Una zona de recreo y disfrute convertida en un campamento militar. Esa fue la estampa del paseo del Prado durante el 2 de mayo de 1808. Compañías de soldados del enorme ejército francés -55.000 unidades- se instalaron en las afueras de la ciudad, entre ellas las edificaciones del palacio del Retiro. En las tapias de las caballerizas y el Convento de Jesús fueron fusilados 50 españoles sublevados.
El paseo del Prado por esas fechas, o el Prado Viejo como se le llamaba entonces, era una alameda para el paseo rodeada de palacetes, es decir, una zona verde dedicada en gran parte a los peatones. Y esa fue su naturaleza desde siglos antes.

El espacio que actualmente ocupa el lugar, entre Atocha y las cuatro fuentes, era hasta el siglo XVIII una alameda rodeada de huertas. El primer vestigio de urbanización de la zona fue el palacio del Buen Retiro, un conjunto arquitectónico de grandes dimensiones diseñado por el arquitecto Alonso Carbonell entre 1629 y 1637 por orden de Felipe IV como segunda residencia y lugar de recreo.
En 1640 estuvo terminado. El palacio y los jardines ocupaban una extensión mayor al parque del Retiro actual. Sólo el inmueble constaba de más de 20 edificaciones y dos grandes plazas abiertas que se empleaban para festejos y actos de diversa índole. El conjunto palaciego estaba rodeado de una gran extensión de jardines y estanques dado el carácter lúdico del mismo.
La vía del conocimiento
La importancia del Prado se multiplicó en la época de Carlos III, el rey que más apostó por urbanizar la sede de su Corte. Configuró la zona como una de las principales vías de paso y paseo la capital, que estaría rodeada por edificios dedicados a la investigación científica y al conocimiento. El proyecto corrió a cargo de Ventura Rodríguez que encargó al ingeniero José Hermosilla y Sandoval, la nivelación del terreno.

El rey instaló en la zona el Real Jardín Botánico. Felipe II en julio de 1774 creó el primer jardín botánico de España y de Europa a instancia del médico Andrés Laguna, junto al palacio de Aranjuez pero Fernando VI lo trasladó posteriormente a la capital y lo situó en el soto de Migas Calientes, a las orillas del Manzanares.
Su ampliación continua obligó a Carlos III a trasladar el jardín a su actual emplazamiento. Encargó la obra a Juan de Villanueva y a Francisco Sabatini. En el pabellón dieron clases de biología eruditos como José Cavanilles y Mariano Lagasca . El pabellón, de estilo neoclásico, se construyó en dos partes. El primer edificio fue diseñado por Sabatini en 1780 y el segundo por Juan de Villanueva en 1794. En este último es donde se ubicó la cátedra de Botánica.
También se erigía en la zona el convento de Jesús, fundado el 7 de abril de 1606 por el duque de Lerma. El verdadero nombre de este convento, de trinitarios descalzos, era el de Nuestra Señora de la Encarnación, aunque pronto empezó a ser más conocido por el de Jesús Nazareno, ya que en su interior se custodiaba una imagen de Jesús que cautiva en Fez, fue rescatada por los trinitarios en 1682. Más tarde, y debido a su nuevo patrón, el edificio será conocido por el nombre de Jesús de Medinaceli.
Una pinacoteca real
El Museo del Prado no fue tal hasta el reinado de Fernando VII, que lo constituyó como pinacoteca. Juan de Villanueva proyectó el edificio en 1785 como Gabinete de Historia Nacional y Academia Ciencias. Se proyectó como un inmueble en tres partes, cada una con su puerta diferenciada. La Academia de Ciencias se situaba en la planta baja y tenía su acceso por la puerta sur, junto al Jardín Botánico.
Por la puerta norte se accedía a una sala de exposiciones históricas que estaba ubicada en la parte alta del edificio. Por último, la entrada central daba acceso a un Aula Magna que estaba complementada por una sala de juntas. En 1808 ya estaba realizada la cimentación, construidas dos de las tres fachadas principales y las salas interiores. La invasión francesa provocó que se utilizase el lugar como cuartel de caballería y se fundiera el plomo de las cubiertas para fabricar munición.
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Por su parte, el Palacio de Villahermosa, situado en la esquina del paseo del Prado con la carrera de San Jerónimo, fue construido entre finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX. De estilo neoclásico, fue diseñado por el arquitecto Antonio López de Aguado, quien lo realizó por encargo de María Pignatelli y Gonzaga, mujer del duque de Villahermosa. El palacio del duque de Lerma, propiedad de sus homólogos de Medinaceli, también se alzaba desde el siglo XVII donde hoy se levanta el hotel Palace.
Dioses de mármol
En 1782 se instaló una de las obras más emblemáticas de la zona y de la ciudad. Se trata de la fuente de la diosa Cibeles, diseñada por Ventura Rodríguez. Su ubicación original fue junto al palacio de Buenavista e inicialmente estaba de cara a la fuente de Neptuno. Los encargados de su realización fueron: Francisco Gutiérrez, Roberto Michel, y Miguel Ximénez. Comenzó a funcionar en 1792. La Fuente de Neptuno fue también diseñada por Ventura Rodríguez en el año 1782 e instalada en 1784. En un principio estuvo situada en el extremo del Prado, mirando a la fuente de Cibeles.

