Por
Pedro Fernández Vicente
jueves 18 de febrero de 2010, 00:00h
Actualizado: 25/02/2010 16:55h
Los pactos de Estado son necesarios en toda democracia y más en esas que por su sistema electoral, las mayorías absolutas no están garantizadas. El acuerdo entre los partidos que potencialmente pueden ocupar el gobierno en momentos sucesivos, es preciso para evitar cambios permanentes en materias concretas. En esos casos, el compromiso de quienes pueden gobernar a mantener una serie de condiciones garantiza la seguridad en esas áreas que son determinantes para la buena marcha del país.
Un ejemplo claro es la seguridad, las pensiones, la educación… precisamente en esto, en materia de educación, España necesita un amplio acuerdo para mejorar la formación de nuestros jóvenes, con programas de largo recorrido. Pero no se produce. ¿Por qué? Buena pregunta para hacérsela a los sucesivos gobernantes. Pero, además, en una situación económica como la que estamos viviendo sería necesario, imprescindible, diría yo, poner en marcha una serie de medidas en las que estuvieran de acuerdo todos los partidos, pero principalmente los dos grandes, esos que pueden llegar a gobernar solos o en compañía de otros.
Un política económica común, en momentos como el que vivimos, se supone, que proporcionaría una estabilidad y una confianza a la inversión y la banca, capaz de reactivar la economía. Reducir el paro, como primer e imprescindible argumento, sería una señal inequívoca de que algo está cambiando en la dirección correcta y no como hasta ahora. Pero no parece fácil. Y no lo parece porque no se percibe un entusiasmo en ninguno de los dos grandes, que deben ser los que tomen la iniciativa.
Por su parte el gobierno y el partido que lo sustenta, el PSOE, han iniciado conversaciones con todos los grupos políticos y han dejado al PP para el último, como si fuesen los que menos importan. Una discriminación que no ha gustado a los populares. No hay que olvidar que el PP es el principal partido de la oposición, con una representación de 152 escaños en el Congreso y mayoría en el Senado. Un detalle que ha molestado, porque mientras los representantes del PP están en la sala de espera, los demás grupos con una representación máxima de 10 diputados, como es el caso de CiU, han pasado por delante. Es como si el gobierno quisiera dar la imagen de que el PP, si no acepta sus condiciones, se queda solo, como siempre.
Buscar de nuevo la foto de la soledad para el PP. Posiblemente no es la mejor estrategia para atraer a un grupo que ya se siente discriminado por actuaciones anteriores pero que, sin embargo, será necesario para la estabilidad que se busca. Pero tampoco al PP se le ve muy animado a apoyar a un gobierno vacilante y dubitativo en sus planteamientos y hacerlo, en un momento, en el que las críticas de los que le han apoyado en otras ocasiones, van en aumento.
En este ambiente, la comparecencia del Presidente del Gobierno y el posterior debate, ya habitual en la Cámara baja, ha sido un poco más de los mismo. El gobierno invitando y el PP recordando que sin marcha atrás en cuestiones determinadas no hay nada que hacer.
Zapatero ha propuesto la creación de una comisión para buscar ese acercamiento necesario, lo que me recuerda a Joaquín Leguina cuando era presidente de la Comunidad de Madrid que dijo una vez que si queríamos que algo no se llevase a cabo, se crease una comisión. Me quedo, no sé si por positivo o porque quiero que ocurra, con algunos guiños del Presidente del Gobierno hacia el líder de la oposición que, a mí, me han parecido mensajes para suavizar una relación maltrecha por todos estos años.
Un pacto para mejorar la economía, que nos saque de esta situación, necesita políticos de alto nivel. Si lo son o no ya lo veremos.
Pedro Fernández Vicente