Un centro de salud en Bravo Murillo ha sido desalojado por la amenaza de un hombre que llevaba una pistola falsa. Reaccionó de esta manera tras pedir en reiteradas ocasiones cita para su madre enferma, algo que le fue negado por ahora por la huelga sanitaria. Al parecer, se encuentra en tratamiento psiquiátrico.
Ya se ha mentado la palabra mágica para estigmatizar al más pintado: la enfermedad mental. Muchos titulares o subtítulos de prensa hablan de perturbado y loco peligroso, cuando era solo un esquizofrénico diagnosticado, según fuentes sanitarias. A saber si una persona sin enfermedad mental habría actuado de la misma forma en una circunstancia desesperada. Pero es que es la coletilla para añadir salsa al suceso. Me gustaría saber la que se montaría si, en vez de esquizofrénico, se señalase como rasgo diferenciador que el agresor era homosexual, mujer, negro, inmigrante, parado o cualquier otro colectivo vulnerable y susceptible de hacer lobby contra políticos y medios de comunicación. Seguro que más de uno se la cogía con papel de fumar antes de mentar su condición.
Pongamos otro ejemplo de la política del miedo en la que está inmersa la sociedad en torno a los enfermos mentales. Esta vez no es un suceso, sino un espectáculo. El escenario de Puerta del Ángel acoge 'Manicomio. El circo de los horrores'. A pesar de que la empresa organizadora asegura en sus dossieres de prensa (en su página web no hace ninguna mención al respecto) que no tratan de dañar la imagen de los enfermos mentales, hablan de que su 'show' traslada a los espectadores a un manicomio "donde la locura no tiene límites. Un espacio siniestro y de alto riesgo donde conviven psicóticos, desquiciados, y perturbados mentales. Dos intensas horas en las que acróbatas esquizofrénicos compulsivos, malabaristas ludópatas, enfermeras bipolares, ilusionistas paranoicos, trapecistas catatónicos y monologuistas con doble personalidad arrastrarán al público al inquietante mundo de la locura". Vamos, que si no querían hacer daño, se han lucido.
Se calcula que uno de cada cuatro españoles tiene, ha tenido o tendrá una enfermedad mental. Y el porcentaje va en aumento por los efectos de la crisis. Más de un millón de personas tiene una enfermedad mental grave y menos de la mitad recibe apoyo psicológico. Es decir, es un colectivo, al menos, igual de abundante que el de los enfermos de cáncer. Sin embargo, la inversión sanitaria en estas patologías es mínima en comparación y no se habla apenas del asunto.
Pero, sobre todo, el mayor daño que se hace a esta población es el estigma por ser un enfermo. La única razón que lo sustenta es el miedo a lo desconocido. Al igual que en cualquier otro colectivo, ni la mayoría son peligrosos, ni están incapacitados para integrarse en la comunidad. Sin embargo, ni la sociedad, ni las administraciones, ni las empresas les dan herramientas a ellos ni sus familiares para reivindicar su sitio. A pesar de ello, en el día internacional de la salud mental a todos los mentados se les llena la boca en defensa de este colectivo. Es el día de los compromisos. El día de montar el circo. Después de la foto, si te he visto, no me acuerdo, y hasta el año que viene. Eso, más que horror, da asco.