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Multas y civismo

Multas y civismo

jueves 30 de octubre de 2008, 00:00h
El presupuesto del Ayuntamiento de Madrid contempla un elevado ingreso por recaudación de multas. Las sanciones que impone el municipio son siempre polémicas y contestadas. No deja de sorprenderme esta crítica hacia el castigo económico que sufren quienes no respetan las más elementales normas de convivencia. Es evidente que el sistema sancionador debe ser justo, coherente y proporcionado a la infracción cometida. Pero no tengo ninguna duda de que las actitudes incívicas no deben quedar impunes.

Quien aparca el coche doble fila o en carril bus perjudicando a cientos de conductores o usuarios del transporte público no merece indulgencia. Quien deja la mierda de sus perros en las aceras, obligando a que se gaste dinero de nuestros impuestos en su recogida, no merece protección. Ni quienes destrozan el mobiliario urbano, las fachadas con sus pintadas, los ajardinamientos, tienen por qué gozar de la protección social. El respeto es la base de la convivencia y muchas actitudes individuales obligan a los municipios a gastar dinero en repararlas cuando podría destinarse a otros fines sociales.

Es creencia popular que la recaudación de multas es una forma más o menos encubierta de financiar al municipio. Quienes piensan eso tienen una manera muy simple de echar abajo el negocio: no cometer infracciones. Es evidente que los ciudadanos no podemos sustraernos del pago de impuestos directos e indirectos, pero pagar multas se puede evitar cumpliendo las normas. Así de sencillo. No se puede pedir benevolencia con los camicaces que circulan por un túnel a 150 kms. por hora. No se puede pedir vista gorda con los que aparcan en pasos de peatones o aceras. No se puede ser indulgente con los motoristas que circulan por las aceras o por los vándalos que escandalizan con su ruido a los ciudadanos todas las madrugadas.

Quien no quiera pagar multas, que respete a los demás. Quien no quiera contribuir a la financiación de los proyectos megalómanos de Ruiz Gallardón, que cumpla las ordenanzas. Quienes agreden con su incivismo, con su chulería, con su vandalismo a la sociedad en general y a los ciudadanos en particular, ¡que paguen! Y cuanto más, mejor. Los buenos ciudadanos no pueden resultar perjudicados por los malos, le pese a quien le pese. Y si alguien se cree injustamente sancionado, que recurra a la justicia. Pero, primero, que nos respete a todos.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

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