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No perdamos la memoria

No perdamos la memoria

martes 27 de enero de 2009, 00:00h

Entre mortadelos, filemones, anacletos y torrentes; entre espías, espiados, mosqueados, sospechosos, temerosos y nerviosos; entre cuerpos especiales de la Policía Municipal que ahora se descubren como cuerpos parapoliciales y que desde los tiempos del Conde de Mayalde se le llamaba “ronda del alcalde”, es decir, grupo dedicado a la seguridad personal, concreta y exclusiva del regidor; entre autobuses de la negación, es decir aquellos que hoy comienzan a circular pagados por ateos diciendo que Dios no existe, cuando lo mejor sería que alguien anunciara en el bus que la seriedad y la honestidad política no existe; entre preguntas que se tienen para el presidente del Gobierno y un Zapatero que niega todo lo que ha dicho y prometido con la mayor frialdad y cara dura del mundo; entre polémicas en el ámbito de decisión arbitral que criminalizan las ayudas del hombre del pito al Real Madrid y desprecian las manitas que los señores del silbato puedan hacer el brillante Barsa; entre una huelga de puñetas que parece empieza a ser inevitable; entre tantas cosas, se nos olvida, y se nos anima a olvidar, lo cotidiano, lo que cada día nos duele, nos hace sufrir, nos pone al borde de un ataque de nervios.

A veces la actualidad devora actualidad y los políticos se aprovechan de ello para que el ciudadano olvide un problema con la aparición de otro. De esta manera se ha apeado del primer plano el grave y creciente problema de tráfico que tiene Madrid,  que es la crónica anunciada de cada día, aunque por ello no pierda actualidad. Y dentro de ese tapón circulatorio que es Madrid, no puede pasar al olvido la madre de todos los tapones, que se escenifica  a diario y a todas horas, desde que se cerró el paso subterráneo del paseo de Santa María de la Cabeza y se suprimió la entrada a Madrid por este paseo.

Desde entonces, y todavía durante muchos meses, miles y miles de conductores sufren el calvario de esta circunstancia, se acuerdan del  alcalde, se acuerdan de que tomó esta mala decisión tras aceptar la exigencia de un reducido grupito de vecinos de alargar en unos metros el citado paso subterráneo, para que les coloquen un semáforo a la puerta de casa y no tener que desplazarse cincuenta metros adónde está situado el otro. Y el alcalde aceptó, tragó, se embarcó en una obra larga, larguísima, costosa, muy costosa sobre todo en plena crisis, y ha montado el cirio en toda la zona sur.

Por cierto, desde que se iniciaron los cortes de tráfico en Santa María de la Cabeza, apenas se hace referencia a esos atascos en la información que facilita el Gabinete de Información del Ayuntamiento. Es como si alguien pretendiera, y desde luego que los trabajadores de ese servicio no, evitar el problema negando su existencia, ignorándolo, para no poner sal en la herida de miles de conductores desesperados por el capricho de esta obra que era absolutamente innecesaria.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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