www.madridiario.es
Clientelismo y corrupción política

Clientelismo y corrupción política

miércoles 09 de diciembre de 2009, 00:00h
En este largo fin de semana del puente de la Constitución los ratos que no me he ocupado de los placeres familiares, me he dedicado a la lectura de un par de libros sobre clientelismo y corrupción en la Italia de la década de los noventa, cuando el Juez Di Pietro puso en marcha la operación Tangentopoli contra los abusos de poder y apropiación de bienes públicos por destacados miembros de la política italiana de la época. Como muchos de ustedes recordarán, aquellos procesos judiciales acabaron con algunos de los partidos tradicionales –Democracia Cristiana, Partido Socialista- y ¡desgraciadamente! parece que poco hicieron para acabar con la corrupción, a la vista de cómo está “el patio” en el país hermano.

De todas maneras, de aquellos acontecimientos se han sacado interesantes conclusiones sobre el comportamiento de los partidos políticos en situaciones de corrupción que, tengo la impresión, son muy de aplicación para la situación en la Comunidad Autónoma de Madrid. En primer lugar, que los denominados partidos de masas asentados en las reivindicaciones de miles de ciudadanos que se constituyen y se desarrollan con un proyecto anclado en unos principios claros y definidos; que se organizan mediante una estructura cohesionada que responde a la consecución de los objetivos de su proyecto político y que diseñan una estrategia capaz de servir para desarrollar una labor de oposición y, al mismo tiempo, construir una alternativa de gobierno, no existen.

En la actualidad la mayor parte de los partidos políticos se han convertido en organizaciones “archipiélagos” con múltiples centros de poder e influencia donde cada subgrupo actúa como facción en busca de sus intereses en la sociedad, el partido y las instituciones donde interactúan –y digo interactúan, porque viendo como se comportan algunos es difícil decir que hacen política-.

Por eso, lo que le interesa a los reyes de taifas de ese tipo de partidos no es tanto hacer políticas públicas en defensa de su ideales –libertad de mercado, defensa de la iniciativa privada, educación pública, sanidad, servicios sociales- sino ocupar las instituciones y los puestos que les corresponda en las Empresas, Cajas de Ahorro u otras organizaciones con individuos de su confianza más extrema. Puesto que el partido se ha convertido en una organización atomizada, disgregada y con escasos instrumentos de democracia interna, si consigo “colocar a los míos” en lugares de poder social o institucional me garantizo posibilidad de influencia y clientelismo tanto dentro como fuera de la organización.

Desgraciadamente, en estos momentos el clientelismo se ha convertido en una práctica política más común de lo que parece. No me refiero al clientelismo del señorito terrateniente y el campesino del siglo XIX, me estoy refiriendo a un clientelismo horizontal, entre sujetos que están en píe de igualdad, donde la práctica clientelar es la manera con la que los aparatos de esos partidos distribuyen recursos públicos y favores a cambio de apoyo electoral, es decir, utilizan patrimonialmente las instituciones con fines particulares.

Cuando una organización política no tiene principios ideológicos, no tiene un proyecto definido, no tiene una organización cohesionada e integradora, cuando su estrategia tan sólo responde al buen criterio del líder de turno y todo su poder está en las organizaciones publicas o privadas donde tiene consejeros y administradores las condiciones están puestas para que toda su política sea clientelar y más pronto que tarde se convierta en corrupción.

Es cierto que en muchos casos el clientelismo no es una práctica ilegal pero es siempre una actuación ilegítima que se aprovecha de que se han “colonizado” las instituciones y las empresas públicas con individuos a fines para llegar con más facilidad a los ciudadanos y conseguir su simpatía y, a poder ser, su voto (es lo que hacen algunos alcaldes en campaña electoral que se meten en el hogar del jubilado del pueblo o el consejero de una radio televisión que presta especial cuidado a los intereses del partido que le ha propuesto para ese cargo cuando llegan unas elecciones).

Pero normalmente la cosa no acaba ahí. Si las campañas electorales son costosas, los gastos cuantiosos, las aportaciones de los militantes testimoniales, tanto en lo material como en su compromiso personal, y las necesidades para llegar a una sociedad compleja y populosa ingentes las condiciones están servidas para que el “cliente”, que en muchos casos son grandes empresas con medios personales, económicos y materiales muy por encima que unos partidos de “cuadros anoréxicos” instalados en las instituciones y en las empresas públicas, se convierta en “proveedores” que facilitan los actos públicos, organizan los mítines, las reuniones de afiliados, las fiestas con electores y aporten sustanciosas cantidades que equilibran las cuentas maltrechas por las campañas electorales.

Por supuesto, tampoco faltarán los “listos” que gestionan “el negocio” y que pronto se hacen la cuenta que puesto que lo que hacen por el partido mancilla su integridad y se colocan en disposición de acabar en la cárcel lo mejor es hacer de cuando en cuando algo por su interés personal. Les puedo asegurar que todo lo que les he relatado son categorías generales que se compusieron del comportamiento ilegal, ilícito e ilegítimo de los partidos políticos italianos después de analizar todo lo que la Tangentopolis ofreció.

Ahora bien: ¿no les parece a ustedes que el comportamiento de algunos en nuestro país y, en especial en Madrid, tiene un gran parecido? Pues tomemos ejemplo y no tropecemos en la piedra que otros ya han manchado con la dignidad de la POLÍTICA y la confianza de los CIUDADANOS.

PD: Homenaje en el 9 de diciembre. Día Internacional contra la Corrupción

Elviro Aranda Álvarez
Diputado Nacional socialista
 
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios