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Crítica teatral.- El condenado por desconfiado: ¿sólo por eso?

Crítica teatral.- El condenado por desconfiado: ¿sólo por eso?

jueves 18 de febrero de 2010, 00:00h
Actualizado: 15/03/2010 09:08h
El 1 de noviembre de 2001 la compañía Zampanó presentó “El condenado por desconfiado” en el teatro Pavón, que se recuperaba para la escena madrileña. Después entró en el viejo coliseo de Embajadores la Compañía Nacional de Teatro Clásico. La misma que vuelve a montar ahora el drama de Tirso.
La primera pregunta que se me ocurre es: si Aladro quería montar una comedia ¿Por qué no busco en el rico catálogo de nuestros clásicos? Pero no, elige un dramón pseudo teológico sobre el libre albedrío y lo convierte en comedia, con tintes de falla levantina. Es verdad que este texto, puesto en escena seriamente, resulta un poco peñazo. Los vaivenes de Paulo, obsesionado por la salvación eterna, agotan un poco y, ya en el siglo XXI, resultan bastante infantiles. Siempre se puede hacer una lectura a fondo, considerando la época en que fue escrita, pero, por la tremenda, creo que resultaría profundamente aburrida.

Distorsionar el espíritu
Carlos Aladro hace una propuesta escénicamente luminosa, lo que ya es de agradecer, acostumbrados a las penumbras de esta Compañía.  Pero esta ambientación, bastante lógica porque la acción transcurre en Nápoles, acaba traicionando la religiosidad del fraile Téllez. Estamos viendo un sainetón que necesita recurrir al gracioso de la obra para provocar la carcajada. Y, como es habitual en esta Compañía, no faltan las ilustraciones musicales –de arpa- que, con la deficiente acústica del Pavón, sólo sirven para molestar la escucha del texto.

En los últimos años, la CNTC ha formado un núcleo de actores con vocación de compañía estable. El nivel general no es el que sería deseable en una formación nacional de esta categoría. Hay excelente intérpretes –aquí se lucen Albadalejo y Rojas- pero a mí me gustaría ver colaboraciones de actores consagrados, veteranos que dominan perfectamente el difícil arte del verso.

Como siempre me gusta reseñar todos los detalles, desde su estreno este espectáculo teatral ya ha puesto en varias funciones el cartel de “No hay localidades”.
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