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Alfredo Landa, abanderado del 'landismo'

jueves 09 de mayo de 2013, 00:00h
Actualizado: 09/05/2013 18:06h
El cine español tiene un subgénero que se conoce como el 'Landismo'. Son comedias intrascendentes, de humor fácil y gran aceptación popular. Deben el nombre a un actor pamplonés que acaba de desaparecer: Alfredo Landa.

Retirado del cine y la vida social desde que apareció en la película 'Luz de domingo', sus dificultades cognitivas se fueron deteriorando progresivamente y se pusieron en evidencia en el discurso de recogida del Goya de Honor.

Alfredo Landa estuvo en activo durante casi medio siglo. Aunque apareció muy joven en el teatro, acabó dedicándose casi en exclusiva  al cine, con incursiones esporádicas en las series de televisión.

Por su procedencia familiar, nadie podría relacionar a este intérprete con el mundo del espectáculo. Hijo de un comandante de la Guardia Civil, que falleció en 1950, por el destino de su padre nació en Pamplona y allí vivió sus primeros años. Su madre, Emilia, era de Navarra. Cuando le llegó la hora de entrar en la universidad, en San Sebastián, se decidió por la carrera de Derecho. Pero a la vez que comenzaba a familiarizarse con ese ambiente, lo hizo con el teatral gracias al grupo universitario en cuya fundación participó y con el que intervino en más de cuarenta estrenos. Con sólo 17 años intervino en la representación de una comedia titulada 'El verdugo de Sevilla' y se le despertó la vocación, aunque para dedicarse profesionalmente a ella tuvo que trasladarse a Madrid en octubre de 1958.

Sus primeros contactos fueron con la interpretación de doblaje antes de ser contratado para el pequeño (y ya desaparecido) teatro Recoletos, en el que debutó en 1960. Un año después obtendría el  primer triunfo personal en la comedia 'La felicidad no paga impuesto de lujo'. Durante una década apareció con regularidad en producciones escénicas, destacando, entre sus trabajos, el estreno de una de las comedias más populares de Miguel Mihura: 'Ninette y un señor de Murcia'.

Sin embargo el éxito en la gran pantalla lo alejó  progresivamente de los escenarios. Retornó esporádicamente al  eatro para protagonizar 'Yo quiero a mi mujer' (1977), un espectáculo con ilustraciones musicales que no obtuvo una especial acogida por parte del público y de la crítica. Así que los últimos treinta años de su carrera ha trabajado solamente para la televisión y el cine.

Poco después de sus primeros trabajos escénicos, Alfredo fue reclamado por José María Forqué para su película 'Atraco a las tres' (1962), una de las comedias de tintes negros que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un título clásico del cine español. Ese fue su primer papel destacado, aunque cinco años ya había intervenido en 'El puente de la paz' (1957). En sus primeras apariciones  cinematográficas, Landa realizó trabajos sin encasillamientos, como le ocurriría unos años más tarde. De los primeros títulos en que intervino llama la atención 'La niña de luto' (1964), una excelente comedia de Manuel Summers sobre los atavismos españoles que atenazaban la sociedad desde el fin de la Guerra Civil y que representó a España en el festival de Cannes.

Curiosamente, en unas declaraciones a la revista Tele Radio en el rodaje de esa película, Landa afirmaba: “no me gusta el cine: decididamente, no me gusta. Lo mío es el teatro. Lo que un actor  siente en escena cuando se alza el telón una noche de estreno y cuando, esa misma noche, son ovacionados sus mutis y cuando la emoción hace que eches el resto, no se puede comparar en nada al cine”. ¡Menos mal que no le gustaba, porque tiene una filmografía de
casi doscientos títulos!

Pero llegó el momento de ir desprendiéndose del encasillamiento y del 'landismo' para volver a los orígenes interpretativos y demostrar su amplitud de registros. Hay varios títulos que dan fe de ese cambio cualitativo. Juan Antonio Bardem le dio una gran oportunidad en 'El puente' (1977). En ella podía establecerse una progresión intelectual del personaje casi grotesco que había repetido en decenas de títulos. El proletario descerebrado, obsesionado por el sexo, en conflicto permanente con las mujeres, tomó conciencia socio-política, despistando de paso a los espectadores que esperaban ver otra
comedia sin fundamento.

Pero en España se estaba produciendo la transición política hacia la democracia y el cine no permanecía ajeno a los cambios. Tras esa película, el actor no pudo abandonar definitivamente el personaje que
le hizo popular, pero siguió buscando nuevos vehículos. José Luis  Garci le proporcionó el siguiente con las dos entregas de 'El crack', uno de los pocos ejemplos de cine 'negro' en nuestro país.

