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Llega el poli de la basura

Llega el poli de la basura

sábado 18 de octubre de 2008, 00:00h
¡Lo que nos faltaba! Después del fin del hombre-anuncio, de la nueva tasa de basuras, de la paralización de obras públicas y del anuncio del retraso “sine die” de la reforma del eje Prado-Recoletos, ahora el Ayuntamiento madrileño se descuelga con otra sorpresa: llega la “policía” de la basura. Un cuerpo de inspectores de Medio Ambiente encargados de velar porque todos cumplamos con el necesario arte del reciclado.

Necesario, porque gracias a él se evitará un colapso del vertedero; arte porque realmente hay que saber mucho y tener grandes dosis de sensibilidad para no confundir envases con papel de cocina pringado en aceite, o tetrabricks y latas con los papelitos que le quitas a los cromos de la Liga de Fútbol para pegarlos en el álbum del niño. Todo, a poco que vayas estresada y con prisa, termina en el mismo saco; es decir, en el mismo cubo: el amarillo. Y cuando la bolsa llega al contenedor que tu portero saca al portal previamente al paso del camión de la basura ¡zas! aparece el cuerpo de inspección, descubre la trapisonda y multa que te crió.

Bromas aparte, es bueno y necesario reciclar: es verdad que Valdemingómez no tiene capacidad ilimitada; que es preciso por higiene social y por rentabilidad económica hacer la separación en origen, aunque esto nos suponga el pequeño esfuerzo de mantener varios cubos de basura y de pensar, antes de tirar los desperdicios, dónde debe ir cada uno.

Ahora estamos recuperando unas 200.000 toneladas de materiales reciclables al año, pero lo ideal es que esta cifra crezca. Y es verdad también que en ocasiones, la letra con sangre entra, y tal vez la amenaza de la multa sea al final más efectiva que muchas campañas de concienciación. Lo que pasa es que el anuncio del área de Medio Ambiente ha llegado en un momento en el que llovía sobre mojado. Y cuando al ciudadano le estás explicando que vas a cobrarle por algo que hasta ahora recibía gratis, como es la recogida de la basura, no es fácil convencerle de que además tiene que colaborar porque si no lo hace puede caerle una sanción.

Aparte de lo ridículo que resulta imaginar a ese cuerpo de inspectores –desconozco qué uniforme llevan, pero seguro que incluye guantes de látex- levantando la tapa del contenedor e introduciendo en bolsas, tipo CSI, las pruebas que incriminan a una comunidad de vecinos como unos cochinos redomados.
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