4910 | Juan - 10/05/2017 @ 08:46:48 (GMT+1)
Estuve en La Rosa a finales de los '90. Han pasado veinte años y allí se siguen dando los mismos servicios que entonces. Me pregunto: ¿dónde va a parar ese dinero, es sólo lo estrictamente necesario para pagar los sueldos de las personas que allí trabajan y el material de siempre?
Este anuncio de la administración me suena a bulo para ponerse medallas pues La Rosa viene funcionando, completamente saturada en muchas ocasiones, desde hace decenios y siempre a contado con las pertinentes partidas presupuestarias.
Hablar de enfermedades como la toxicómanía, que es crónica y por supuesto esta reconocida por la Organización Mundial de la Salud, sigue siendo, a nivel calle, puro tabú y sinónimo de exclusión social. Bien lo sabemos los "supervivientes", pocos, que pasamos por la criba de toda una generación en los años '80 y '90 del siglo pasado.
La realidad es que ni siquiera se acepta de modo normal nuestro estatus como enfermos, se nos tilda con palabras despectivas del tipo
yoni, yonqui u otras, existe una imagen completamente desfigurada de nuestra realidad, se nos excluye del mercado laboral per se, nadie quiere intetactuar socialmente con nosotros, lo que nos lleva a la marginación y el resentimiento hacia el cuerpo social. No sé de ningún afectado por una enfermedad (anorexia, depresión crónica, obesidad mórbida) que sufra el desprecio, la estigmatización y el desprecio puro y duro que se ejerce contra nuestro colectivo.
La media de edad ya ronda los cincuenta años, yo mismo pese a llevar lustros sin consumir y llevar un tratamiento sustitutivo con metadona tengo que ocultar esta realidad por sistema; en el momento en que es sabido se me trata inmediatamente de otra manera, incluso con desprecio, y eso que soy una persona que por suerte no tengo ni VIH ni hepatitis C, ni siquiera fumo tabaco ni bebo alcohol, ni por navidades, además de hacer deporte y mantenerme en una forma física estupenda para una persona de mi edad.
La realidad es que se nos hace responsables de nuestra enfermedad sin tener en cuenta circunstancias y contextos como si fuéramos una especie de viciosos. A mi en particular un funcionario me ha llegado a decir: "cuando te empezaste a drogar ya sabías lo que hacías, ahora no te quejes"... yo entré en las drogas con doce años, nadie se ocupaba de mi pues venía de una familia desestrurada
con un padre salvajemente maltratador tanto con mi madre como con los cinco hermanos que eramos; me gustaría que este funcionario hubiera pasado por mis circunstancias vitales... no creo ni que aún estuviera vivo y con tan buena salud.
Termino: nosotros no somos anormales y , sin contar a las personas de nuestro colectivo que, por circunstancias, cobran una pensión, sólo pedimos un puesto de trabajo pues tenemos muchas, variadas y valiosas capacidades. No somos un deshecho.
Sin más:
Un miembro del colectivo de enfermos
de toxicómanía de Madrid.