Ponferrada
lunes 11 de marzo de 2013, 00:00h
Actualizado: 25/03/2013 08:32h
Esto es el acabose. Lo de Ponferrada tiene todos los elementos del esperpento, del drama y de la comedia. Mal está que, a pesar de los famosos pactos antitransfuguismo -que los grandes partidos firman no se sabe bien para qué- continúe llegándose a acuerdos para alcanzar gobiernos ayudados por manos negras. Pero que en este caso, la mano sea la de un ex alcalde acusado y condenado nada menos que por acoso sexual, es un desacierto de dimensiones planetarias. Y para más escarnio, la operación se lleva a cabo el Día de la Mujer. Que hubiera sido igual de grave cualquier otro día, pero en éste sonaba, además, a recochineo e hipocresía supina.
Me consta que mucha gente desde dentro del PSOE -donde aún queda mucha honestidad- está avergonzada por cómo se han desarrollado los acontecimientos. Seguro que Rubalcaba no puede sentirse tampoco muy feliz: su capacidad de liderazgo y de poner en orden su propio partido ha quedado muy dañada después de que el nuevo alcalde se haya saltado sus órdenes, anteponiendo el cargo recién conseguido por tan chusca vía a los ideales del partido que, hasta la fecha, le ha llevado a donde está y tras cuyas siglas ha conseguido el acta de concejal.
Resulta paradójico el curso de la historia, y cómo en las peores circunstancias económicas –o, precisamente, a causa de ellas-, los dos grandes partidos de este país parecen haberse puesto de acuerdo para hacer aguas, saltándose sus propias normas, violando sus principios, no haciendo frente a desafíos que obligan a la catarsis pero que son vitales para su supervivencia, y dejando de paso absolutamente huérfanos de referencias a millones de españoles.