La Unidad de Inspección de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, recorre los centros de la región para asegurarse de que todo funciona correctamente. Desde el bienestar de los jóvenes hasta la comida o los planes de reinserción, todo pasa por su lupa. Madridiario ha compartido una jornada con ellos.
"Buenos días, soy el inspector". Antonio de Vega, jefe del Área de Inspección de la ARRMI, tiende su acreditación a los guardias de seguridad de El Madroño, un centro de régimen cerrado para menores infractoras. Así comienza su jornada de trabajo. Una vez dentro, De Vega ya no necesita más presentaciones. Desde que en 2007 la Agencia creó este departamento, se ha convertido en un viejo conocido de los trabajadores que se dedican a reinsertar a los menores de los centros.
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La directora de El Madroño, Carmen Gallego, le invita a pasar y le pregunta qué necesita para empezar.
La lista es larga: desde la relación de los trabajadores del centro y sus horarios hasta los expedientes de los chicos, pasando por los menús que tienen previsto servir a las internas ese mes, los informes de psicólogos y educadores... Toda esa documentación sirve a De Vega y a su equipo para situarse y tener un primer vistazo de lo que se van a encontrar.

Después acompañamos al equipo mientras se da una vuelta por el centro. Ese recorrido, que sirve para comprobar si todo 'está en su sitio' y si se aprecia alguna deficiencia a primera vista, también les sirve para entrar en contacto con las jóvenes internas y escuchar sus inquietudes. Además de inspeccionar habitaciones, estancias comunes, baños, aulas, jardín y guardería —El Madroño está preparado para albergar a menres infractoras embarazadas o con hijos a su cargo—, el equipo de Inspección se mete literalmente hasta la cocina, donde sus empleadas les entregan muestras congeladas de la comida que se ha servido en los últimos días.
Tercera fase
Cuando se creó la Unidad de Inspección de Centros, la Comunidad se encontraba inmersa en la tarea de crear plazas para que los menores infractores no tuvieran que esperar para cumplir sus medidas judiciales. De ahí que, según explica De Vega, el primer año las inspecciones se dedicaron especialmente a "cuestiones organizativas": personal y organización de los centros, servicios generales, desarrollo e implantación de los programas específicos... El segundo año, el objetivo fue reforzar estos aspectos y corregir posibles desviaciones. Y ahora, la tercera oleada de inspecciones se centrará en el desarrollo de los programas de ejecución de medidas de los jóvenes.

La Agencia cuenta con otros mecanismos para asegurarse de la buena marcha de los centros. "Los chicos tienen en todo momento la facultad de dirigirse al equipo directivo de los centros; las cuestiones cotidianas se resuelven de forma interna. Además, cada centro cuenta con un delegado elegido por los propios compañeros, que se reúne de forma periódica con la directora gerente, Carmen Balfagón, y el resto de delegados para exponerle sus problemas y peticiones", dice De Vega. Cuestiones que serán contestadas, siempre por escrito, por la propia agencia.
En todo este tiempo, apunta De Vega, solo ha sido necesario ejecutar siete diligencias. "Teniendo en cuenta que en la ARRMI se ejecutan simultáneamente unas 400 medidas de internamiento y más de 4.000 en medio abierto, esta cifra de incidentes habla por sí sola del buen funcionamiento de nuestros recursos", señala el inspector.