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Crítica teatral.- Avenue Q: políticamente incorrectos

Crítica teatral.- Avenue Q: políticamente incorrectos

viernes 24 de septiembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 27/09/2010 12:14h
Avenue Q nació en el Off-Broadway de Nueva York hace ocho años. Como pasa a veces, el éxito de un modesto espectáculo le permitió saltar a un gran teatro y después a las principales capitales del mundo. Ahora aterriza en el madrileño teatro Nuevo Apolo.
La originalidad de este musical radica en la utilización de unas estupendas marionetas como auténticos protagonistas de la historia, aunque en ningún momento se oculta a sus manipuladores. Quiero comenzar elogiando el espléndido trabajo de los siete artistas sobre la escena, especialmente el de los cuatro que manejan los muñecos. Se despliegan de tal manera que la compañía parece mucho más numerosa. No quiero dejar de reseñar a la maravillosa Kate the Monster y su alter ego, Isabel Malavia. También el desmadrado Trekkie, pornoadicto en los brazos de Leo Rivera.

El trabajo de los intérpretes es simplemente agotador. Y consiguen algo fascinante: pocos minutos después de comenzar el espectáculo ya no vemos más que a los muñecos. La simbiosis entre marioneta y actor es tal, que sólo vemos un personaje.

Barrio de perdedores

La ficticia Avenida Q es el punto en el que recalan los jóvenes perdedores que aspiran a conseguir la gloria en la gran ciudad. Esa avenida podría ser, con toda justicia, la misma plaza Tirso de Molina donde se representa el musical. Los protagonistas son variopintos: monstruos, humanos, muñecos verdes o azules, una exuberante y guarra cantante de cabaret… Una mezcla es la alegoría adecuada para el mensaje que quieren transmitir los autores: no importan las razas, los colores, el sexo o las religiones, todos debemos convivir en armonía. Por eso los personajes apenas se pelean. Están todos en el mismo barco. Como jóvenes de nuestro tiempo, su lenguaje es procaz, directo. Sus actos, desvergonzados. Su ideología, ecléctica. Pero todo dentro de un límite. Los muñecos son políticamente incorrectos pero dudo que puedan molestar a nadie. Si acaso se pueden sorprender viendo a dos marionetas practicando el sexo desfrenadamente en uno de los números más logrados.

Una calle, una casa

Como en un Barrio Sésamo para adultos, la Avenida Q teatral es una calle en la que se levanta la casa de todos los protagonistas. Su fachada se abre como una casa de muñecas.  Una escenografía funcional y eficaz que nos sitúa perfectamente en las habitaciones de los chicos, en el bar o ante el Empire State. Hay algunos hallazgos, como el sueño del gay reprimido o la pesadilla de Prince, el joven conductor de la acción.

La dirección escénica de Yllana tiende a resolver las innumerables entradas y salidas de los actores, sus cambios de muñecos. Y lograr que estos actores actúen cómo si no tuvieran la marioneta en sus brazos, como si ellos solos fueran los personajes. El resultado es perfecto.

Si acaso puede achacarse algo a este espectáculo es una cierta falta de ritmo, sobre todo en la primera parte. No es un musical con alardes teatrales, musicales o coreográficos sino un montaje humorístico salpicado de canciones, con dos o tres números de conjunto que animan al respetable. Pero no creo que el público tararee al día siguiente las canciones. En la segunda parte, cuando se quiere transmitir una moraleja cantando, recordé el espíritu de Up with people! (¡Viva la gente!) aquel numeroso grupo musical de los sesenta que pregonaba: “Dentro de cada uno hay un bien y hay un mal, más no dejes que ninguno ataque a la Humanidad. Ámalos como son y lucha porque sean los hombres y las mujeres que Dios quiso que fueran”.

Eso, pero con marionetas.
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