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Carmen Maceiras, historiadora y escritora

'Sentí el espíritu femenino del siglo XIX a través de los ojos de Raimunda'

"Sentí el espíritu femenino del siglo XIX a través de los ojos de Raimunda"

lunes 08 de marzo de 2010, 00:00h
Carmen Maceiras (Madrid, 1940) ha escrito 'El secreto de Raimunda. La marquesa de Linares'. Esta historiadora ha realizado un estudio de más de 15 años para conocer la verdadera historia de la marquesa. En su trabajo, publicado por Silex Ediciones, ha plasmado la situación de la mujer en el Madrid del siglo XIX, su marginación legal y su dependencia económica.
La de los marqueses de Linares es una de las leyendas más turbulentas de la rumorología madrileña. José de Murga, hijo del marqués de Linares se enamoró de una chica humilde llamada Raimunda de Osorio. El padre del marqués trató de impedir la relación ya que Raimunda era su propia hija, fruto de una relación extramatrimonial  Al morir el padre del marqués, los enamorados se casaron sin saber que eran hermanastros. No fue hasta después de la boda que José de Murga descubrió la verdad en una carta que le dejó su progenitor. Se dice que lograron una bula papal ('Casti convivere') para vivir juntos aunque en castidad. Sin embargo, para entonces ya habían engendrado una hija, Raimundita, que, según se cuenta, fue asesinada en el propio palacio. Esto derivó en historias de fantasmas en el Palacio de Linares que se hicieron célebres durante los años 80 del siglo XX. En este escenario, la investigadora Maceiras reconstruye la estructura familiar de los protagonistas y descubre una verdad bien distinta.

La historia de los marqueses de Linares ha sido contada desde distintos puntos de vista ¿Qué le motivó a escribir este libro?
Me obsesionaba pensar que faltaba algo que contar en la historia de los marqueses. Su verdadera historia. Intuí que lo que buscaba se escondía en la vida de las mujeres de la familia. Me resultaba más atrayente ver a través de sus ojos. Y tuve que reconstruir su mundo entero. Para ello necesitaba poder situar a los personajes en su época, en su espacio, en el grupo social al que pertenecieron. Comprender el espíritu femenino, a través de su ignorancia, su falta de instrucción, su excesiva religiosidad, su hambre y sus lujos, sus mantones y sus mantillas, sus palacios y buhardillas. Ver el Madrid en que vivían en el actual. Lo que encontré es la clave del misterio de Raimunda.

Asegura en la introducción que no iba a hablar de fantasmas. A pesar de ello, ¿los ha encontrado?
Todos eran fantasmas. Personajes que flotaban en el ambiente que estaba estudiando. No tenían rostro y tuve que conocerlos, quererlos, entenderlos, identificarme con ellos. Se convirtieron prácticamente en mis familiares, después del tiempo que pasé con ellos.

Su investigación es una historia en sí misma.
Tuve que ser tenaz a la hora de buscar los datos en el Archivo General, el Archivo de Villa, el Archivo de Procotolo y el Archivo Diocesano. No podía arriesgar nada porque los registros, padrones, escrituras notariales, índices y estadísticas de la población de la época eran casi siempre incompletos. Desaparecían y reaparecían personas y calles una y otra vez. Aún así, estos documentos ofrecen mucha información pues indican calles, fechas de nacimiento, lugares de bautizo, el tiempo que llevaban viviendo en Madrid, la profesión, lo que cobraban,  el coste de alquiler, su situación social y económica (ubicación en el edificio, compartir vivienda como inquilino o propietario), si sabían leer y escribir, etcétera.

Hace un retrato histórico de las dos ciudades que había en Madrid: la rica y la pobre.
El recorrido que yo he hecho  ha sido el de una persona que ama cada rincón de las viejas calles de Madrid. He buscado, a través de mi investigación, la fisonomía de sus calles, plazas, conventos, iglesias, y el alma de cada habitante, los pobres y los ricos.  Los primeros, en el bullicio de sus barrios y viviendas, y a los segundos en la fatuidad de sus vidas  en la frivolidad  de sus paseos, como el salón del Prado. En el centro era usual encontrar edificios compartidos por ambas clases. En los pisos altos vivían los menos pudientes y en los bajos y entresuelos (el principal), se aposentaban los más adinerados. He recorrido Madrid, imaginando su transformación, su modernización, cada iglesia derruida, cada  convento desaparecido,  sustituidos por plazas.  He visto los motines en la Puerta del Sol, las batallas en plena plaza Mayor. He visto la evolución de la plaza de la Puerta Cerrada y la Cava de San Miguel;  la aparición de sus mercados techados y con instalación de agua para su limpieza e higiene, viendo así satisfecho a Mesonero Romanos, que tan preocupado andaba por este asunto. He imaginado y visto los carruajes transportando a la familia real en sus bodas: Isabel y María Luisa. He visto ejecutar a Riego en la plaza de la Cebada. He contemplado la iglesia de San Nicolás donde se casaron Raimunda y José de Murga (los marqueses); he entrado en el número 4 de la calle del Marqués de Valdeiglesias, ante Las Torres, donde vivieron los Murga.

¿Por qué centra su estudio en Lavapiés?
La leyenda narraba que la madre de la marquesa había tenido una relación extramatrimonial con el padre del marqués. Esta mujer era una cigarrera de Lavapiés, mi barrio. Eso significaría que los marqueses podían ser hermanos. La busqué por todo el barrio hasta que la encontré. El Lavapiés que hallé era un barrio de buhardillas, superstición y pobreza. De vendendores, lavanderas, pastores, ropavejeras, albañiles, aguadores y serenos. La vida se hacía en las calles, y las corralas y corredores. Se puede observar esta realidad de forma muy clara en 'Fortunata y Jacinta'. En comparación, la vida de los ricos de Madrid era muy superficial, basada en tertulias y rezos, y de poca formación para las mujeres.

Uno de los principales pilares del texto es su recorrido literario.
Galdós y Mesonero Romanos son elementos esenciales y muy amenos para conocer el Madrid del siglo XIX, además de los estudiosos del siglo XIX. Tenía que ver esa ciudad y recorrerla para entender los personajes como fruto de su época. En ese sentido, la literatura ha sido una fuente de apoyo extraordinaria al trabajo de calle que he realizado. La obra galdosiana refleja en sus protagonistas de forma clara y profunda la situación de la mujer, y los recursos que ésta utilizaba para defenderse de la miseria que la amenazaba.
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