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Mercedes Navío Acosta, responsable de la Gerencia Asistencial de Hospitales de la Comunidad de Madrid, en la Jornada sobre Salud Mental de Madridiario.
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Mercedes Navío Acosta, responsable de la Gerencia Asistencial de Hospitales de la Comunidad de Madrid, en la Jornada sobre Salud Mental de Madridiario. (Foto: Chema Barroso)

Mercedes Navío nos enseña por qué no somos normales (y no pasa nada)

martes 10 de octubre de 2023, 07:52h
Actualizado: 13/10/2023 11:36h

Nos citamos para tomar un café que no llega a pedir. Espero a Mercedes Navío, gerente asistencial de Hospitales en el Servicio Madrileño de Salud, con un ejemplar de su libro recién publicado, Felices los normales, y un montón de preguntas. Tiene prisa y temo que se me queden algunas en el tintero, no me gustaría tener que elegir. Toma aire y se concentra para responder a la primera pregunta. De repente ha pasado una hora en la que ningún camarero se ha atrevido a interrumpir. La charla es casi tan interesante como su libro…

¿De verdad nadie es normal visto de cerca?

Todos tenemos una singularidad específica y no somos reducibles a ninguna etiqueta. Es en ese sentido en el que digo que nadie visto de cerca es normal.

¿Le siguen dando más miedo los cuerdos que los locos?

Sí. Aquellos que consideran que no albergan nada de fragilidad son mucho más temibles.

Si el cuerpo siempre lleva la cuenta, ¿estamos muy lejos todavía de una medicina más integrativa que atienda el correlato entre la mente y el cuerpo y viceversa?

Somos un todo: mente, cuerpo, espíritu… Por eso es tan importante la mirada integral, holística de la persona. Todo aquello que difícilmente podemos poner en palabras nos pasa factura. Es una forma metafórica de hablar de aquello que nos es difícil nombrar como una fuente de sufrimiento. En ocasiones, efectivamente, nos puede pasar factura en lo físico.

La definición de salud de la OMS, ¿ha hecho a muchos desgraciados?

Bueno, el libro hace una cierta recreación y lo lleva al exceso para poder ver lo que tiene de tiránico el ideal de felicidad completo y permanente. Es una exigencia inhumana. Creo que está bien como la enunciación de una aspiración a la que hemos de tender pero en la medida en que eso que es una aspiración se convierta en un imperativo, puede hacer daño. El dolor es un elemento común a todas las vidas en algún momento. Es consustancial a la condición humana.

¿Hasta qué punto son importantes los vínculos?

Los vínculos significativos, auténticos, son los que nos salvan a todos y nos hacen iguales en nuestra singularidad. Porque esa es una necesidad universal, la de vincularse es una necesidad universal de todos. Los vínculos nos alimentan, son nutritivos emocionalmente y son los que nos permiten crecer y vivir.

En ocasiones las personas afrontan experiencias de adversidad. Cuando hay experiencias de adversidad o trauma durante años, demasiado pronto, demasiado intenso o demasiado prolongado, se daña a las personas y más cuanto más temprana sea esa adversidad. Aunque es recuperable en la mayoría de las ocasiones, porque además de tener fragilidad, el ser humano también cuenta con fortalezas.

El neuropsiquiatra francés Boris Cyrulnik, padre de la resiliencia, decía que una adversidad es una herida que se escribe en nuestra historia pero no es un destino. El destino lo construimos. Los vínculos son las vacunas de lo emocional, lo que permite amortiguar las experiencias traumáticas y nos permiten hacernos más elásticos. Hacen posible reconstruir los puentes.

Las experiencias traumáticas rompen los puentes de comunicación con uno mismo, con los demás y con la idea del mundo como un lugar seguro al que uno pertenece. La experiencia traumática te quita esas tres cosas: te quita la posibilidad de poner nombre al sufrimiento y de tener una relación contigo mismo que te devuelva una imagen valiosa de ti; rompe las relaciones con el otro porque rompe la confianza en el otro; y, además, rompe nuestra idea del mundo como un lugar seguro del que ser partícipes y al que pertenecer. Los vínculos, la construcción de vínculos, la reparación permite restablecer la relación con uno mismo, con el otro y volver a reconstruir la idea del mundo como un lugar seguro.

