociedad moralmente degradada, en todos sus planos, sin hacer excepciones. Un estilo a menudo irónico, sarcástico, lleno de registros lingüísticos y narrativos, de parodias (barroquismos, alusiones a mitos clásicos bajo la presión del 'Ulises' de Joyce) que ponen de manifiesto la imposibilidad de hacer y crear ciencia en un medio tan envilecido. No hay maniqueísmo: los humildes no son los buenos y los ricos, los malos. Ni siquiera los intelectuales se libran de la parodia; así la del Maestro, figura tras la cual se esconde Ortega y Gasset, visto como el filósofo mundano y de una clase social.

Sección dirigida por
Miguel García-Posada
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