www.madridiario.es

TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Chotis
Ampliar
Chotis (Foto: Chema Barroso)

De Viena a Lavapiés

lunes 03 de noviembre de 2025, 08:00h
Actualizado: 19/11/2025 18:49h

El 3 de noviembre de 1850, el Palacio Real se engalanó con luces de gas, terciopelos y espejos dorados para una velada musical que acabaría cambiando la historia del folclore madrileño. La reina Isabel II, joven aún, observaba desde su palco mientras la corte se preparaba para bailar una pieza anunciada como Polka Alemana. Nadie sospechaba que aquel ritmo importado se convertiría en el alma danzante de Madrid: el chotis.

La música sonó y los nobles giraron con precisión matemática. Un paso adelante, otro atrás. La dama giraba, el caballero permanecía. Como si Madrid, por primera vez, se atreviera a girar sobre sí misma sin moverse del sitio. Así nació el chotis, aún sin nombre propio, sobre el mármol regio. Se cuenta que Isabel II, entusiasmada, pidió repetir la pieza y que un ayudante de cámara murmuró: «Esto, señora, se baila mejor en la verbena».

El chotis se baila en pareja, cara a cara. El hombre gira sobre las puntas de los pies, prácticamente inmóvil, mientras la mujer gira a su alrededor. Todo ocurre en el espacio de una baldosa. El organillo marca el compás, constante y repetitivo. La actitud es tan importante como la técnica: altiva, castiza, con clavel en la solapa y mantón de Manila.

Aquel ritmo, nacido en los salones vieneses y traído por músicos alemanes, encontró en Madrid su destino. Lo que comenzó como una polka elegante se transformó en un giro castizo. El chotis se despojó de su acento extranjero y se vistió de mantón y clavel. Se hizo calle, se hizo pueblo. En las verbenas de San Isidro, el organillo se convirtió en rey. Las parejas bailaban sobre adoquines con la misma dignidad que en el Palacio, pero con más descaro, más chulería, más Madrid.

El salto del Palacio a Lavapiés no fue inmediato, pero fue inevitable. La música, como el agua, encuentra su cauce. Y Madrid, ciudad de contradicciones y costumbres, supo hacer suyo aquel ritmo extranjero. Lo convirtió en símbolo, en seña de identidad, en patrimonio sentimental. Tal día como hoy, Madrid no solo bailó. Se dejó seducir por un compás que, sin saberlo, se convertiría en su alma. De Viena a Lavapiés, en una baldosa, girando sin moverse.

🎧 Escucha el episodio completo en Spotify:

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios