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Los inmigrantes africanos encuentran más dificultades para integrarse que otros colectivos

En Madrid, con lo puesto

En Madrid, con lo puesto

Por Lucía de la Fuente
lunes 26 de abril de 2010, 00:00h
El número de inmigrantes empadronados que viven en la Comunidad de Madrid supera el millón de personas. De ellos, apenas 16.000 proceden del África Subsahariana. Estos son los datos oficiales, pero la realidad es muy diferente. Miles de africanos viven en nuestra región sin constar en ningún registro. La mayoría viajaron en pateras y cayucos hasta las Islas Canarias y de allí fueron trasladados, con lo puesto, hasta Madrid. La asociación Karibu les presta ayuda humanitaria desde 1987.
No tienen ‘papeles’. Ni ninguna otra cosa. Vienen de la llamada 'África negra', el territorio más pobre del planeta. De Senegal, Mali, Camerún, Etiopía, Somalia o la República Democrática del Congo. Vienen, a diferencia de otros colectivos de inmigrantes, solos, sin sus familias. Vienen como respuesta a las guerras, situaciones de violencia, desastres naturales, dictaduras o hambrunas en sus países de origen. Algunos dijeron que las regularizaciones ‘masivas’ de 2005 produjeron un ‘efecto llamada’. Para otros, como el director de Karibu, Antonio Díaz, “el efecto llamada siempre está ahí: es la riqueza del Norte contra la miseria del Sur”.

“La inmigración que procede de América Latina, de los países del este o, por ejemplo, de China es muy diferente. Tienen algún recurso y alguna posibilidad”, comenta Díaz o, como allí le llaman todos, el padre Antonio. “Yo estuve varios años trabajando en África y cuando volví sucedió algo importante. Los primeros africanos que llegaron a España en el 90 se instalaron en la plaza de España. Fue un invierno muy frío y murió un chico nigeriano de neumonía Aquello nos llevó a pensar que había que hacer algo por aquella gente. Decidimos recoger a este grupo y a otro que había más escondido en las naves de Méndez Álvaro”, y Karibu –que significa ‘bienvenido’ en swahili- fue cobrando importancia”, añade. “En este momento la sociedad se enteró de que había inmigrantes africanos en España y que estaban en una situación de desprotección total”, afirma.

Desde aquel momento la inmigración procedente del África subsahariana fue en aumento. Aunque en un principio provenía principalmente de Nigeria y Angola, en 1995 comenzó notarse la presencia de población que venía de Etiopía, Somalia y los países del África Central como Zaire, Burundi, Ruanda o Uganda. A día de hoy, “lo fuerte” de la inmigración africana subsahariana procede de Senegal, Mali y Camerún.

África se caracteriza por su multiculturalidad. En los 50 países que componen la zona subsahariana se hablan cerca de 2.000 lenguas por más de 2.000 grupos étnicos. Según afirma el profesor y miembro del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo, Mbuyi Kabunda, “la complejidad interna de muchos de los nuevos Estados africanos, así como la imposición de modelos políticos y económicos ajenos a la realidad africana, echan por tierra las esperanzas de supervivencia en el continente”. Eso hace que la mayoría de los inmigrantes que llegan a España lo hagan en busca de una vida digna.

Poupette, Abdul y Nathalie
Cada uno de los africanos que consiguen llegar lleva una historia, en la mayoría de los casos dramática, a sus espaldas. Pouppette es una chica de la República Democrática del Congo que llegó a Madrid hace algo más de un año. Tal y como ella misma relata, fue a pie desde su país hasta Mali, y de allí a Marruecos, donde tomó una patera que la llevó a Canarias. Desde allí la trasladaron en avión hasta Madrid. Huía de la violencia, especialmente dura contra las mujeres, de su país. Pero aquí no ha encontrado, ni mucho menos, un paraíso. “No tengo trabajo, ni dinero, ni nada. Vengo a Karibu a que me den ropa y comida”, relata con los ojos inundados en lágrimas. Lágrimas que no es capaz de contener cuando se le pregunta cómo era su vida en el Congo.

Abdul es senegalés. Llegó a nuestra ciudad hace cuatro años, también en patera. “En Senegal la vida era muy difícil porque, aunque trabajaba, ganaba muy poco y tenía que mantener a mis dos hijos”, asegura. Aún no tiene ‘papeles’. “Me los deniegan aunque ya llevo aquí más de tres años –requisito para poder pedir la regularización a través de la vía del arraigo- porque dicen que mi certificado de penales está caducado. ¿Cómo quieren que sobrevivamos aquí? Nos obligan a estar de ‘ilegales’. ¿Por qué no nos deportaron directamente?”, se queja.

Nathalie tiene 25 años. Aprendió castellano gracias a las clases gratuitas que imparten los voluntarios de Karibu (la asociación cuenta con unos 220). Tiene estudios y además habla inglés, francés y swahili. Quiere ser azafata. Vive en una casa de acogida en Pozuelo con su hijo que tiene un año. “Me fui allí porque mi marido me pegaba”, denuncia. Lleva dos años en Madrid y ahora sí está documentada. Trabaja limpiando casas. Frecuenta la asociación porque “aquí nos ayudan mucho”.

El ‘top manta’ y los ‘parkings’
Sin ningún documento y, por lo tanto, sin posibilidades de trabajar de manera legal, son muchos los africanos subsaharianos que recurren a la venta de CD y DVD ‘piratas’ o a pedir dinero por facilitar el aparcamiento en los ‘parking’ públicos. “El ‘top manta’ es esencialmente de los senegaleses. Actúan de una manera muy solidaria: A cualquiera que llegue y no tenga ningún sitio donde vivir, lo acogen en el piso y le dan una manta para que salga por la mañana a buscarse la vida. Por la noche cuando llega, echan cuentas”, explica Antonio Díaz.

Otro de los sectores donde los africanos tenían una presencia destacable era el sector de la construcción ya que, tal y como comenta el director de Karibu, por ejemplo “en todo lo que fue la construcción de la M-30 había grupos importantísimos de africanos”. Ahora, con la crisis, la construcción ha dejado de ser una salida para este colectivo.

Mirando al futuro
Todas estas cuestiones hacen que el futuro de la inmigración procedente del África subsahariana no sea del todo optimista. Las dificultades para la reagrupación familiar, la quizá “excesiva” persecución policial, la atención a los menores de edad no acompañados y las expulsiones son cuestiones para las que sería necesaria la apertura de un debate que hiciera más fácil su proceso de integración, y no hacer así realidad el proverbio africano que dice que “Dios habla una lengua extranjera”.

KARIBU recoge alimentos, ropa y otros utensilios en cualquiera de sus sedes. Si usted quiere realizar alguna donación infórmese en www.asociacionkaribu.org o diríjase a la sede principal:
Karibu. Amigos del Pueblo Africano.
C/ Santa Engracia, 140
Teléfono: 91.553.18.73
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