¿Es más fácil librarse del odio que de la ambivalencia de la violencia y la ternura?

La ambivalencia, ese quiero y no quiero es algo que forma parte de cómo nos relacionamos con el mundo y con las personas, de los vínculos que establecemos. Cuando andan, de alguna forma, entrelazadas es más difícil liberarse. Esto tiene que ver con también con la experiencia traumática. En ocasiones no se entiende porque alguien a quien una persona está haciendo daño se aferra a las relaciones tóxicas. La literatura científica y no científica ilustra que en ocasiones la fuente de potencial agresión es también una fuente de seguridad, por muy paradójico que resulte. Y eso explicaría por qué algunas relaciones tóxicas y destructivas no se acaban, porque la persona que está sufriendo esa experiencia también tiene como única fuente de seguridad a esa otra persona.

Afirma en el libro que las monjas son las mujeres más libres que ha conocido porque no han tenido que someterse al poder de los hombres. ¿Ha sentido, en determinados momentos de su vida, que ha tenido que someterse a ese poder de los hombres?

El libro es una memoria de ficción con aspectos autobiográficos claros y también recreaciones. Las mujeres consagradas, sobre todo en un momento histórico de nuestro país, eran en mujeres muy libres que se habían emancipado, que habían conocido el mundo y habían tenido proyectos vitales elegidos y libres. En el libro intento trasladar la complejidad moral del mundo y huir de las visiones dicotómicas, de las simplificaciones, de los sectarismos de todo aquello que además termina haciéndonos daño. Ninguna persona es reducible a una identidad, a una vertiente sola, todos somos seres humanos complejos.

¿Cuándo un psiquiatra tiene que saber perder en favor de sus pacientes?

Muchas de las personas más dañadas que han vivido experiencias de abuso, negligencia, de adversidad... en definitiva, en las que ha habido una asimetría enorme que las ha dejado en indefensión porque han sufrido un ejercicio de poder en la relación que podríamos denominar tiránico. En ocasiones, para ellos la consulta del psiquiatra es un lugar donde poder recrear una relación de asimetría que en lugar de ser abusiva, es protectora y en la que no se está disputando el poder, sino en la que te están dando espacio para que puedas retomar el sentido de agencia de tu propia vida y puedas realmente pensar en tu propio proyecto. A eso lo llamamos experiencia emocional correctora, porque de alguna forma devuelve la confianza en las relaciones más personales, más íntimas. El psiquiatra ahí renuncia al poder en favor de que la persona retome el pulso de su vida y su sentido de agencia.

¿Qué les duele tanto a los chavales de hoy en día para autolesionarse o para no querer vivir?

Muchos factores pueden estar influyendo en este momento en el incremento de este malestar, de este dolor, particularmente en las generaciones más jóvenes. La pandemia supuso una gran suspensión de certezas que los adolescentes acusaron aún más en una etapa en la que uno necesita certezas justo cuando están madurando los mecanismos de defensa y de afrontamiento del estrés. En esa etapa se es muy dependiente de la vida, de la mirada de los demás para poder validarse. Y en esa etapa, de pronto, tenemos que confinarnos y se dificultan las formas de relacionarse con sus iguales.

Además, dos o tres años en la vida de un ser humano adulto no es lo mismo que dos años en la vida de una persona que está empezando a abrirse al mundo en plena adolescencia. También entiendo que las redes sociales han podido jugar algún papel en muchas ocasiones para bien y, en otras, no tanto, en la medida en que podían amplificar algunos factores de riesgo.

Pero ustedes, los psiquiatras, cuando empezó la pandemia y nos encerraron, ¿no lo vieron venir?

El fenómeno del incremento del malestar emocional en etapas tempranas adolescentes ya estábamos empezando a verlo antes de la pandemia. Lo que ha hecho la pandemia ha sido intensificar y ampliar ese fenómeno. El incremento del problema de la salud mental en adolescentes es un fenómeno no solo nacional e interautonómico, sino internacional. El mundo occidental está viendo fenómenos como este, como el que estamos nosotros. Probablemente no esperábamos que el incremento se produjera con esta dimensión, fue una sorpresa para todos, afortunadamente. Y dentro de que la situación no está resuelta, ha ido mejorando y tendiendo a la estabilización.

