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Lo difícil es seguir

Por MDO
viernes 03 de julio de 2009, 00:00h
"La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca". Con esta cita de Heinrich Heine arranca 'Los renglones torcidos de Dios', la archiconocida novela de Torcuato Luca de Tena, ambientada en los tiempos no tan lejanos de los psiquiátricos.

Con estos ya en el recuerdo, lo que nos queda es una sociedad más 'amable' y, en teoría, tolerante con las personas con enfermedad mental. Cada vez somos más conscientes de que no solo nadie está a salvo, sino que, como recuerda Ana Gumiel, que acaba de colocarse al frente de las asociaciones pro salud mental de la región, casi todos sufriremos alguna vez problemas de depresión o ansiedad en algún momento de nuestras vidas. Lo que, por fortuna, no quiere decir que siempre se cronifiquen o deriven en algo peor.

Lo cierto es que, hoy en día, lo difícil es conservar la salud mental. No solo se trata (que también) de los horarios de trabajo imposibles y de los niveles brutales de estrés que cualquier ciudadano de a pie soporta en su vida cotidiana. Es que además hay que hacerlo con una sonrisa, sin que se note el esfuerzo; no basta con ser bueno, sino que hay que ser el mejor; tenemos que mantenernos siempre impecables, delgados, sanos y fuertes y llegar a todo, conseguirlo todo, poseerlo todo. Y lo peor es que si la maquinaria renquea, si por casualidad alguien se permite un momento de debilidad emocional, comete un fallo o simplemente decide tomarse un respiro por un día, la sociedad —o un compañero, amigo o familiar— lo señalará con su dedo implacable como un inútil, un histérico, un vago o un adjetivo similar. No hay escapatoria y, a veces, tampoco hay ayuda.

Desconozco dónde está la solución a esta epidemia que afrontan en silencio los países desarrollados y que en los casos más graves desemboca en el suicidio o en un problema de salud mental que arrastrarán los afectados durante años o, incluso, durante el resto de su vida. Tiene mucho mérito aguantar toda esa presión sin pestañear. No se trata de alarmarse, pero tampoco conviene ignorar el problema, porque todo esto no es más que un síntoma de que algo no funciona.
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