Creo que debemos prestar atención frecuentemente a este movimiento de resistencia profesional y creación porque nos deparará no pocas sorpresas. Y porque está logrando atraer a un sector de público que, posiblemente, no vaya a otros teatros.

El Garaje Lumiere, en Delicias, presenta en su variada oferta semanal, un nuevo montaje de
Yepeto, la obra de Roberto Cossa que periódicamente aparece en la cartelera. Ahora está interpretada por Carlos Olalla y Gonzalo Grillo, dirigida por Vinuesa y Del Barco. Este enfrentamiento dialéctico y generacional se salva con eficacia, en un bonito espacio escénico que nos mete en el piso del maduro profesor. Durante una hora asistimos al desmoronamiento del viejo gallo intelectual, arrollado por el físico y la juventud de su oponente, el simple corredor de fondo que acaba por quedarse con la chica. Ollala hace un profesor irónico, fatuo, de vuelta –aparentemente- de la vida, agarrado a la esperanza de que su cultura enmascare el deterioro de la edad. Enfrente tiene al debutante Gonzalo Grillo –atención a su gran potencial…- como el joven que supera su falta de rigor intelectual con un físico deslumbrante y una sinceridad que desarma a la edad. Estupendo ejercicio que merece la pena revisarse los jueves.
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En la sala Tú, abierta el pasado 15 de noviembre en Malasaña, vemos una comedia:
Todo sobre Vázquez. Jaime Palacios, autor y director, pone en solfa el mundo de los actores televisivos, de sus representantes desaprensivos, del calvario que pasan quienes aspiran a un rigor artístico. Lo hace en clave de farsa, con algún apunte dramático, servido por cuatro solventes actores. Allí vemos a una estupenda y desbordante Belinda Washington como la agente dominante, a la frágil y espectacular Lidia San José y a dos jóvenes apuestos. Ángel Caballero como el actor olvidado que busca la reaparición y acaba abducido por el sistema, y el televisivo Rubén Sanz, que parece empeñado en ampliar su horizonte profesional en la escena, empezando por escalones modestos y, sin duda, muy eficaces para un buen aprendizaje.
Ambas salas permiten el contacto casi físico con los actores, ya que sus aforos respectivos están entre los 50 y 100 espectadores, con espacios de encuentro y conversación para hacer grata la espera o prolongar la velada tras las funciones.