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Con una sola llamada

Con una sola llamada

martes 21 de octubre de 2008, 00:00h
El Servicio de Emergencia Social de la Comunidad está disponible los 365 días del año para aquellos que lo necesiten. Solo en la primera mitad de 2008 han atendido a más de 1.400 personas en situación de urgencia social, lo que supone media cercana a los 200 casos mensuales de ciudadanos o grupos en situaciones de crisis o desamparo.
El Servicio de Emergencia Social de la Comunidad de Madrid nació en 2005 y desde entonces ha realizado cerca de nueve mil actuaciones. “Nosotros atendemos a todos los municipios de la Comunidad y de Madrid capital se encarga el Samur Social”, declara Concha Cañón, responsable del Servicio de Emergenc: el que desarrollamos aquí en la central, el que desarrollan las unidades móviles y por el último, el seguimiento de las personas a las que hemos atendido”, explica.

En la central del Servicio de Emergencia Social se reciben las llamadas de emergencia que normalmente vienen derivadas por el 112, aunque otras se las pasan directamente la policía o la guardia civil. “Hay tres trabajadoras sociales atendiendo estas llamadas y lo primero que hacen es una valoración en la que deciden si el caso tiene la suficiente gravedad y urgencia como para enviar una unidad móvil”, explica Daniel Gutiérrez, coordinador de Unidades Móviles del Servicio de Emergencia Social. “Aunque quisiéramos no podríamos atender a todas las llamadas, sino que solemos dar prioridad a aquellas personas que no tiene medios económicos, a aquellos que realmente están en la calle”, concluye.

En cuanto al perfil de las personas atendidas, la mayoría son ciudadanos entre 31 y 64 años, pero presentan una problemática muy variada: mujeres maltratadas, indigentes, inmigrantes, personas mayores abandonadas... También se hacen cargo de situaciones de crisis muy puntuales como por ejemplo la del accidente de Barajas del pasado mes de agosto, en el que atendieron a un centenar de familiares de las víctimas.

“Tenemos que atender casos muy dramáticos como, por ejemplo, aquellos en los que tenemos que dar soporte psicológico a los familiares de alguna víctima mortal de un accidente de tráfico que se acaba de producir. Otras veces se dan situaciones extrañas. Hace poco, nuestra unidad móvil tuvo buscar a un indigente que les llamaba para decirles dónde estaba desde una cabina porque quería dormir en un refugio. Cuando la unidad llegaba al lugar indicado no lo encontraba, porque el hombre se movía continuamente y volvía a llamar desde otra cabina distinta a la anterior”, relata Cañón.

Después de atender a las personas que así lo necesitan con las unidades móviles, el Servicio de Emergencia Social se encarga de facilitarles un alojamiento. Por este motivo la Consejería de Familia y Asuntos Sociales les cede unas plazas de plazas de emergencia en centros de mayores, centros de acogida de menores, residencias para mujeres maltratadas, etcétera, ya que este servicio no dispone de recursos residenciales propios.

“Tras acudir a buscar a la persona que necesita de nuestra ayuda con la unidad móvil, la llevamos a alguno de estos centros o lugares de acogida. Al día siguiente comienza otra etapa de nuestro trabajo: el seguimiento. Nos preocupamos de que tengan alojamiento y de su salud mental y física durante una semana más o menos aunque, en algunos casos, se necesita más tiempo para solucionar el problema”, dice Gutiérrez.

El Servicio de Emergencia Social dispone de cuatro unidades móviles que están adaptadas para personas con movilidad reducida y tienen capacidad para trasladar, al menos, a siete personas. En ellas, trabajan un total de 70 profesionales de los 96 totales que forman el servicio. Silvia, trabajadora social, es una de ellas. “En la unidad móvil siempre vamos tres personas: el conductor, el trabajador social y el auxiliar. Al llegar a atender a alguien, volvemos a valorar la situación para ver si realmente esa persona necesita nuestra ayuda. Sin embargo, también hay mucha gente que no quiere ser ayudada y estos casos tenemos que darnos la vuelta”, explica Silvia.

“Al día siguiente comienza la labor de seguimiento de ese caso. Normalmente pasados unos días resolvemos la situación, pero, en caso de que no podamos hacerlo, derivamos a esa persona a los servicios sociales de la Comunidad para que ellos se encarguen. Lo que garantizamos en todos los casos es el alojamiento”, concluye Silvia.
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