Seis alumnos de 4º de la ESO del IES Antonio de Nebrija han dado un paso más en la innovación educativa al lanzar su propio CanSat, un satélite del tamaño de una lata de refresco, dentro del desafío impulsado por la Agencia Espacial Europea.
El proyecto, desarrollado en el marco del programa Esero España, ha permitido a los estudiantes diseñar, construir y poner en vuelo su dispositivo en una jornada en la que han participado decenas de centros educativos.
Un lanzamiento real que pone a prueba meses de trabajo
El lanzamiento, celebrado en un aeródromo, ha sido el momento clave para comprobar si todo el trabajo técnico desarrollado durante meses funcionaba en condiciones reales. Allí, los alumnos no solo han visto despegar su proyecto, sino que también han compartido experiencia con otros equipos.
La experiencia desde dentro: aprendizaje y descubrimiento
Más allá del resultado técnico, la jornada ha dejado una huella especial en los estudiantes, que han vivido el proyecto como una experiencia única. Nicolás Zagrossi de la Osa, uno de los responsables del sistema de programación y sensores, describe el evento como una oportunidad para aprender también de otros: “Me ha parecido curioso ver que había muchos institutos participando y que no éramos los únicos. Además, ha sido interesante observar las diferentes formas en las que se han lanzado los satélites”.
El alumno destaca especialmente la diversidad de soluciones técnicas empleadas: cada equipo ha adaptado el proyecto a sus propias ideas, lo que ha enriquecido la experiencia colectiva. “Había varias formas de lanzamiento y eso te hace ver que un mismo proyecto puede resolverse de muchas maneras”, explica.
Aunque reconoce que otras opciones, como el uso de cohetes, le llamaban la atención, valora positivamente la elección de su equipo: “La del cohete también hubiera estado bien, pero creo que la opción que hemos utilizado era la mejor para nuestro proyecto”.
Por su parte, Nerea Delgado pone el foco en el impacto emocional del momento. Tras meses de trabajo en el aula, ver el CanSat en funcionamiento supuso un punto de inflexión: “Lo que más me ha gustado ha sido poder poner a prueba todo el trabajo que hemos hecho durante estos meses”.
Además, subraya el valor del aprendizaje compartido: “Ver cómo diferentes centros, con el mismo proyecto, lo han planteado de forma distinta —ya no solo en la misión secundaria, sino en los componentes o en cómo los han distribuido— ha sido muy interesante”.
La experiencia también ha tenido momentos de asombro. El entorno del lanzamiento, con medios aéreos implicados, dejó una fuerte impresión en los alumnos: “Me ha impactado mucho tener una avioneta tan cerca y ver cómo caían todos losCanSat con el paracaídas, ha sido muy chulo”, relata.
Ambos coinciden en que la experiencia ha ido más allá de lo académico. Ha sido una oportunidad para enfrentarse a problemas reales, trabajar en equipo y vivir la ciencia de forma práctica. De hecho, Nicolás lo tiene claro: repetiría sin dudarlo. “Si pudiera, lo volvería a hacer el año que viene”, afirma.
Un proyecto educativo basado en la tecnología y la ciencia
El CanSat desarrollado por el equipo, conocido como Team Rocket, ha cumplido con la misión principal del concurso: medir datos atmosféricos como presión, temperatura y altitud durante el vuelo. Además, el proyecto ha incorporado una misión secundaria centrada en analizar cómo afectan los cambios de temperatura a distintos materiales, una cuestión clave en el ámbito aeroespacial.
El lanzamiento del CanSat refuerza la apuesta por la educación STEM en centros como el IES Antonio de Nebrija, donde los alumnos trabajan en proyectos reales con aplicación científica. Este tipo de iniciativas fomentan vocaciones tecnológicas y permiten a los estudiantes desarrollar habilidades clave como el pensamiento crítico, la creatividad y la resolución de problemas.
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