La Fuente de Apolo, también llamada de las Cuatro Estaciones, fue diseñada por Ventura Rodríguez y esculpida entre 1780 y 1802 por Manuel Álvarez 'El Griego' y Alfonso Giraldo Vergaz. En 1803 se instaló en el Salón del Prado.
También se colocó en la la zona la plazuela de las Cuatro Fuentes. Estas fontanas fueron proyectadas en 1781 por Ventura Rodríguez y labradas por los escultores Narciso Aldebó, José Rodríguez, Roberto Michel, Francisco Gutiérrez Arribas y Alfonso Giraldo Vergaz. Otra fontana famosa fue la Alcachofa situada en Atocha.
Haciendo esquina en la plaza de Madrid estaba la capilla de San Fermín, construida por la congregación de Naturales del reino de Navarra. Se abrió al culto el 24 de septiembre de 1746, contenía esculturas de Mena y Salvador.
Recuperar el esplendor
La guerra de Independencia dejó la zona totalmente destrozada. El museo de Ciencias estaba muy afectado al igual que el convento de Jesús, el Jardín Botánico y numerosos palacetes. El palacio del Buen Retiro fue bombardeado y usado como campamento militar por españoles y franceses. En la tarde del 2 de mayo de 1808, ante los muros de sus caballerizas, que daban al paseo, fueron fusilados numerosos insurrectos españoles. De este complejo arquitectónico sólo quedó en pie después de los enfrentamientos el Salón de Baile -actual Casón del Buen Retiro donde se exponen colecciones del Museo del Prado- y el Salón de Reinos que albergaba hasta hace poco el Museo del Ejército.
La herida urbana que surgió en esta zona de la ciudad no se ha recuperado del todo. Las posteriores reformas la permitieron rescatar parte de su esplendor a costa de traicionar a la idea inicial de un paseo para el disfrute de los ciudadanos: se utilizó el espacio para el tránsito de vehículos. Hasta estos últimos años no se ha tomado la determinación de devolver este carácter a la zona.

En plenas disputas entre españoles y franceses, los galos se incautaron los bienes del museo de Ciencias y quisieron instalar en él un museo en honor a José Bonaparte. Sin embargo, el desarrollo de la guerra impidió que se desarrollase este proyecto y el inmueble estuvo en ruinas durante varios años hasta que se salvó a petición de la segunda mujer de Fernando VII, Isabel de Braganza. Fue cuando se planteó crear allí una sala de pintura. En 1865 se nacionalizó el Museo.
Destronada la reina, la pinacoteca pasó a llamarse Museo Nacional de Pintura. En 1871 se instala la estatua de Murillo en su plaza frente al Botánico. Y en 1899 se colocó la estatua de Velázquez en la entrada central de la pinacoteca. En 1920 se crearon 23 nuevas salas de exposición y el centro pasó a llamarse Museo Nacional del Prado.

En 1944 se derribó la escalera norte y se construyó, bajo diseño de Pedro Muguruza, un nuevo acceso bajo la puerta primitiva. En 1946 se instaló la estatua de Francisco de Goya.
En la década de los 80 se recuperó el salón de actos y se amplió la fachada mediante lucernarios. El 30 de octubre de 2007, los Reyes de España inauguraron una nueva ampliación diseñada por Rafael Moneo.
El convento de Jesús fue prácticamente destruido durante la guerra de la Independencia. Durante el reinado de Fernando VII se procedió a su reedificación. En 1836, cuando todavía no se habían acabado las obras, el edificio fue desamortizado, quedando sin uso hasta que en 1843 fue devuelto al duque de Medinaceli por derecho de reversión, quien lo cedió a las monjas del Caballero de Gracia. En 1890, tras la demolición del convento de San Antonio del Prado el convento de Jesús pasó a albergar dicha comunidad de capuchinos. En 1922, el edificio fue derribado ante la amenaza de ruina. Su lugar lo ocupa hoy la basílica de Jesús de Medinaceli, construida entre 1927 y 1930 por el arquitecto Jesús Carrasco-Muñoz Encina.
El 'Triángulo del arte'

