La pesadilla de Ana Patricio comenzó hace ya cuatro años, cuando tuvo que esperar casi un año a que la operaran de un quiste en el nervio ciático por culpa de las listas de espera que produjo la pandemia de la Covid-19. Con la operación, el “dolor eléctrico del nervio ciático se le quitó, pero todavía tenía dolor” y fue entonces cuando arrancó una lucha constante para conseguir desvanecer esas dolencias en una unidad del dolor. Sin embargo, a día de hoy, Patricio sigue esperando a su primera cita.
A Ana Patricio le corresponde el hospital Ramón y Cajal, uno de los centros que, según CCOO, cuenta con una lista de espera de dos años para cirugías no preferentes. Quizás por ello, Patricio decidió que le operaran en el hospital de La Princesa y agilizar así todo, pero el problema llegó este mes de marzo cuando recibió una carta que anulaba su cita para el mes de julio en la unidad del dolor del hospital La Princesa: “En agosto de 2023 me mandaron a la unidad del dolor y me dieron cita para julio de este año. Pero en marzo recibí una carta donde anulaban mi cita y fue un disgusto tremendo porque solo me faltaban cuatro meses para entrar en la unidad de dolor y otra vez volvía a lo mismo con la excusa de que la unidad de dolor no era de elección. A mí me da igual un hospital que otro”, señala.
Patricio pasó de la ilusión de ver como en cuatro meses iba a tener la primera cita de la unidad de dolor tras más de tres años de espera -desde la operación- y con fuertes dolores, a la desesperación de volver al punto de partida porque no solo le quitaban de la lista del hospital de La Princesa, sino que no le conservaban la fecha para el Ramón y Cajal. “La única solución que me ofrecieron era volver a empezar, es decir, tenía que pedir cita para el traumatólogo y me daban para 2025, sin saber si me mandaría al neurocirujano o a la unidad del dolor directamente”, confiesa.
La eterna espera para poner solución a sus dolores se ha convertido en todo un quebradero de cabeza para Patricio, que está harta de aguantar: “Cuando me mandaron la cita fue una alegría tremenda y de pronto me la quitaron y paso a ser un disgusto que me ha llevado a tener depresión. Llevo tres años y medio con dolor y no te soluciona nada nadie. No somos números, somos personas”.
Durante todo este tiempo, Ana Patricio ha estado de baja y “perdiendo dinero” al cobrar tan solo la parte proporcional. Por ello, su mayor deseo es “ir a una unidad de dolor” para que solucionen sus dolencias y “volver a trabajar”, ya que nunca se ha planteado la incapacidad permanente. Su puesto como clasificadora en Correos fue adaptado cuando se incorporó a los dos años de la operación, sin embargo, Patricio terminaba su jornada laboral coja y con fuertes dolores al no poder estar “sentada ni de pie” durante mucho tiempo y tuvo que volver a coger la baja seis meses después porque “no puedes darte la baja antes por lo mismo”, así que aguantó durante cinco meses y un mes de vacaciones y me dio de nuevo de baja.
Hace dos semanas, de forma desesperada, Patricio realizó un escrito denunciando su situación, por el cual, le han otorgado una cita para el mes que viene. Como Ana Patricio en España alrededor del 26 por ciento de la población sufre dolor crónico, según el barómetro de la Fundación Grünenthal que analiza los nuevos datos sobre el impacto de esta enfermedad en el país.
Tal y como han denunciado desde CCOO, las unidades de dolor de los hospitales del Servicio Madrileño de Salud (Sermas) acumulan listas de espera de hasta dos años para la primera consulta. Entre los hospitales de tercer nivel -centros de referencia- tan solo el Hospital Puerta de Hierro se encuentra dentro de criterios “aceptables” con 37 días de espera. Para CCOO, el problema se produce por la escasez de personal y, en muchos centros, por la falta de estructuras propias para atender a estos pacientes. “Está creando un tapón. El dolor crónico es un dolor que dura o se repite durante meses o años”, critican.

Para llegar a esta conclusión, CCOO ha realizado un muestreo de los hospitales tras las numerosas reclamaciones de usuarios y secciones sindicales por las listas de espera “eternas”. “Los datos constatan efectivamente que la listas de espera en las unidades de dolor están por encima de las condiciones óptimas. Hemos visto que hay un déficit de personal importante y también hemos detectado que hay unidades de dolor que ni siquiera tienen las infraestructuras necesarias”, protesta Marisol Castro, de la Federación de Sanidad de CCOO Madrid.
Según Castro, algunos de los hospitales no tienen ni un quirófano, un hecho, que es “imprescindible” porque algunas de las intervenciones y procedimientos de estas unidades de dolor se realizan en estos espacios como los bloqueos de dolor en las vértebras por dolores de espalda, que son “los dolores más habituales en estas unidades”.
Estas unidades de dolor reciben pacientes del 50 por ciento del resto de especialidades. Es decir, “un traumatólogo puede derivarte a la unidad de dolor por una molestia en la espalda, un neurocirujano después de una operación que ha dejado un dolor residual o, incluso, un dermatólogo puede derivar a esta unidad por algún tipo de enfermedad en la piel”.
Condiciones "óptimas"
“El hospital La Paz, Ramón y Cajal o Gregorio Marañón son centros referentes en muchas patologías y a sus unidades vienen pacientes de toda España y, a veces, también necesitan intervenciones en estas unidades de dolor aunque luego se vuelvan a sus respectivas comunidades autónomas y les atiendan allí, pero a lo mejor durante un tiempo, mientras tratan sus enfermedades tienen que hacer uso de esa unidad”, explica Castro haciendo alusión a la falta de personal e infraestructuras de estos centros en comparación con el hospital Puerta de Hierro.
