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Asesinos de buen rostro

Asesinos de buen rostro

lunes 18 de octubre de 2010, 00:00h
Cada vez que se produce un asesinato de género, los parlamentarios de la Asamblea de Madrid salen a las puertas de la sede parlamentaria en señal de repulsa. Durante 5 minutos, diputados, trabajadores del Parlamento regional y periodistas permanecen en silencio, de pie,  para protestar contra esta lacra que amenaza a las mujeres por el simple hecho de serlo. Sus maridos, amantes y mal llamados compañeros sentimentales, verdaderos asesinos de buen rostro, deciden que su machismo asqueroso pierde fuerza y autoridad y que tienen que seguir atenazando la libertad de las mujeres que permanecen a su lado de una única manera, cobarde, por supuesto, mediante la violencia terrorista, acabando no sólo con la que llaman su compañera sino también con los hijos de unos y otros y de los tenidos en común. Serán hijos de la grandísima puta los que marcan para toda la vida a los familiares de su amada asesinada, a los hijos que nunca fueron tenidos en cuenta y que se quedan sin madre, tratando de olvidar la violencia que sufrió y que ellos silenciaron porque el agresor era su padre, menudo cabrón, hasta que todo saltó por los aires y algunas vidas se perdieron a manos de desaprensivos.

Ya han sido asesinadas más mujeres que en todo 2009 y quedan todavía casi 100 días para acabar 2010. ¿Qué hacer? Difícil encontrar la solución a un problema que no puede permanecer como algo que ocurre entre las cuatro paredes de las casas de los asesinos, que ponen su mejor rostro cuando están fuera de la sala de torturas que para sus mujeres e hijos es el domicilio conyugal. Son agradables, graciosos, considerados y parecen buenas personas que nadie identificaría con los que asesinan a sus esposas por que son suyas. Son los mismos que cuando se separan pasan de pasar el dinero necesario para sus hijos, los mismos que presumen ante su nueva compañera de que no dan ni un puto duro para que la puta de su mujer no se lo gaste en chicos. Serán hijos de la grandísima puta los que hacen de la apariencia y la mentira su forma de vida para que, en caso de tener que asesinar, tener las espaldas cubiertas ante la sociedad.

Rechazo social sin límites a estos personajes estrambóticos que tienen una cara distinta ante cada situación. Esos asesinos de rostro agradable ante los demás desconocen el temor de los que viven en las casas que ellos han convertido en salas de tortura e ignominia. Denuncias y más denuncias son necesarias para acojonar a los que tienen siempre el arma de la violencia dispuesta a achantar a las que dicen amar.

Recuerdo en la etapa de la dictadura franquista cómo los torturadores policiales no se comportaban igual en las comisarías o centros de detención que ante sus amigos. Ninguno aparecía en una cena con familiares o de carácter social, incluso con personalidades presentes en el ágape, diciendo “qué locura de día, llevo sin parar de torturar a personas indefensas que sólo quieren libertad”.

Aquellos hijos de puta, igual que los asesinos de género actuales, tienen muchas caras. Siempre ofrecen la mejor después de la sesión de tortura psicológica con que cada día aterrorizan a la que en breve será asesinada. Quitemos la careta de buen rostro a los que mañana serán los próximos asesinos de género.
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