www.madridiario.es
Crítica teatral.- Los Amados: Con cierto humor

Crítica teatral.- Los Amados: Con cierto humor

miércoles 17 de septiembre de 2008, 00:00h
Actualizado: 18/09/2008 14:47h
La Sala II del Teatro Fernán Gómez presenta hasta el 12 de octubre el espectáculo 'Los Amados: Rutilantes en España'. Ya estuvieron la temporada pasada y los espectadores que tuvieron la fortuna de verlos salieron encantados. El espacio no es el mejor para que esta formidable compañía muestre su talento, que es mucho, pero aún así permítannos recomendarlo: ¡No se lo pierdan!
Talento por arrobas
Los Amados son una orquesta multicultural desternillante. Nueve músicos que recrean las sesiones de las antiguas salas de fiestas, los cabarets populares, los “tea dancing” que se llamaron alguna vez en España. El público maduro se verá transportado al desaparecido Pasapoga, al Lido, a la Trompeta... donde actuaban Bonet de Sampedro, José Guardiola o el Trío Calavera.

Estos artistas argentinos derrochan talento como músicos y como actores. Cada uno domina varios instrumentos y compone su personaje añejo, tierno, ridículo y entrañable. A destacar Analía Rosenberg (bautizada en recuerdo de la gran Analía Gadé), que es una extraordinaria pianista y una actriz gestual eficacísima. Y, naturalmente, el director, vocalista y maestro de ceremonias Alejo “Chino” Amado (Alejandro Viola). Su tupé, sus chaquetas y complementos, su parsimonia, son avasalladores.

Música y humor
Viendo este espectáculo recordaba –sin que tenga nada que ver- la 'Orquesta de Señoritas' que visitó España hace treinta años gracias a los bonaerenses Comediantes de San Telmo. Aquella orquesta travestida también derrochaba arte, como Los Amados.

Esta compañía, a golpe de bolero, va provocando la carcajada en cada aparición, reforzada por un delirante vestuario que recrea el de las orquestinas que todavía se ven en las fiestas mayores de los pueblos. Para completar el cuadro cuentan con una cantante invitada, Idilio Montenegro (Laura González), con un ajuar que ofende la vista por su barroquismo disparatado.

Traca final
Los veinte últimos minutos del espectáculo son una traca gracias a la cual el público acaba desatado bailando los ritmos tropicales de la singular orquesta. A la contención primera de los boleros sigue el desmadre del cha-cha-chá, el merengue y la cumbia.

Es durante esas canciones cuando el “Chino” Amado echa la carne en el asador y los espectadores acaban llorando de risa. Cuando el concierto termina, el público estalla en una clamorosa ovación como si hubiera visto a los mismísimos Rolling Stones. De verdad: vayan a verlos.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios