A apenas 30 minutos del centro de Madrid, oculto entre jardines históricos, huertas, paseos arbolados y un extenso entorno natural, se levanta uno de los conjuntos palaciegos más singulares y desconocidos de la Comunidad de Madrid: el Palacio del Infante Don Luis. Un edificio monumental que durante siglos permaneció prácticamente en silencio y que hoy vive una segunda vida gracias a un ambicioso proceso de restauración y dinamización cultural que pretende convertirlo en uno de los grandes focos patrimoniales y artísticos del oeste madrileño.
Diseñado por Ventura Rodríguez por encargo del infante Don Luis Antonio de Borbón y Farnesio —hermano de Carlos III—, el palacio constituye una de las mejores representaciones del tardo-barroco y del neoclasicismo español del siglo XVIII. Declarado Monumento Nacional en 1974 y Bien de Interés Cultural junto a sus jardines y huertas, el conjunto resume como pocos lugares el espíritu ilustrado de una época marcada por el arte, la música, la arquitectura y el pensamiento.
“Por la mayoría de los historiadores está considerado prácticamente un real sitio sin haber sido un real sitio”, explica Javier Nicolás, concejal de Patrimonio Histórico y Turismo del Ayuntamiento de Boadilla del Monte. “Tiene toda la configuración de un gran conjunto palaciego: jardines, huertas, estanque, noria, sistema hidráulico… todo ello le da una enorme importancia dentro del patrimonio histórico madrileño”.
El refugio ilustrado del infante Don Luis
La historia del palacio comienza en 1761, cuando el infante Don Luis adquirió el señorío de Boadilla del Monte y decidió establecer allí su residencia lejos de la corte. Sobre el antiguo Palacio de las Dos Torres, perteneciente al marquesado de Mirabal, encargó a Ventura Rodríguez la creación de un complejo palaciego moderno y refinado.
Durante años existió la duda de si el arquitecto había demolido completamente la antigua construcción o si había aprovechado parte de ella. Las investigaciones y trabajos de restauración desarrollados en las últimas décadas resolvieron finalmente el misterio. “Con las obras de rehabilitación se llegó a la conclusión de que Ventura Rodríguez había construido sobre parte del edificio anterior y después lo amplió”, explica Nicolás. “Eso hace todavía más interesante el conjunto desde el punto de vista histórico y arquitectónico”.
“Queremos transformarlo en un centro cultural de primera línea en la Comunidad de Madrid”
El resultado fue un edificio de planta rectangular alargada, sobrio en apariencia pero cuidadosamente concebido. La fachada principal se organiza en tres cuerpos de altura y se remata con pequeños torreones que evocan el antiguo Palacio de las Dos Torres. Construido principalmente en ladrillo revocado en tonos rosados y piedra en elementos ornamentales, el palacio transmite equilibrio, serenidad y monumentalidad.
Pero el verdadero lujo del conjunto se encontraba en sus interiores y en el paisaje que lo rodeaba. El complejo fue concebido como un espacio abierto a la naturaleza, integrado en un gran sistema de jardines aterrazados, huertas, estanques y zonas agrestes que prolongaban de manera visual la arquitectura hacia el entorno natural.
Una corte cultural en plena Ilustración

Entre 1765 y 1776, el Palacio del Infante Don Luis se convirtió en uno de los grandes centros culturales de la España ilustrada. Por sus estancias desfilaron algunas de las figuras más relevantes del arte y la cultura del momento.
Músicos como Luigi Boccherini, pintores como Francisco de Goya o arquitectos y escultores vinculados a la corte frecuentaron este espacio convertido en refugio intelectual y artístico. “Todo lo que hacemos intenta recuperar ese espíritu ilustrado”, asegura Javier Nicolás. “La música, la pintura y las actividades culturales forman parte de la esencia histórica del palacio”.
Según numerosos estudios, entre las obras de arte que albergó el edificio pudo encontrarse incluso el célebre 'Cristo crucificado' de Velázquez, hoy conservado en el Museo Nacional del Prado.
