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Haití, cooperación más allá de la ayuda de emergencia

Por Antonio del Río Fernández
martes 19 de enero de 2010, 00:00h
Actualizado: 19/01/2010 12:28h
Desgarrados por las imágenes que nos llegan desde Haití, todos nos aprestamos a colaborar en la medida de lo posible, con aquellas organizaciones que, por su tamaño,  puedan garantizar la llegada de socorro con la esperanza de que esa ayuda alivie algo tan dramática situación.

Dando por descontado la necesidad de lo anterior, que obedece a un sentimiento elemental que nos reivindica como personas, no podemos dejar de hacernos preguntas básicas, que nos conciernen a todos y, en especial, a los que estamos especialmente motivados por los temas de Cooperación.

Preguntas que giran en torno a las diferentes consecuencias que un mismo desastre natural produce en distintos países y los motivos de ello. Preguntas sobre la reacción ante el cataclismo de la Comunidad Internacional; gobiernos, instituciones y empresas que hoy pugnan por acercar su imagen a la de la colaboración con Haití han colaborado en frustrar las esperanzas de desarrollo y creación de un Estado que pueda tomar decisiones autónomas en ese país.

Desde la ocupación norteamericana de 1925, se ha bloqueado todo intento de desarrollo autónomo, en la última ocasión con el golpe contra Aristide, presidente con el 75 por ciento del electorado, que fue derrocado por un golpe patrocinado internacionalmente. 

Nos preguntamos cómo es compatible tal número de víctimas y una devastación masiva, mientras a pocos kilómetros en el país vecino con el que comparte isla, La Española, en República Dominicana, los centros turísticos continúan operando con normalidad y las autoridades informan de que no se han producido daños ni heridos.

Tanta diferencia no puede ser casual y está ligada a la inexistencia de un Estado independiente que, con más o menos recursos, esté decidido a tomar decisiones que velen por la seguridad de sus ciudadanos y garanticen la infraestructura básica de la ciudad: agua corriente, electricidad, carreteras, etcétera.

Katrina vs Gustav
El horror en Puerto Príncipe tiene su base en el asalto neoliberal de finales de los 70 a la economía agraria de Haití,  que llevó a decenas de miles de pequeños agricultores a perder sus tierras, su único bien, y los desplazó a las periferias de las ciudades, donde ocupan las faldas de barrancos desforestados. Similares procesos los conocemos en muchos países y en algunos, como Colombia, tratamos de combatirlos.

“Esa gente llegó a esos lugares porque ellos o sus padres fueron expulsados intencionadamente de las áreas rurales por políticas de ayuda y de comercio diseñadas específicamente con la intención de crear en las ciudades una fuerza de trabajo cautiva, y por lo tanto fácil de explotar; por definición se trata de gente que no cuenta con los medios para construir casas resistentes a los terremotos” ( Brian Concannon, Instituto por la Justicia y la Democracia en Haití).

Entretanto, la infraestructura básica de la ciudad —agua corriente, electricidad, carreteras, etcétera— permanece deplorablemente inadecuada, a menudo inexistente. La capacidad del gobierno para movilizar cualquier tipo de ayuda contra catástrofes es prácticamente nula.

La misma comunidad internacional que ahora propugna su apoyo ilimitado ha negado durante los últimos cinco años la extensión del mandato de la ONU a tareas más allá de las estrictamente militares, impidiendo desviar parte de la inversión hacia programas para la reducción de la pobreza y el desarrollo agrario.
 
Todas esas preguntas son importantes porque, hoy como ayer, sabemos que Haití desaparecerá pronto de las cabeceras, de los titulares y de las cuñas radiofónicas que solicitan ayuda; progresivamente perderá interés, las autoridades regresarán pronto y las ayudas comprometidas para la reconstrucción, más allá de la primera ayuda de emergencia, se demorarán 'sine die'. No es pesimismo: lo hemos visto otras veces.

Sin embargo, quedará similar situación de desprotección, subdesarrollo y dependencia de la que otros se beneficiarán.

Todo esto nos habla de la importancia de aunar la Cooperación con el conocimiento de las causas que la hacen necesaria, para apoyar con ella procesos que traten de combatir sus orígenes y fortalecer la autodeterminación de pueblos y comunidades.

Solidaridad “con sentido”.

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xx1_solidario@yahoo.es
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