El hospital Puerta de Hierro está en el top de una gestión óptima con 268 intervenciones y procedimientos mensuales. En la unidad de dolor de este centro la espera es de 37 días, se dan 170 altas mensuales y un 23 por ciento de los pacientes que recibe vienen derivados de Atención Primaria. En este mes de mayo había registrados 306 pacientes en lista de espera para una unidad que dispone de quirófano, tres enfermeras, una TCAE, dos anestesistas y un rehabilitador.
Otro de los centros sanitarios que “supera los cánones de gestión óptima recomendada, aunque en menos medida”, es el hospital Ramón y Cajal. En este centro la lista de espera, tal y como señalan desde CCOO, es de seis meses para la primera visita, de seis a ocho meses para cirugía preferente, pero - por el contrario - los pacientes y usuarios se ven obligados a esperar casi dos años cuando se tratan de cirugías no preferentes, que son el 90 por ciento de los casos.
El área de referencia de este hospital es el que más usuarios tiene asignados de todos los centros del Sermas, ya que cuenta con un total de 1.200.000 ciudadanos y ciudadanas censadas en Barajas, Ciudad Lineal, Hortaleza, San Blas, hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Heneraes, hospital universitario de Torrejón de Ardoz y el de Henares.
Los hospitales con más lista de espera
Entre los hospitales con peores condiciones se encuentra el hospital de La Princesa, a pesar de ser la opción más rápida para Ana Patricio. La lista de espera de este centro para una primera visita es de un año y seis meses y para entrar a quirófano, una vez que le han diagnosticado y prescrito tratamiento, es de tres meses. Por la unidad, que cuenta con seis médicos, dos enfermeras, dos TCAEs y un auxiliar administrativo, pasan al año 9.000 pacientes y atiende a 30 pacientes por día en tratamiento.
CCOO considera que hay un “déficit de personal para el turno de mañana de tres médicos más, un TCAE, una enfermera y un auxiliar administrativo para el tumor de mañana o de tarde”.
Por su parte, el hospital Gregorio Marañón consta de dos enfermeras, entre una y dos TCAEs y tres consultas de anestesistas. Desde la petición de interconsulta hasta la primera visita de los pacientes esperan entre ocho y nueve meses. Tras las consultas, la espera para tratamiento iontoforesis - un método terapéutico con la capacidad de introducir compuestos químicos o moléculas ionizadas en el interior de la piel- y para bloqueos en quirófanos se tarda entre cuatro y cinco meses.
Sobre las listas de espera del hospital de La Paz no existen datos, ya que según han confirmado desde CCOO, la dirección del centro se habría negado a facilitar dichos datos. Durante el pasado año se registraron 1.142 consultas en esta unidad y los profesionales refieren que están desbordados y que la espera ronda los dos años. Lo mismo ocurre en el hospital Clínico San Carlos, donde no han facilitado los datos.
Además, el problema se agrava porque “todas las especialidades del hospital acaban en la unidad de dolor” ampliando su lista de espera. Según Luis Mancera, delegado de CCOO en el hospital Ramón y Cajal, esta “calamidad” se produce porque las listas de espera para cirugías traumatológicas también son largas y los especialistas derivan a sus pacientes a las unidades de dolor con la intención de minimizar sus dolencias. “Pasa en cirugía y en todas las especialidades, las unidades de dolor se acaban colapsando y eso es lo que está pasando”, aclara.
Para Mancera, el inconveniente está en la falta de inversión y de personal en la sanidad madrileña. “Reivindicamos una plantilla acorde. Es verdad que dicen que desde 2018 han ampliado el número de enfermeras, pero la población también ha crecido un 15 por ciento y nosotros estamos con una plantilla similar y con bajas sin cubrir, a pesar de las tasas de reposición que no vemos que se cumplan”, explica.
La solución para agilizar la lista de espera de la unidad de dolor, según Mancera, pasa por poner una reclamación en atención al paciente, como hizo Ana Patricio, ya que en “muchas ocasiones” se adelantan las citas o “se canalizan a otros hospitales” con listas de espera menores. “A nivel global, CCOO ya ha denunciado que se está derivando a clínicas privadas y el presupuesto se podía aplicar para atender a nuestros pacientes, pero eso es un problema mayor”, afirma Mancera.
La Comunidad busca mejorar la asistencia
La atención adecuada al dolor es una actuación transversal a todos los niveles asistenciales, necesitando, por tanto, una coordinación institucional. Para ello, la Consejería de Sanidad cuenta con una estructura organizativa que se materializa a través de los Comités de Atención al Dolor presentes en todas las gerencias asistenciales. Así, desde el 2011 se incluyeron objetivos dedicados a la mejora de la atención al dolor en el contrato programa y en 2017 se publicó la primera Estrategia de atención al dolor.
Actualmente, se ha presentado el segundo documento estratégico con el fin de mejorar la atención prestada a los ciudadanos que sufren dolor y cuya vigencia se extenderá hasta 2027. Consta de 11 líneas estratégicas, 34 objetivos y 148 actuaciones y está coordinada desde la Subdirección General de Calidad Asistencial y Seguridad del Paciente.
Desde la Comunidad de Madrid aseguran que continúan "buscando mejoras en todos estos paramentos asistenciales que se reflejan en las listas de espera, y en donde Madrid se sitúa a la cabeza en cuanto a los menores tiempos de espera posibles".