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Enhorabuena, Señor alcalde

Enhorabuena, Señor alcalde

Por Ángel del Río
lunes 05 de octubre de 2009, 00:00h
Como madrileño estoy contento y orgulloso del recorrido de nuestra ilusión olímpica, de esa candidatura elogiada como ninguna otra y abocada a no ganar por imperativos de intereses. Tenía una corazonada y se cumplió. La corazonada de que el olimpismo no es deporte en estado puro y el nivel de contaminación que sufre asfixia cualquiera garantía de ecuanimidad.

La candidatura de Madrid fue un orgullo, no sólo para los madrileños sino para todos los españoles. La presentación fue extraordinaria; todos los que intervinieron estuvieron a gran altura, todos, hasta el venerable Samaranch, que tanto poder olímpico tuvo en su día y que puso un broche emocionado, apelando a su avanzada edad y al deseo íntimo de que le concedieran el favor de ver a Madrid salir triunfante. Pero a veces no hay peor cuña que la de la misma manera; no hay seres más desagradecidos que aquellos que se criaron y crecieron a expensas de un padre al que abandonan cuando se halla viejo.

Sus chicos del COI dieron la espalda a Samaranch cuando les pidió que cumplieran su última voluntad, y quizá en su fuero interno se dijo: “Hijos míos, ¿por qué me habéis abandonado?”. Era la mitología al revés: los hijos devorando a Saturno. Si Prometeo robó el fuego a Zeus para entregarlo a los mortales, a Samaranch le robaron entre muchos la ilusión olímpica para entregársela a Lula, el dios mitológico de la abundancia de la samba y la kaipiriña. El venerable don Juan Antonio comprobó en Copenhague cómo los cuervos soplan y terminan apagando el trono de Zeus en el Olimpo de los dioses.

La candidatura de Madrid tenía fondo, contenido, imagen, credibilidad, atractivo, pero es que esto del COI y la designación de las ciudades encargadas de organizar unos Juegos Olímpicos, lleva camino de parecerse al festival de Eurovisión. Da igual la calidad de las canciones, lo que importa son las estrategias políticas. Madrid fue víctima de unos intereses creados que borran cualquier ápice de confianza en la pureza del olimpismo.

Le agradezco, señor alcalde el proyecto que presentamos y el ejemplo que dimos, todo envuelto en un ambiente de emoción pura y sincera, de colaboración mutua, que se manifestó de forma especial en esa rueda de prensa final en Copenhague, donde la unidad se hizo patente en las formas y en los corazones. Me emocioné con su emoción, señor alcalde, y con la del resto de los miembros de la delegación, que por encima de diferencias políticas estuvieron unidos en el papel institucional de dar la cara.

Lástima que Rodríguez Zapatero se fuera tan pronto, que no esperara a comparecer en esa rueda de prensa, de estar en la derrota, pero no merece la pena hablar de ello.  Gracias y enhorabuena, señor alcalde. Madrid 2020 es ya un proyecto en marcha. Tenemos que seguir, porque para entonces, sí; para entonces no hay disculpas, garabatos ni compadreos que puedan impedir lo que en justicia Madrid se merece: organizar unos Juegos Olímpicos.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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