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Sintra, el paraíso portugués

Sintra, el paraíso portugués

lunes 06 de julio de 2009, 00:00h
Refugio de poetas y retiro de la familia real, Sintra, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Lisboa, es una joya del patrimonio y la naturaleza portuguesas. En su término municipal se puede disfrutar de la arquitectura de diversas épocas, de la montaña y la playa en un entorno idílico capaz de hacer olvidar el estrés de la ciudad.
Su microclima alimentado por los vientos del Atlántico, su exuberante vegetación y su cercanía con Lisboa, hicieron que Sintra fuera elegida por la antigua familia real portuguesa como destino de su descanso veraniego. Hoy, Sintra, Patrimonio de la Humanidad, sigue siendo un enclave único de obligada visita para quienes recalen en la capital portuguesa y un destino elegido por muchos madrileños para relajarse y disfrutar de su aire romántico.

El corazón de Sintra, Villa Vieja, es un pequeño pueblo de calles sinuosas situado en la ladera de la montaña. Salpicado por vestigios de diversas épocas, destacan sus casas señoriales y palacios de profusa decoración, muchos de ellos esparcidos por entre la vegetación que da paso al lado más natural de la sierra, que goza de la protección del parque natural Sintra-Cascais.

En una de las cima de la cordillera, que alcanza los 529 metros, fue construido por la familia real el Palacio da Pena, el mejor ejemplo de la arquitectura romántica portugesa. Con su mezcla de estilos y colores, el Palacio de Pena parece salido de un cuento de hadas, al igual que el parque que lo rodea. Árboles extraños para el visitante, traídos hace ya más de un siglo de todos los continentes hacen del Parque de Pena un bosque ideal para perderse en sus mágicos rincones. 

Pero Sintra, antes de su esplendor romántico que atrajo a poetas como Lord Byron, ya fue elegida por otras poblaciones de otras épocas históricas, como la medieval, representada por el Castillo de los Moros, o la civilización megalítica, que dejó aglomerados monumentales, dólmenes y menhires esparcidos entre el verde de la vegetación.

Además de disfrutar del patrimonio arquitectónico del lugar con visitas al Palacio de Pena, el Castillo de los Moros, el Palacio Nacional de Sintra, el Palacio de Regaleira o el de Queluz, Sintra invita a descubrir la rica naturaleza de una cordillera que acaba en el mar. Para ello, el turista puede elegir hacerlo a pie a través de pequeñas rutas señalizadas, en bicicleta, en todoterreno, en burro e, incluso, en helicóptero.

Es imprescidible aprovechar el ascenso por la sierra para contemplar desde las partes altas del propio parque cómo en Sintra la tierra se funde con el mar, ya sea en idílicas playas o en abruptos acantilados, como el Cabo da Roca. Desde aquí, el punto más occidental del continente europeo, se observa un mar que parece caer en cascada, lo que tiempo atrás se interpretó como el fin del mundo. Además, al norte de Cabo da Roca, las sugerentes playas sistrenses, entre las que destacan Praia Grande y Praia de las Maças, invitan a darse un baño o a practicar deportes acuáticos.

Para disfrutar de este enclave privilegiado que combina cultura, mar y montaña, se puede elegir entre una escapada de un día o una estancia más larga en alguno de sus campings, pensiones y hoteles, aunque solo los privilegiados tendrán acceso al considerado como mejor hotel de Portugal, el Penha Longa, situado en pleno parque natural de Sintra-Cascais, junto a un antiguo monasterio de los Jerónimos, ahora rehabilitado.
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