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Dos almas gemelas unidas en Tres Cantos por misiones militares

Dos almas gemelas unidas en Tres Cantos por misiones militares

Dos familias pero una misma vida

Por MDO
sábado 03 de julio de 2021, 08:52h

Marina tiene 42 años y no olvida sus orígenes murcianos. Reside en Tres Cantos con su familia desde que a su marido le destinaron a esta localidad. Es militar y cada cierto tiempo le envían a misiones en países lejanos. El último encargo, cuatro meses y medio a miles de kilómetros y con la única posibilidad de comunicarse con su familia a través del teléfono o el mail. Aunque Marina ya sabe a lo que se enfrenta durante ese tiempo, siempre resulta duro el día a día en soledad, con dos hijos mellizos de 8 años que reclaman atención y cuidados. Y más si añadimos la situación pandémica con restricciones y confinamientos en casa. "Una locura", recuerda.

Pero lo que Marina no sabía es que puerta con puerta, se encontraba Claudia, su alma casi gemela y que, a día de hoy, se ha convertido en parte de su familia. Esta asturiana de 39 años llegó a la localidad tricantina con su marido y sus hijos de 6 y 7 años. Y coincidencias de la vida, llegaba también a este municipio madrileño por las mismas circunstancias que llevaron a Marina a instalarse aquí, la profesión de su marido. Su dedicación al ejército le programó una misión al Líbano. Siete meses en los que Claudia también debía hacer frente a un tiempo sin el apoyo de su pareja, aunque las llamadas de teléfono siempre aliviaban.

Dos familias y dos destinos que se encontraron en un punto sin retorno. Todo sucede por alguna razón, de la misma manera que toda persona que se cruza en tu vida tiene una función que cumplir que se convierte en un aprendizaje que, tarde o temprano, se llega a entender. Así lo comprenden estas mujeres: "Tener a alguien que va a vivir lo mismo que yo siempre alivia".

Eso les pasó a Marina y Claudia. El confinamiento solo les permitió saludarse a través de la terraza sin conocer el trasfondo de sus vidas. Pero cuando comenzaron a abrir las puertas para salir a la calle, sus hijos comenzaron a entablar amistad, y también ellas. Unos lazos que a día de hoy resultan inquebrantables: "A Claudia la considero mi familia", asegura Marina.

Dos mujeres con dos hijos cada una y con una profesión, la de sus maridos, difícil y dura. No les queda otra que arremangarse y sacar adelante una familia con todo lo que conlleva: "Siempre intentamos que los niños no noten ese vacío".

Cuando descubrieron sus historias, decidieron que debían apoyarse: "A mi me agobiaba pensar que si me ponía mala o cogía el Covid, quién nos iba a ayudar", cuenta Claudia. Sin familia cerca y trabajando es difícil conciliar. Pero con Marina encontró un camino más sencillo. Entre ambas han pasado la pandemia, Filomena y otros momentos que si no hubiesen contado la una con la otra hubiesen resultado más complicados todavía.

El vivir puerta con puerta les ha facilitado poder echarse una mano en situaciones de conciliación. "Yo teletrabajaba y me quedaba con los cuatro y cuando yo he tenido guardias, ella se quedaba con ellos", explica Marina. Claudia trabaja como monitora en un gimnasio y su presencialidad siempre fue obligatoria. Los confinamientos educativos y otras circunstancias complicaban la vida de esta madre asturiana.

Compartir lloros y risas resulta, en ocasiones, terapéutico. Y así les ayudó a ellas. "A veces te entra ese miedo de qué pasará a la vuelta de tu marido. Lo tienes todo organizado de una manera y cuando llegan, qué lugar tendrán", se pregunta Claudia. Son muchos meses alejados de un hogar que va tomando las riendas de una nueva organización. "Me acuerdo una vez que llamé a mi marido llorando y Claudia me dijo, no lo hagas nunca más, él se queda preocupado. La próxima vez me lo cuentas a mi", recuerda aliviada Marina.

Circunstancias similares que han unido la vida de estas mujeres que, si el destino las separa, tienen claro es que su amistad seguirá allá donde vivan.

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