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Madrid no se vacía en agosto

Madrid no se vacía en agosto

lunes 17 de agosto de 2009, 00:00h
No siempre una imagen vale más que mil palabras, sobre todo cuando las imágenes se pueden cazar a gusto del consumidor, es decir, con cámara fotográfica, eligiendo la perspectiva, el tiempo y el momento. El pasado sábado veíamos en las páginas de La Razón un fotografía del agosto madrileño, que hasta hace pocos años era algo así como la ciudad fantasma, la urbe abandonada, el paisaje después de una huída masiva de la población.

Pasaron aquellos tiempos en los que los madrileños huían de la ciudad en el mes de agosto y en la mayoría de los comercios se colgaba el cartel de: “Cerrado por vacaciones hasta el 1 de septiembre”. Pero los hábitos vacacionales, como las ciencias, adelantan que es una barbaridad, y en los tiempos que corren el personal distribuye sus vacaciones a lo largo de otros meses y buena parte de ese personal las disfruta sin salir de Madrid, por culpa de esa enfermedad social que amenaza con convertirse en una pandemia, que es la crisis.

Pues bien, a pesar de estas consideraciones, la foto de la Gran Vía, el pasado sábado en la La Razón, era la imagen de una ciudad abandonada, o la foto de cualquier 1 de enero a las 10 de la mañana. ¿Adiós Madrid que te has quedado sin gente?. No. Es que era las tres de la tarde y sobre el escaparate de la ciudad, que es la Gran Vía, se derramaba fuego, lo que hacía que el urbanita de aquí y el forastero-turista de allá, anduvieran encerrados en cualquier refugio de aire acondicionado o en un búnker aprovisionado de frescas sombras.

Era una situación un tanto engañosa, fruto de la oportunidad del fotógrafo en un momento oportuno, pero la realidad era otra y afloraba por la tarde-noche con la procesión de la Virgen de la Paloma, que discurrió por una lengua de fuego que era el asfalto, con el vicealcalde, Manuel Cobo, metido en sudores y también el jefe de la oposición, David Lucas, que le acompañaba en ese agobio térmico. Miles y miles de personas. Devoción, tradición y curiosidad testificaron que cuando sale la Virgen de la Paloma, se demuestra que en agosto Madrid no es una ciudad solitaria. Y luego al caer el sol, y a pesar de que la noche no refrescó el ambiente, el centro de la ciudad, un área muy amplia, era un atosigamiento, una muchedumbre que inundaba calles, aceras, paseos, plazas y plazuelas, terrazas, bares, restaurantes y chiringuitos, asfalto y adoquinado.

De haber captado imágenes a esas horas, nos hubiera parecido que en Madrid estaba media España, en contraste con el aspecto de la Gran Vía a las tres de la tarde. Lo que pasa es que con estos sudores y sopores, el personal se vuelve búho y sale sólo por la noche, abre sus grandes ojos y se bebe el paisaje de la ciudad. Madrid se vive en agosto de forma muy especial, y lejos de ser aquella metrópoli abandonada de otros tiempos, es hoy el polo de atracción de los de aquí y de los que vienen para disfrutarla.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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