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La mala educación

La mala educación

lunes 20 de noviembre de 2006, 00:00h
Entra uno en el Metro y se encuentra a un montón de gente en el andén. Abren las puertas y se abalanzan, sin permitir la salida de quienes están en el interior del vagón, hacia los asientos. No importa que haya ancianos, embarazadas, impedidos con bastón o muletas, mamás con bebés en brazos. Los “vale todo con tal de plantar mi culo en un asiento y echar un sueñecito” se abren paso como sea, empujan, plantan sus cosas en los huecos y llaman a sus acompañantes para ponerlos a su lado a charlar si llega el caso. Si entra alguien, para quien su asiento pudiera estar “reservado”, miran para otro lado o hunden su cabeza en el periódico. Y si llevan un niño pequeño no les duelen prendas en ponerlo de pie sobre el asiento (en lugar de hacerlo sobre un adulto que es quien paga billete).

También están los niños consentidos enredando sin que sus padres los reprendan, no les vayan a estropear el día. Y los que se sientan en el suelo y extienden sus patitas hasta donde tropiece el prójimo. Y también están los que llevan música para todo el vagón, pues ya que ellos se han quedado sordos ellos quieren molestar con su basura sonora a todo volumen al resto de viajeros. ¡Ay de nosotros cuando habiliten la red de metro a los teléfonos móviles, como prometieron, porque entonces escucharemos esa cantinela favorita de la gente en el autobús: “si, estoy en el 27, a la altura de Colón (por ejemplo) enseguida llegaré a casa… ¿qué has puesto de comer?... Hasta ahora mismo”. O, a todos esos señores y señoritas que tienen su negocio volante y lo llevan a gritos para que les escuchen en Pernambuco o Pekín (o mas lejos, con los gritos que dan): “Que sí, hombre, que sí… que ya he encargado la gestión y he hablado con Fulanito para que vaya…” etc.

Y, para no hablar de los retrasos de los autobuses, especialmente, no sé por qué, los de vehículo largo (70, 27 y 34) que yo tomo: con retrasos de normales de 20 minutos y luego llegan 3 o 4 seguidos adelantándose y, si se te ocurre decirle algo al conductor no sólo no quiere saber nada sino que te dice que si quieres protestar vayas a la cabecera de línea y pidas el libro de reclamaciones… Que yo creo que forma parte de esa “cultura” de la mala educación imperante en este país y que consiste en quitarse el muerto de encima y echarle siempre la culpa a otro. Hay de todo en los transportes públicos, desde los que llevan un carrito enorme molestando a todo el mundo pero que se enfadan si les dices que te han golpeado: “qué quiere que le haga yo… bastante tengo con tener que ir así”. Hace unos días en el 70, una señora con andador por su obesidad obstruía el pasillo y el conductor cerraba la puerta central a quienes querían entrar por ella porque eran ¡las diez y diez! Pero en la parada llevábamos 20 minutos. Y no abrió la rampa porque iba con retraso. Con lo que el pelotón de la entrada impedía pasar, pero aquel señor tan amable siguió en sus trece.

Ahora que llueve, también tenemos a los que te empapan con sus paraguas mojados o te los meten por un ojo al más mínimo descuido (tuyo, porque hay que estar atento para no acabar tuerto, ya que casi nadie cede el paso en la calle). Y los que pasan junto a las aceras salpicando con las ruedas de su coche al peatón que tiene que pegarse al muro, mucho más en paradas de autobús y semáforos. Y, para no entrar en el tráfico que invade los cruces y los pasos de peatones y que, en cuanto pueden circular, te pitan para que te apartes, sin piedad y hechos unos energúmenos, aunque aún no hayas terminado de cruzar y ellos estén donde no deben. Pero tienen mucha más prisa que tu, seguro. Y están los de la discoteca volante que ponen sus horteradas para que se escuchen en la estratosfera, con desprecio absoluto para los viandantes o vecinos. La mala educación se manifiesta de forma muy indecorosa en muchos políticos que creen poseer patente de corso: llegan tarde a ruedas y actos convocados por ellos mismos, como si la prensa o el público en general no tuviese otra cosa que hacer que esperarlos. Pero claro… si eres presidente de algo....

O usan fondos públicos para hacerse autobombo propagandístico como si gastaran su dinero (no me refiero, desde luego, a los corruptos que se embolsan comisiones o proponen obras para terrenos que compran a precio irrisorio y todo eso). Montarse actos, campañas publicitarias y carpas en las que se cuentan versiones partidistas de nuestros problemas para mayor gloria de los políticos al uso no sé si será delito, pero es, como mínimo, una falta de respeto a los electores, a quienes se trata como si fueran tontos. Dicen que un pueblo se merece a sus gobernantes, si los elige por haberlo hecho y si se trata de dictadores por no echarlos. Así que nadie nos libra de la mala educación porque como la mayoría del país ha olvidado las más básicas normas de educación no tendremos más remedio que tragar con los dirigentes.

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