Enlazados por la historia de Tick, una dragqueen que se
decide a conocer al hijo que tuvo seis años atrás, arrastrando en la aventura a
la veterana Bernardette y al descerebrado Felicia, van apareciendo los grandes
éxitos musicales de las tres últimas décadas. La puesta en escena está llena de
color y locura, con un vestuario delirante pocas veces visto en un escenario
madrileño.
Para recorrer Australia los tres protagonistas compran Priscilla, un viejo autobús que roba
casi todo el protagonismo de la producción. En las distintas paradas las
"chicas" comprobarán que no siempre su diferencia es bien tolerada. Aunque
acabarán encontrando el amor.
El libreto es ligero, con un canto a la tolerancia por
encima de géneros y sexos. El plato fuerte de este espectáculo lo constituyen
la música y las coreografías. Es difícil permanecer amarrados a la butacas
cuando suenan "It's raining men", "Go west", "I will survive" o "Like a prayer".
Para ellas -y para toda la banda sonora- son fundamentales las divas, tres
formidables cantantes permanentemente colgadas en escena. Como mandan los cánones
del género, también los protagonistas tienen sus momentos musicales
individuales. En ellos destaca Jaime Zatarain cantando "MacArthur Park",
auténtica joya de los setenta que popularizó Donna Summer. Sin embargo en 1968
ya hizo una grabación estremecedora el actor Richard Harris. Aquí, obviamente,
se opta por la versión más discotequera.
Aunque el autobús domina casi toda la escena, se producen
con precisión los cambios imprescindibles para ubicar las distintas paradas. El
ritmo no decae en ningún momento y las dos horas y media transcurren sin que
uno se dé cuenta.
La elección del reparto parece irreprochable (¿dónde no
hay un lunar negro?) con un cuerpo de baile dynamico y entregado mientras que
los demás actores del reparto se multiplican en multitud de tareas. Entre ellos
están nombres tan solventes como David Venancio Muro y José Navar. Pero, claro,
están "ellas": Mariano Peña, Jaime Zatarain y Christian Escuredo. Tres
personalidades explosivas entregadas hasta la extenuación en crear espectáculo.
Mariano Peña hace una composición formidable. Recuerda los grandes actores
españoles de los 50 -Antonio Casas, Toni Leblanc, Manolito Díaz...- capaces de
embarcarse en cualquier género con un talento que no siempre les fue
reconocido. A Mariano, que viene un arquetipo televisivo disparatado, no le faltarán elogios por su
arrojo y por ser capaz de bailar con tacón de aguja subido a un mostrador.
Zatarain, por su paternidad, es una "loca" un poco más comedida, a mitad de
camino entre los extremos de sus compañeros. Pero, como se dice popularmente,
quien se queda con el santo y la limosna es Christian Escuredo, como Felicia.
Pura electricidad desde su primera aparición, energía desbordante y, además,
cantando y bailando estupendamente. No cabe duda de que es un perfecto artista
del musical con el que habrá que contar mucho a partir de ahora.
"Priscilla" es una inyección de adrenalina, espectáculo
sin cortapisas, una dosis de alegría de vivir. No piensen que, por estar
protagonizado por drags no va a interesarle... lo que hará será divertirle
durante dos horas y media. Y eso, en estos tiempos...