La conspiración del silencio
jueves 08 de mayo de 2008, 00:00h
Actualizado: 15/05/2008 21:07h
Este título de un thriller – que no es otra cosa que lo que antes llamábamos una película de misterio y asesinatos – dirigido por John Sturges y protagonizada por Spencer Tracy, nos sirve para referirnos a lo que pasa con frecuencia en algunos pueblos o ciudades, ya sean del Oeste de los Estados Unidos o del Este de Madrid, es decir: Coslada, donde hay gente mira, conoce, sabe y… se calla.
Lo grave, con ser grave, no es que unos golfos vestidos de policías hayan trabajado como delincuentes con sueldo del Estado. Lo grave es que muchos lo sabían y algunos lo sospechaban, pero muchos miraban para otro lado por “falta de pruebas”.
¡Amos anda¡ Que a estas alturas de la película van a darse de nuevas los responsables municipales que, por lo visto, no tenían ni idea de lo que hacía su jefe de la policía municipal y, al menos, una docena de sus miembros uniformados.
Mirar hacia otro lado pueden hacerlo los ciudadanos cuando sienten miedo o creen que no va con ellos, aunque como dijo Beltord Brecht en una frase mucho más larga y conocida “ …finalmente vinieron a por mí, y para entonces, ya no quedaba nadie para defenderme”, pero quien no puede hacerlo nunca es el poder político, y no es de recibo que el alcalde de Coslada y su concejal de seguridad se manifiesten sorprendidos por el carajal que se ha descubierto en su municipio. La responsabilidad política, como ha llegado a decir Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, está para casos como éste.
Casos de corrupción se pueden dar en muchos sitios, pero cuando uno no se entera de que la poli de su pueblo cobra por proteger a comerciantes o chulea a las prostitutas, es que está a por uvas y encima es un irresponsable.