El propio infante Don Luis fue una figura adelantada a su tiempo. Hermano menor de Carlos III, mantuvo una vida alejada de las estrictas convenciones cortesanas y protagonizó numerosos conflictos familiares y políticos.
“Dentro del palacio, lo que más llama la atención es la capilla. Tiene una arquitectura maravillosa”
“Quería casarse y Carlos III no le dejaba”, relata Nicolás. “Existía el temor de que los hijos del infante pudieran tener derechos sucesorios superiores a los de los hijos del rey, que habían nacido en Nápoles”. Finalmente pudo contraer matrimonio, aunque a cambio fue apartado definitivamente de la corte madrileña y perdió el apellido Borbón para sus descendientes.
Esa vida marcada por las tensiones políticas y personales contribuyó a crear alrededor del palacio un aura singular que todavía hoy sigue despertando fascinación.
Aunque el conjunto impresiona por su escala y armonía, existe un espacio que concentra buena parte del valor artístico del edificio: “Dentro del palacio, lo que más llama la atención es la capilla”, resume Javier Nicolás. “Tiene una arquitectura maravillosa”.
Considerada una de las obras más importantes de Ventura Rodríguez, la capilla representa un extraordinario ejemplo del neoclasicismo español con fuerte influencia barroca romana. El uso de mármol, estucos y bronce dota al espacio de una riqueza decorativa que contrasta con la sobriedad exterior del edificio.
La cúpula, iluminada por óculos ovalados y coronada por una linterna ciega, recuerda directamente las grandes arquitecturas italianas de Bernini y Borromini.
Del abandono a la recuperación

Tras la muerte del infante Don Luis, el palacio perdió protagonismo histórico y fue entrando progresivamente en decadencia. Aunque durante décadas recibió visitas esporádicas vinculadas a la nobleza y a actividades cinegéticas, el conjunto terminó sufriendo importantes deterioros y transformaciones, especialmente durante el siglo XX. No fue hasta 1999 cuando el Ayuntamiento de Boadilla del Monte adquirió el edificio e inició una lenta recuperación que se aceleró a partir de 2011.
“Durante mucho tiempo el palacio estuvo cerrado y prácticamente desconocido”, explica Nicolás. “A partir de 2011 o 2012 es cuando empezamos a actuar realmente de forma continuada”. Desde entonces se han desarrollado importantes actuaciones en jardines, huertas, cocinas, galerías, cubiertas y espacios interiores.
Una de las intervenciones más relevantes ha sido la restauración del ala este y de las antiguas cocinas históricas. Los trabajos permitieron consolidar muros y bóvedas de ladrillo, recuperar acabados originales y restaurar carpinterías del siglo XVIII.
Durante esas obras también aparecieron importantes hallazgos arqueológicos. “Se constató la existencia de galerías subterráneas destinadas al abastecimiento y saneamiento del palacio”, explica el edil.
La Comunidad de Madrid ha participado además en distintas actuaciones de conservación con inversiones destinadas a consolidar estructuras, restaurar elementos históricos y mejorar espacios interiores.
“Queremos que la gente venga a pasar el día a Boadilla, disfrute del patrimonio, de la gastronomía, del monte y de toda la oferta cultural”.
La recuperación del palacio también ha incluido actuaciones en elementos singulares como la Casa de Aves y el Gallinero histórico, rehabilitados dentro de un proyecto más amplio de recuperación de espacios auxiliares y jardines. La Casa de Aves, inaugurada en 2021 tras su restauración integral, constituye hoy un caso prácticamente único en España: un espacio específicamente diseñado para albergar animales vivos dentro de un complejo palaciego.
A estas actuaciones se han sumado intervenciones impulsadas por la Comunidad de Madrid destinadas a consolidar estructuras, mejorar cubiertas y recuperar elementos históricos del conjunto. Entre ellas destacan las obras de accesibilidad, la restauración de lienzos exteriores, la rehabilitación de la escalera principal y distintas mejoras técnicas orientadas a garantizar la conservación futura del edificio.
