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175 años de secretos del Ateneo

175 años de secretos del Ateneo

Por Enrique Villalba
jueves 18 de noviembre de 2010, 00:00h
El Ateneo de Madrid cumple 175 años. Esta institución cultural ha aglutinado a la intelectualidad española de los siglos XIX y XX, fue Congreso de los Diputados al comienzo de la II República y cuenta con la biblioteca privada más importante de España. Hasta el 2 de diciembre organiza jornadas y visitas guiadas por sus dependencias. Madridiario ha visitado la sede para conocer sus secretos.
El 31 de octubre de 1835, con el apoyo de Isabel II, la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País convocó una reunión para restablecer el Ateneo Español, suprimido en 1823. El resultado fue el nuevo Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid que comenzó a funcionar el 26 de noviembre presidido por el Duque de Rivas. Mariano José de Larra fue su primer socio. Entonces, la institución se instaló en el palacio de Abrantes para luego pasar por las calles Carretas y Montera, hasta llegar a su actual ubicación en la calle Prado 21 en 1884. Para ello, en esta ubicación se levantó un edificio diseñado por los arquitectos Enrique Fort y Luis Landecho y que Arturo Mélida decoró con elementos neogriegos .

De entrada, se comprueba que todo el edificio tiene motivos relacionados con la masonería. Compases, rejerías en forma de estrellas de cinco puntas o mazas que en época de Franco se simularon o taparon para borrar todo rastro de este movimiento. Hasta la fachada sufrió la censura en 1952, pues se cambiaron los astros por flores. Entre las reformas que se están realizando, con las subvenciones que recibe la institución, se están recuperando este tipo de motivos para devolver al complejo su singularidad. Lo que el dictador no pudo eliminar fue la composición arquitectónica de simbología masónica. "Doce vástagos sostenían el techo, que representaba el cielo; siete peldaños llevaban al salón considerado templo; cada sala se subdividía en otras tres y hay tres plantas. El régimen tendría que haber tirado el edificio para eliminar esa disposición", comenta Alfonso Herrán, responsable de Patrimonio del Ateneo.

Un gato negro y un polvorín
Siempre ha sido un espacio de libertad cultural al que han pertenecido las élites intelectuales y en él se han fraguado muchas de las decisiones políticas que se tomaron en el país. Llegó hasta tal punto que todos los nuevos embajadores se hacían socios del Ateneo para estar en la 'pomada' social de la época, y regalaban un reloj a la institución. Fue considerado 'La Holanda de España' por su aperturismo a las ideas del exterior. Fue aquí donde se gestaron la Institución Libre de Enseñanza, la Sociedad de Artistas Ibéricos y el Círculo de Bellas Artes.

Fue la primera galería de arte privada de Madrid al instalar allí su primera exposición en 1913. Hasta el gato negro del local marcaba tendencias. Todos los días le traían The Times para que durmiese sobre él. Antes de la guerra civil de 1936, en la que el edificio no sufrió daños y fue usado como biblioteca escolar, su principal altibajo fue su cierre temporal en la dictadura de Primo de Rivera, al encontrar un depósito de armas. En 1939, Falange lo cambió de nombre. No obstante, José Antonio Primo de Rivera fue socio. Permaneció así hasta que recuperó su denominación en el regreso de Ortega y Gasset a España. El filósofo dio allí su primera charla en el Ateneo después del exilio.

Era el único foco cultural privado y un poco independiente que tenía el Madrid de la época franquista. El Gobierno acordó que sólo requisaría la biblioteca, que alcanza los 700.000 volúmenes con ejemplares que se remontan al siglo XVI, pero la institución negoció que la condición era que se trasladaran juntos todos los volúmenes de la biblioteca (es la la más grande de España y la segunda con más títulos después de la Biblioteca Nacional) de una vez, por lo que se salvó porque no había ningún espacio digno para tenerla. Eso permitió conservar textos de literatura soviética y otros títulos que estaban en la lista negra del régimen. Eso sí, el Gobierno tomaba nota de los que leían los libros prohibidos.