El Palacio de Villahermosa perdió su antiguo esplendor hasta acoger en el siglo XX la sede de oficinas de un banco. Finalmente, el Estado español adquirió el complejo, que se utilizó como sala de exposiciones del Museo del Prado en los ochenta.
Fue posteriormente rehabilitado entre 1989 y 1992 como museo bajo la supervisión de Rafael Moneo. En ese momento se hizo cargo del inmueble la Fundación Thyssen-Bornemisza, que constituyó otra de las pinacotecas más importantes del mundo, junto al Prado y el Reina Sofía y que cerró el denominado como 'Triángulo del Arte'.

También el Palacio de Buenavista pasó por diversos usos tras la guerra: parque de Artillería, museo militar y palacio residencial del Duque de la Victoria y general, Baldomero Espartero, y del embajador turco Fuad Effendi. En 1848, tras una ampliación, se convirtió en la sede del Ministerio de la Guerra, del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, de la Junta Gubernativa del Montepío Militar y de la Auditoría de Guerra. En 1869 se instaló en su perímetro una verja metálica que cerró el complejo. Se le anexionaron dos cuartelillos para albergar las Direcciones de Ingenieros, Artillería, Caballería e Infantería. Sin embargo, siguió siendo palacio residencial, pues fue el hogar del general Prim. Actualmente alberga el Cuartel General del Ejército de Tierra.
Traslado de estatuas
La plaza de Madrid, donde se levanta la Cibeles, tomó en 1900 el nombre de la plaza de Castelar. Se constituyó como el punto de separación de cuatro barrios distintos de la ciudad. La fuente de Cibeles se trasladó al centro de la misma en 1895, colocando a la diosa mirando hacia Sol. Este traslado levantó mucho revuelo y críticas que se vieron reflejadas en la prensa de la época donde se dieron todos los detalles de la polémica entre el Ayuntamiento y la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ya en el siglo XX, la estatua se convirtió en el icono de la victoria del Real Madrid. En 1981 se produjo la primera restauración de la estatua. Por su parte, la fuente de Neptuno también fue cambiada de orientación en 1898.

En 1884 se construyó en el solar del palacio del marqués de los Alcañices y la capilla de San Fermín la nueva sede del Banco de España, formado tras la fusión de los bancos de San Fernando, Isabel II y San Carlos. Este edificio fue objeto de varias ampliaciones que se concluyeron en esta década.
El Jardín Botánico sufrió mucho para recuperarse. Destrozado en las primeras décadas del siglo XIX, el primer impulso de recuperación se llevó a cabo gracias a la gestión del profesor Mariano de la Paz Graells, que se convirtió en el director del Jardín en 1857. Entonces se construyó un invernadero que lleva su nombre y se colocaron estatuas en honor a Cavanilles y a Lagasca. Ya en el siglo XX, con la restauración de la democracia en España, se rehabilita completamente el Jardín, que estaba cerrado y abandonado, y en 1981 coincidiendo con el bicentenario de su traslado, se vuelve a abrir al público.
Nuevo Ayuntamiento

También se establecen en la zona el palacio de Correos y Telecomunicaciones, construido por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi en 1904 y que es la actual sede del Ayuntamiento de Madrid, y el nuevo ministerio de Marina convertido posteriormente en Cuartel General de la Armada y Museo Naval. El Ministerio de Sanidad se construyó en 1949.
A mediados del siglo XIX trazó una calle perpendicular al paseo que permitió el paso de carruajes entre el centro de la ciudad y las afueras de la Villa al este. Se trata de la calle Trajineros, que daba al parque del Retiro. Allí se colocó un monumento en época de Fernando VII al doctor Alejandro San Martín. En el solar del teatro Tívoli se edificó el hotel Ritz.

En el paseo se erigieron en 1820 varios monumentos provisionales en honor al Dos de Mayo hasta que en 1848 se construyó el obelisco a los Héroes del 2 de Mayo, en la llamada plaza de la Lealtad. De 48 metros de alto, el monumento tiene en la base una gran urna de piedra que contiene las cenizas de muchos de aquellos héroes, como Luis Daoiz y Pedro Velarde. Encima de la urna hay un medallón con las efigies de los dos capitanes.
Un poco más arriba, el obelisco está flanqueado por cuatro estatuas que simbolizan: el Valor, la Constancia, el Patriotismo y la Virtud. Frente al monumento hay pebetero en el que arde continuamente una llama votiva, instalada en 1985, cuando se decidió que el monumento fuera rebautizado para dedicarse a todos los españoles muertos por la Patria.