Sin embargo, el proyecto de recuperación todavía continúa. El Ayuntamiento de Boadilla del Monte trabaja ya en una nueva gran fase de restauración centrada en la carpintería exterior, las cubiertas, la cerrajería y la consolidación estructural del palacio. “Ese será probablemente el gran paso definitivo”, señala Javier Nicolás. “Con esa actuación podremos decir que el edificio estará prácticamente restaurado al cien por cien”.
El objetivo final pasa no solo por conservar uno de los conjuntos históricos más importantes de la Comunidad de Madrid, sino también por convertirlo en un gran centro cultural y patrimonial plenamente integrado en la vida cultural madrileña.
Pero el objetivo del Ayuntamiento va mucho más allá de la mera conservación patrimonial: “Queremos transformarlo en un centro cultural de primera línea en la Comunidad de Madrid”, afirma Javier Nicolás. “Ese es el gran reto”.
El plan global de recuperación contempla inversiones cercanas a los 20 millones de euros y nuevas fases de restauración centradas en cubiertas, carpinterías, cerrajerías y consolidación estructural. “Con esa actuación podremos decir que el palacio estará prácticamente restaurado al cien por cien”, asegura el concejal.
Paralelamente, el edificio sigue ampliando su programación cultural y turística.
Un palacio vivo: exposiciones, conciertos y actividades

Lejos de ser un espacio museístico estático, el Palacio del Infante Don Luis se ha convertido en un recinto cultural vivo que acoge durante todo el año exposiciones, conciertos, visitas teatralizadas, recreaciones históricas y actividades familiares. “Nos enfocamos mucho en las familias”, explica Nicolás. “Queremos que la gente venga a pasar el día a Boadilla, disfrute del patrimonio, de la gastronomía, del monte y de toda la oferta cultural”.
Entre las actividades más populares destacan las visitas guiadas y teatralizadas al palacio, que permiten conocer las zonas rehabilitadas y revivir la historia del infante Don Luis y su corte ilustrada.
La programación expositiva también ha ido ganando peso y calidad en los últimos años. Actualmente, la Sala de Música acoge la muestra 'Matisse. El color como lenguaje' (hasta el 31 de mayo), una exposición dedicada al célebre artista francés Henri Matisse que reúne más de cincuenta piezas de su obra gráfica, incluyendo parte de su icónica serie 'Jazz'. Además, el recinto alberga exposiciones de pintura, fotografía, maquetas históricas, arte contemporáneo y muestras vinculadas a la historia del propio palacio.
Uno de los eventos que más crecimiento ha experimentado es el Belén Napolitano Goyesco, inspirado en la tradición que impulsó Carlos III y en la relación de Goya con la familia del infante. “Pasamos de unas 4.000 visitas a más de 28.000”, destaca Nicolás. “Es una auténtica barbaridad”.
A ello se suman festivales musicales como el Festival Luigi Boccherini, ferias del libro, conciertos de verano, actividades gastronómicas y recreaciones históricas relacionadas con episodios como la Batalla de Brunete.
El entorno del palacio también se ha consolidado como escenario de grandes eventos populares y culturales. La Feria de Asociaciones, celebrada en los jardines históricos, reúne cada año a decenas de colectivos locales y miles de visitantes en una jornada con talleres, actividades infantiles y exhibiciones.
En paralelo, el Ayuntamiento prepara nuevos proyectos expositivos permanentes, entre ellos una ambiciosa galería pictórica dedicada a todos los reyes de España realizada por el taller de Augusto Ferrer-Dalmau. “Será una colección única”, explica Nicolás. “Un recorrido por toda la historia de España desde Isabel la Católica hasta Felipe VI”.
Durante décadas, el Palacio del Infante Don Luis fue uno de los grandes secretos patrimoniales de la Comunidad de Madrid. Hoy, gracias a su rehabilitación y a la intensa programación cultural impulsada desde Boadilla del Monte, el edificio empieza por fin a ocupar el lugar que le corresponde. “Muchísima gente se sorprende cuando descubre el palacio”, concluye Javier Nicolás. “Nos dicen constantemente: ‘No sabíamos que existía algo así tan cerca de Madrid’”.