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Diario de una pesadilla (2)

lunes 23 de marzo de 2020, 12:07h

Me he vuelto a “resetear” antes de escribir este diario. La tos de ayer parece más pequeñita. Además, tengo olfato, que dice la Sociedad Española de Neurología que perderlo también puede ser un síntoma. Yo sigo oliendo a café en el desayuno. Esta tos que me suele acompañar, la he tenido siempre en primavera porque las gramíneas ajenas a todo este desastre siguen avanzando como si la vida fluyera igual que siempre.

Nosotros sabemos que nada es igual y que nada seguirá siendo igual después del “apocalipsis” este que nos ha tocado vivir. Mi amiga Begoña me ha recordado que es mi cumpleaños. Y el resto de grupo de los “Hermida´s girls and boys” también. Cada uno a su manera me ha hecho llegar su cariño. Mi hija pequeña, Ana, en nombre de Blanca también me ha hecho un bizcocho con una Maizena que teníamos por aquí caducada. ¡Está bueno inexplicablemente! Guillermo, mi marido, ya me felicitó por la noche. Le dio tiempo antes del confinamiento a comprarme un detalle que lo he valorado muchísimo. Todo lo valoro diferente y todo me emociona.

Mis hermanos han ido uno a uno llamándome y de paso vamos sabiendo cómo nos encontramos. Todos bien. Una llamada de un viejo amigo me ha dejado inquieta. No paraba de toser y hemos tenido que dejar de hablar porque se cansaba. ¡Me invade el terror! También me he enterado, porque lo ha dicho Juan Pablo Colmenarejo en el “Buenos días, Madrid” que Javier Fernández Arribas, nuestro colega periodista, ha dado positivo. ¡Mierda! ¡Espero que sea leve!

Tengo un amigo, otro, matemático, José Luis Campos, que ha hecho la secuencia matemática de esta crisis y dice que nos queda para alcanzar el pico. También me ha dicho que la probabilidad de coger el Covid-19 es tan alta como el hecho de que nos toque la Primitiva. ¡A nosotros nunca nos ha tocado el gordo! Espero que éste tampoco. El caso es que el miedo se ha extendido. Hemos aprendido que no podemos estar cerca, ni besarnos ni abrazarnos. Sin embargo, ayer fue bonito que Guillermo acercara su pie al mío. ¡Qué poco romántico es el pie! ¡Pero cómo agradecí el roce de su pie!

También mi hija ha aprendido a besarme el cogote. No lo siento tanto como la cara pero a fin de cuentas es un beso. Yo he aprendido a mandar besos y abrazos virtuales como suele hacer el economista Gay de Liébana.

Ayer hablé con mis vecinos de pared, Luisi y Óscar. Me han dicho que “pasillean mucho todos los días”. El padre de mis hijas creo que se hace dos kilómetros de pasillo diario. Incluso, Constantino Mediavilla se hace ¡dos horas de terraza! Yo no le he llegado a coger el puntillo. Al tercer pasillo, me aburro. De vez en cuando me incorporo a una clase de yoga que ha encontrado Ana por la red. El otro día, por fin, conseguí relajarme muchísimo. Me vino bien. También he encontrado por internet la forma de descargar. Casi todos los días hago un video que cuelgo en Instagram y en Twitter y procuro leer una poesía. Los poetas son mi descarga emocional. ¡Si no fuera por ellos…! Ahora me estoy empollando los primeros años del siglo XX y también toda esta circunstancia ha hecho que vuelva a escribir una novela. No había sido capaz de hacerlo después de terminar “Esos días azules”. La historia de amor de Antonio Machado y Pilar de Valderrama me dejó en el dique seco. Vuelvo a retomar el amor por la escritura. Me hace olvidar esta situación tan caótica, tan esperpéntica…

No paro de recibir videos de gente de todos los países. Me ha gustado especialmente uno que dice que “vivamos el instante, que no perdamos el tiempo en tonterías. Nunca queda tiempo suficiente como para perderlo”. Aprovechemos nuestro tiempo en hacer algo por los demás. No tienen por qué ser grandes epopeyas. Con escuchar a un amigo que está mal, es suficiente. Ayudar a elevar el ánimo, mandar besos y corazones en forma de emoticonos. Decirles a las personas que queremos lo importantes que son para nosotros. Todo esto lo ha dado el encierro. El maldito virus, está sacando lo mejor de nosotros mismos. ¡Es curioso!

Bueno, os deseo un gran día. ¡Uno más! ¡Esta batalla la vamos a ganar!

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