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40 años de lucha vecinal en Orcasitas

40 años de lucha vecinal en Orcasitas

Por Enrique Villalba
domingo 25 de julio de 2010, 00:00h
La asociación de vecinos de la Meseta de Orcasitas cumple 40 años. Uno de sus líderes históricos, Félix López-Rey, narra a Madridiario el devenir de su lucha en primera persona.
"Fundamos la asociación en la chabola en que yo vivía. Ahora hablan de pobres, pero la gente no se da cuenta de lo que es vivir en un infierno", comenta López-Rey. Era la realidad cotidiana de uno de los poblados chabolistas que se habían ido creando en los años 50 en los alrededores de Madrid. La capital era el polo de atracción del éxodo rural de Castilla y Extremadura. Vivían en casas construidas sobre el fango, en parte con chatarra, que eran alcoba, taller y comedor. Eso a sólo 5 kilómetros de la Puerta del Sol.

"La ciudad se terminaba en Legazpi. Según Paco Candel éramos donde la ciudad perdía su nombre". Félix durmió desde los 8 a los 12 años con sus padres. Escuchaba a la gente ir a orinar por las noches junto a las vías del tren para que no les viese nadie. Se bañó por primera vez en una bañera en 1970 para su boda. "El hombre había llegado a la Luna y nosotros cagábamos en una lata. Era una situación terrible y normal. Había que cambiar eso", continúa.

Era el límite de Madrid donde Inés Sáenz de Heredia, prima de José Antonio Primo de Rivera, se desvivía por los niños y la iglesia Maris Stella (más conocida como la 'iglesia rota') se convertía en el centro educativo y religioso de algunos de los pobres entre los pobres en la ciudad.

El fango y el lechero
El primer impacto público de la situación del barrio fue cuando el lechero fue a repartir, murió de un infarto y no pudieron ir a rescatarlo porque el fango impedía entrar a la ambulancia. Tampoco se podía sacar a las parturientas o los enfermos de gravedad. No había aceras, ni farolas, ni canalizaciones de agua. Sólo fango que se llevó por delante a varios vecinos. Ni policías, ni bomberos. Sólo un sereno, el único uniforme que se veía por la barriada. Los vecinos sacaban a la virgen de procesión a hombros para que no tocase el barro. La situación era tal que comenzaron a desfilar por allí concejales y alcaldes.

La peluquería de Antonio
El movimiento ciudadano, según narra el libro 'Del barro al barrio', se fue gestando en pleno régimen franquista ante el peligro de esta actividad. "Las asociaciones de este tipo eran ilegales. Hacíamos elecciones de representantes de forma democrática. Nos jugábamos la cárcel", añade Félix. Por eso, cualquier lugar recogido era bueno para hablar de los problemas del barrio, como era el caso de la peluquería de Antonio.

Y comenzaron los problemas con la Policía. Los vecinos cortaron la carretera para pedir agua corriente y evitar las mordeduras de ratas y fueron tildados de rojos. Protestaron por la inseguridad de las vías del tren, que mató a seis vecinos. Muchas de sus peticiones públicas concluían a la carrera para evitar los golpes de los grises. Según este líder vecinal, nadie era imprescindible porque funcionaban como un bloque, con un objetivo común: el barrio.

La conquista del lavabo
Y lo consiguieron. A mediados de 1960 llegaron las primeras camionetas (oficiales y 'piratas' que permitían salir del barrio sin botas de goma); en 1970, los primeros colectores; y en 1978, el primer colegio público, que limpiaban y arreglaban los propios padres. El 1 de abril se aprobaba la ordenación urbanística de Orcasitas (casas por chabolas, luz y agua), y el 21 de diciembre de 1971 el régimen franquista legalizaba la asociación, que ya funcionaba de hecho desde un año antes. Entre 1975 y 1980 se realizan las dos fases de construcción y entrega de viviendas.

El barrio iba mejorando poco a poco gracias a la iniciativa de los vecinos. Asfaltaron las calles. Construyeron unos baños públicos y una biblioteca. Los lavabos fueron toda una conquista. Se acabó esperar a que los camiones cisterna del Ayuntamiento trajesen agua para dar leche en polvo a los niños. Los vecinos se jactaban de poder llevar a sus amigos de otras partes de Madrid a sus casas.

Interlocutores de la realidad
La educación básica permitió elevar el nivel de formación cultural, aunque hubo que esperar tiempo para mejorar el enorme fracaso escolar de la zona. También se hicieron planes para luchar contra el paro a través de cooperativas. De ambas situaciones, se creó la escuela de oficios, que funciona en la actualidad y que sigue siendo gestionada por la asociación con la supervisión municipal.

Cuarenta años después, las conquistas han sido importantes, sin que la política se haya podido atribuir ninguno de los éxitos que pertenecen por derecho a estos vecinos. Por desgracia, queda por hacer y el motor del movimiento ciudadano pasa por horas bajas. Félix concluye: "Entonces los políticos y la prensa nos atendían, nos escuchaban. Éramos el cauce para saber lo que pasaba en realidad. Ahora no es como antes, el movimiento vecinal no es un interlocutor. La gente necesita un cauce para expresarse pero los partidos políticos no quieren que tengamos voz más que cuando les interesa".
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