‘Todo el mundo ama a Isabel’ reza el primer sencillo del disco Morir en primavera de Loquillo y los Trogloditas, que vio la luz en 1988.
Más de 30 años después, bien podríamos encarnar el título de esta canción en la líder madrileña. Isabel Díaz Ayuso es la mujer del momento, la Chanel de la política en la que todos se fijan, persona amada por unos, envidiada por otros y odiada por los que su existencia merma cada vez más su éxito político.
Y es que, lejos de morir en primavera, Ayuso revive la apoteosis de aquel 4 de mayo que supuso el renacimiento de una nueva movida madrileña, una revolución de libertad que viene a ser el dique de contención de un Gobierno de España que no sabe qué es España, que genera incertidumbre y que gobierna desde el resentimiento y el sectarismo.
Un año después, lo ha vuelto a hacer como solo ella sabe. Ha vuelto a convalidar la ilusión, la frescura y una motivación sin precedentes. Díaz Ayuso toma las riendas de un PP de Madrid rebosante de aire renovado con un proyecto de prosperidad para Madrid que ha de ser germen de contagio para España, con la libertad individual como eje de acción para poner freno al intervencionismo de un Gobierno de la nación que gobierna para nadie.
No hay truco oculto en la pasión que levanta Ayuso: los pies en el suelo, las suelas gastadas y las alas abiertas. Oportunidades frente a la subvención de pobreza, recompensa del esfuerzo contra la apología del suspenso y más convivencia que vence al resentimiento. Todo ello, junto al sentido común no son cosas menores, pero tampoco misterios de ‘Cuarto milenio’.
Ayuso ya es la lanzadera de Núñez Feijóo, quien añora para España los aires de libertad que respira Madrid. El legado de Pedro Sánchez no es otro que la pobreza, la desigualdad y la división de ciudadanos hartos de una realidad tan decadente como distorsionada, una realidad que ni Valle – Inclán pudo imaginar.
Para consuelo de los lectores, el camino ya ha empezado. El PP de Feijoo es la única alternativa clara que aúna los anhelos de los españoles, la esperanza de un futuro próspero y la esperanza de una España que no puede aguantar más, el horizonte donde cada ciudadano decide su porvenir. Ese es el cambio que necesita España y que romperá los grilletes del ‘sanchismo’ a cambio de herramientas que le permitan soñar sin temer al futuro.
Desde las alturas del Falcon se deforma la visión de España. Por muy alto que vuele Sánchez, los españoles seguirán estando muy por encima de su Gobierno, los mismos que una vez más darán lo mejor de sí mismos para que España vuelva a ser España.