No resistió el expolio la colección pictórica. Era costumbre que los pintores  más importantes presentasen sus exposiciones en el Ateneo. Como se cedía el espacio, cada artista regalaba una de sus obras para la colección de la institución. Entre 1968 y 1969, el régimen requisó 400 cuadros de la sala de La Cacharrería para dotar de obras a los nuevos paradores nacionales que nunca regresaron. Desde hace cuatro años, el Ateneo solicita esta colección a Paradores pero no obtiene respuesta positiva. En esta sala esperan realizar una rehabilitación que recupere la decoración vegetal, los detalles dorados, las vigas y el techo azul originales. Su restauración costaría 200.000 euros. También desapareció durante la guerra la colección numismática del salón monetario.

Un templo griego y teosófico
El espacio más conocido del Ateneo es su salón de actos, aunque todo el recinto está abierto al público. Fue restaurado en 2002, aunque aún quedan trabajos por hacer. Su disposición es la de un templo griego. En el techo, una pintura con Hermes, Atenea y Apolo como iconos de la libertad, la sabiduría y el conocimiento, marcan el carácter de la habitación. Tres paneles decorados muestran la iconografía de las tres civilizaciones que han configurado la cultura española: la árabe, la cristiana y la romana. Las paredes recogen los retratos de todos los presidentes de la institución durante el siglo XIX.

En los palcos hay pinturas relacionadas con las artes y las ciencias. En el anfiteatro hay símbolos teosóficos de 1915, que coinciden con la implantación del símbolo del Ateneo: la lámpara maravillosa, en honor a la obra de Valle Inclán. Por aquí han pasado los principales intelectuales de los últimos dos siglos. Bernhardt, Curie, Cartier-Bresson, Marconi o Einstein, entre otros, hicieron ponencias sobre sus descubrimientos y presentaciones de sus obras. Fue Congreso de los Diputados en la II República antes de que se trasladase a la plaza de las Cortes. Los socios votaron en 1932 aquí la existencia de Dios... Y salió que no.

En la galería de autoridades continúan los retratos de presidentes y socios de mérito, realizados, sobre todo, por los alumnos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que pedían a cambio ser socios de la institución. Premios Nobel, presidentes de Gobierno o personalidades como Valle Inclán (que fue nombrado presidente sin ser socio y que vivía en su despacho) o Unamuno, que fue elegido por aclamación social; están representados. El último retratado en este pasillo de ilustres ha sido Miguel Hernández. En la rehabilitación de esta habitación se han recuperado las pinturas florales y se estudia reordenar los retratos según la disposición original.

Abiertos a la nueva generación
Otro espacio singular es el despacho de Manuel Azaña, que aprovechó el decorado de una obra de teatro para montar su recinto. Tiene obras originales de Sorolla y Beruete, dos consolas del Ateneo original, el sillón y el retrato de Azaña y algunos de los pocos relojes que ha mantenido la institución de su colección. La biblioteca del Ateneo eleva varios metros del suelo sus estanterías. Es sólo una parte de la colección. El resto está en plantas subterráneas y en los otros inmuebles de la institución. Conserva sus receptáculos individuales de estudio con sus ceniceros correspondientes (lo que no se conservan son las escupideras).

Actualmente, el Ateneo posee 2.800 socios (llegó a tener 7.000 en la década de 1970) que ya no necesitan valedores para inscribirse. La pelea de la institución es convencer a la sociedad de que no es una entidad anticuada o reservada sólo a las altas esferas. Por eso, quiere ponerse a disposición de las nuevas generaciones. Su biblioteca tiene un millón de títulos entre revistas, volúmenes, publicaciones y grabados. También tiene una colección de diapositivas históricas en soporte cristal. Ciclos de cine, escuelas de esgrima y algunas de las tertulias más importantes de España, son algunas de las actividades con las que esta institución pretende adaptarse a los nuevos tiempos y continuar en la vanguardia intelectual otros 175 años.
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