Pero en los últimos veinte años Alfredo Landa ya ha podido imponer sus criterios y seleccionar proyectos de acuerdo a su nueva etapa. Y aunque ha protagonizado algunas producciones de escaso interés, su filmografía de estos últimos años cuenta con una serie de títulos muy estimables, entre ellos 'La vaquilla' (1985), 'Tata mía' (1986), 'El
bosque animado' (1987), 'Canción de cuna' (1994) y 'La luz prodigiosa' (2003).

La definitiva consagración internacional se produjo tras el premio
—compartido con Francisco Rabal— otorgado por el Festival de  Cannes a su sobrecogedora interpretación en 'Los Santos Inocentes', una de las películas más taquilleras de las últimas décadas.

Pionero de los programas dramáticos y las series para televisión, Alfredo Landa ha dosificado su presencia en la pequeña pantalla en las últimas décadas. No ha sido de los actores que más se han  aprovechado del auge profesional producido tras el comienzo de las emisiones por canales privados. Hasta finales de los años sesenta apareció con regularidad en distintos espacios de Televisión  Española. Pero su intenso trabajo en la gran pantalla lo alejó de la pequeña. Tuvo un amago de retorno en 1977 con una serie que iban a escribir Lauro Olmo y José Osuna titulada 'Un taxi para vivir'. Pero el
proyecto, ampliamente difundido, no llegó a realizarse.

Su deseada —y buscada— reaparición en el medio la logró el realizador Manuel Ripoll en su serie de TVE, 'Tristeza de amor'. Se trató de un proyecto que buscó salirse de los caminos trillados para dar un tratamiento cinematográfico a la ficción televisiva. Alfredo Landa compartió protagonismo con la actriz Concha Cuetos, una de las veteranas profesionales de este medio de comunicación.

Cuando ya gozaba del prestigio y reconocimiento unánimes, Landa accedió a protagonizar dos series de pocos capítulos para Televisión Española. En ambos casos se trató de cuidadas producciones con repartos estelares. En 1984 fue la versión televisiva de 'Ninette y un señor de Murcia', que ya había protagonizado en el teatro veinte años antes, y Don Quijote, en la que dio vida al escudero Sancho Panza, junto a Fernando Rey, que encarnó al Ingenioso Hidalgo.

De hecho, en los quince años que estos llevan funcionando, con una
gran producción de series propias, el actor navarro solo ha sido protagonista absoluto en 'Lleno, por favor', realizada para Antena 3 el año 1993. Aunque ya había intervenido en una producción de la televisión autonómica madrileña, titulada 'Andar por casa' (1991), que mostraba la geografía local con personajes invitados. Más tarde ha aparecido como actor invitado en varios capítulos de la serie 'Los Serrano', que gozó de un gran éxito en Tele 5.

La relación de premios conseguidos por este veterano intérprete es
abrumadoramente nutrida. Su primer premio Goya como mejor actor le fue concedido el año 1987 por su trabajo en 'El bosque animado'. Cinco años más tarde volvía a lograr el mismo galardón como intérprete protagonista por 'La marrana'. En 1988 el Festival de cine de Cartagena premió a Landa por su interpretación en 'Tata mía'. En 1991 el gobierno de la Nación le concedió la Medalla de Oro al Mérito Artístico.

El año 2003 le fue concedido el Premio Bravo de Cine en reconocimiento a su trayectoria profesional y a su calidad humana. También ese año recibió la Ola de Oro, galardón concedido en Cataluña. No terminaron los reconocimientos a su dilatada carrera porque ganó igualmente el Nickel Odeón como “acontecimiento cinematográfico del año” por su trabajo en 'La luz prodigiosa'.
En su ciudad natal fue reconocido en 1986 con el 'Gallico de oro de san Cernin' que otorgaba la Sociedad Napardi. En 2008 recibió el Goya de Honor por su destacada carrera.

Alfredo Landa estaba casado desde el 23 de septiembre de 1960 con
Mayte Imaz. El matrimonio tiene tres hijos, Idoia (1965), Alfredo (1967) y Ainhoa (1970) pero ninguno ha seguido el camino artístico.
El año 2008 se publicó el libro 'Alfredo el Grande. Vida de un cómico', en el que se recogen las vivencias de su larga carrera.

Alfredo Landa Areitio nació en Pamplona el 3 de marzo de 1933 y falleció en Madrid el 9 de mayo de 2013.
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