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Sonsoles hace la compra

Sonsoles hace la compra

lunes 20 de noviembre de 2006, 00:00h
¡Cómo está el servicio! ¡Ay, las que tienen que servir! El derecho a la huelga se cuela hasta en la Moncloa, y el personal de servicio celebra jornada de brazos caídos. Sonsoles, esposa del presidente don José Luis, no ha podido ir a sus clases de buceo, ni siquiera va a tener tiempo de darse un remojón en la piscina climatizada de la Moncloa.

Usted, señora corriente, mujer del pueblo llano, ahora puede tener la gran oportunidad de encontrarse con doña Sonsoles en la frutería, y comprobará que es de carne y hueso, y que también va a la compra cuando no le queda más remedio. Quizá usted, ama de casa, de las tradicionales, vaya a recoger el tres cuartos de su marido a la tintotería y se encuentre allí con doña Sonsoles, que ha ido para recoger unas camisas de su José Luis. O quizá se encuentre a la presidenta consorte en la peluquería que usted frecuenta, porque en la Moncloa hay huelga de secadoras apagadas.

¡Cómo esta el servicio, señor! que se rebela, que hace un plante hasta en el mismo palacio de la Moncloa. El presidente y su esposa están sin servicio, y claro, como no quieren ser unos esquiroles, no acudirán al servicio doméstico inmigrante, pagado por horas. Ahora se darán cuenta de lo duro que es prescindir de lo cotidiano. O Zapatero saca su talante, su alianza de civilizaciones y su condición de negociador, o estarán sin servicio hasta no se sabe cuando, porque la huelga de su personal de limpieza está convocada de forma indefinida.

Si doña Sonsoles tiene que limpiar el palacio, acabará rendida. Lo mejor habría sido que el presidente hubiera quitado de su agenda todos los compromisos oficiales y haberse quedado en casa para echar una mano a su parienta, para demostrar que eso de la conciliación y de ayudar en las tareas domésticas, también es cosas de presidentes.

El sindicato CC.OO, convocante del paro de la Moncloa, dice que los empleados de la limpieza hacen de todo: camareros, planchadoras o costureras; o sea, hacen de mucamas, de chicos y chicas para todo en el servicio doméstico. Lástima que no se pueda colar un curioso en la Moncloa y salga con las fotos de doña Sonsoles con bata o guardapolvos, guantes de latex, delantal y pelo recogido con un pañuelo, mientras le da al cepillo, la fregona y al plumero; y junto a ella, su marido José Luis, arremangado y rebozando en harina el pescado que ha traído Sonsoles del mercado. Sería una imagen de alianza de las civilizaciones gremiales, donde el presidente del gobierno y señora aceptan con talante la rebelión del proletariado.

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