¿Hasta dónde podemos llegar para prevenir el suicidio?

El suicidio es prevenible y evitable y sobre eso hay mucha evidencia científica. Un porcentaje importante de las personas que intentan suicidarse, en torno al 90 por ciento, se cree que padece alguna enfermedad mental. De ellas, la más prevalente es la depresión seguida muy probablemente de las adicciones. Luego hay un porcentaje de este fenómeno que se da en situaciones de vivencia de hostilidad del medio por diferentes motivos. Y ahí nos encontramos todas las experiencias de exclusión.

¿Hasta dónde podemos llegar como sociedad? Hasta la implantación de planes de prevención eficaces con vocación multinivel en donde todos, no sólo el ámbito sanitario, sino todos los agentes sociales jugamos algún papel: profesores, policías, bomberos… La sociedad en su conjunto, los medios de comunicación luchando contra el estigma y el tabú que durante mucho tiempo ha silenciado la salud mental y de lo que se trata, en última instancia, cuando intentamos prevenir el suicidio es de que nadie tome esta decisión porque no tenga otra. Y ese es el límite. El límite es que nadie se encuentre en una situación de sufrimiento que experimente como invivible y que no tenga otra alternativa. Nuestra obligación es que todo el mundo tenga alternativas.

¿Por qué la acción es el mejor remedio contra la angustia?

Esa es una expresión de la narradora del libro. No todo el mundo tiene por qué compartir esa vivencia. La narradora del libro, efectivamente, conoce la acción como uno de los mejores remedios para la angustia porque te da una visión de ti como alguien que ha recuperado su sentido de agencia, su autonomía.

Otra frase del libro afirma: “Tuvieron que quererme mucho para quererme como soy”. Y claro, viendo las cifras de hoy en día en salud mental, ¿quiere decir que no nos estamos queriendo bien?

No, yo no haría nunca esa extrapolación porque todos somos iguales en nuestra diferencia. Sí tenemos aspectos comunes y distintivos, singulares. Aquí arrancaría quizá con la reparación, cómo los demás nos ayudan a prepararnos con los vínculos auténticos.

¿Cuánta verdad puede soportar un ser humano?

Pues ahí también hay otra paradoja. Todos necesitamos un alineamiento auténtico con nosotros mismos y a eso es a lo que yo llamo verdad y está directamente relacionado con el encontrar un sentido a la propia vida. En el capítulo al que se hace referencia se habla de que en ocasiones la verdad, sobre todo en experiencias extremas, puede llegar a ser muy, muy dolorosa, demasiado como para afrontarla en solitario. De nuevo, los vínculos y las personas que nos rodean pueden ayudarnos a afrontarla. Los seres humanos necesitamos verdad porque el autoengaño nos mata. Pero en ocasiones necesitamos compartir esa verdad.

¿La felicidad de los normales es una gran mentira?

Todos tenemos experiencias dolorosas a lo largo de la vida. La felicidad puede llegar a ser un absoluto tiránico que nos haga mucho daño. Como aspiración es muy útil pero como tiranía es muy destructora.

¿Ha cumplido el objetivo que buscaba al escribir este libro?

La experiencia de la escritura y de la literatura es una experiencia que tiene una dimensión sanadora que como psiquiatra siempre he defendido. De alguna forma este libro es, además de una experiencia catártica, un alegato en contra del estigma de la salud mental que me parecía una contribución que podía hacer desde una posición de no superioridad. Algo de del valor añadido que pueda tener este libro es que pueda ser útil a quien lo lea para aminorar su sentimiento de soledad, para que sepa que no está solo de verdad. He intentado que el libro fuera honesto, que no fuera un ejercicio de autocomplacencia y que de alguna forma fuera fiel a uno de los principios básicos de cualquier médico: no hagas daño. Ese ha sido mi intento de ser útil a los demás y de una forma auténtica, desde un ejercicio de honestidad personal y no de egolatría, autocomplacencia o autoengaño.

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