Los próximos días 27 y 28 de noviembre se celebrará el primer plenario de Más Madrid de la capital, un plenario que trazará nuestra ruta hacia Cibeles y los próximos pasos para la consolidación de nuestra organización en la ciudad. En este periodo de algo más de un año, Más Madrid desplegará un proceso de diálogo con la sociedad civil, de movilización y elaboración programática para conseguir un Ayuntamiento progresista que encare la necesaria modernización de Madrid después de esta legislatura fallida.
Que la apuesta electoral encabezada por Manuela Carmena e Íñigo Errejón diera paso a una organización basada en el protagonismo de la participación militante, con voluntad de arraigar en la sociedad y desarrollarse a largo plazo, era una aspiración ampliamente compartida entre quienes dieron vida a la candidatura en Madrid. Esa voluntad se incorporó al compromiso que alcanzamos en 2019 y se concretó en la primera asamblea donde se adoptó el actual modelo organizativo.
Una apuesta por la participación que no ha supuesto una merma en la eficacia electoral. Más bien al contrario. Si en mayo de 2020 algunas encuestas situaban a nuestra organización en el 8% de intención de voto, un año y medio después de nuestra primera asamblea y del cambio de portavocía en el grupo municipal todos los sondeos duplican esa previsión, creciendo y acercándonos al espectacular resultado alcanzado por Manuela Carmena.
Si lideramos la oposición en el Ayuntamiento y en la Comunidad y podemos plantearnos ganar las elecciones municipales de 2023, es porque hemos sido capaces de poner en marcha una gran organización. Y si lo hemos hecho con tanta convicción es porque somos conscientes de algunos de los errores que hemos cometido en los últimos años.
La ‘nueva política’ envejeció prematuramente. Con este término se hacía referencia a las fuerzas políticas irrumpen en la escena política tras la efervescencia del 15-M, recogiendo en alguna medida sus aspiraciones de regeneración democrática y de superación del bipartidismo en sentido amplio, incluso cuestionando la dicotomía izquierda/derecha.
Las fuerzas de la nueva política también reaccionaban a algunos de los aspectos organizativos y dificultades del movimiento para consolidar espacios organizados con un mínimo de estabilidad y operatividad que les permitieran “ir más allá de las plazas”: agobiadas por la inmediatez y las exigencias de las contiendas electorales, estas nuevas organizaciones sustituyen la democracia deliberativa y la dispersión del poder por el plebiscito y los hiperliderazgos. El plató sustituye a la plaza, el líder a la multitud.
En el plano organizativo, la respuesta a las viejas estructuras asociativas y de partido no se concreta tanto en una democratización o modernización de las formas de organizarse como en una disolución de las estructuras en favor del poder carismático y mediático.
Tras el primer impulso que llevó a estos grupos a las instituciones el resultado ha sido una rápida evolución hacia su transformación en plataformas de cargos públicos, absorbidos por una enorme carga de trabajo y la intensa dinámica institucional, sin organizaciones sólidas y participadas que les den soporte, ante las que rendir cuentas, y que las conecten con la sociedad.
La democracia se sostiene sobre una sociedad articulada social y políticamente. La desafección política no es un problema de quienes deciden no participar. Son necesarias organizaciones políticas que estén a la altura de nuestra época para que esta se despliegue en un marco de derechos y libertades, cada vez más amplio e inclusivo. Son imprescindibles, además, para el impulso de políticas públicas que, respondiendo a algo más que a los intereses individuales inmediatos, den respuesta a cuestiones tan cruciales como la desigualdad, la crisis climática o la defensa de la democracia frente al ascenso de las opciones autoritarias.
La tentación de otro movimiento de péndulo hacia la recuperación de las formas de partido más rígidas y encorsetadas no parece una salida. Tenemos que ser capaces de construir las herramientas adecuadas, teniendo en cuenta los errores del pasado y siendo capaces de innovar políticamente. Eso de que “todo está inventado” es una falsedad que se usa de excusa para no hacer el esfuerzo de inventar nada nuevo. Creatividad, imaginación y experimentación deben anudarse con el pragmatismo y el sentido práctico necesarios para construir las fuerzas políticas del futuro de nuestra democracia.
El proceso de construcción de las fuerzas progresistas para el futuro debe orientarse en este sentido: espacios diseñados para el largo plazo y para devolver a la ciudadanía el protagonismo entregado por cuestiones tácticas a las figuras carismáticas y a los modelos organizativos que les son propios. Esto no quiere decir que no valoremos la importancia de candidatas o líderes. Hemos tenido y tendremos las mejores. Es obvio que el buen resultado del 4 mayo de 2021 tiene mucho que ver con una candidata brillante, con un muy buen planteamiento de campaña y una organización volcada, capaz de convertirse con un solo año de vida en la que más presencia militante tuvo en las calles de Madrid. Además, las asambleas de Más Madrid en la ciudad duplicaron su número de activistas en esa campaña.
Si estamos haciendo este esfuerzo es para construir una fuerza pegada al terreno, arraigada en la sociedad civil, que es la primera que llega cuando hay un problema o una necesidad en el barrio. Una organización que tenga claro también que no se trata de ser la mejor oposición, sino de ser capaces de transmitir un proyecto de ciudad, una estrategia de transformación y de visualizar la ciudad que queremos para nosotros y para nuestros hijos. Una nueva organización y también una nueva cultura política progresista.
La tarea es necesaria al tiempo que enormemente compleja. Sin embargo, también contamos con factores muy favorables: una ciudadanía activa, formada e informada y un nivel de exigencia democrática templada a lo largo de décadas de innovación política de las multitudes. También contamos con una militancia que en unos momentos muy difíciles apostó por un camino de muy largo recorrido. Los resultados, en poco más de un año, son prometedores.