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De Getafe al fondo del mar

De Getafe al fondo del mar

viernes 16 de septiembre de 2011, 00:00h
Actualizado: 28/09/2011 17:08h
Para muchos, conocer el fondo del mar es algo imposible. Y el miedo tiene mucho que ver. Por este motivo, desde el club de actividades acuáticas y subacuáticas de Getafe (CAAS) apuestan al máximo por la seguridad y así dejar a un lado los temores. El objetivo: querer repetir tras la primera inmersión.
Tanto los novatos como los más expertos tienen un sitio en esta escuela. Para los principiantes se ofrece un curso de aproximación o bautismo de buceo, que se lleva a cabo en una piscina cubierta. "El objetivo es que estas personas comiencen a familiarizarse con la bombona y valoren si se agobian o no al introducir la cabeza en el agua", comenta el presidente de esta entidad, Leo Alonso. Durante los primeros días, intentan a través de juegos que los participantes pierdan el miedo y se olviden de que están respirando bajo el agua. "Si no piensan en esto, el resto está hecho. Solo hay que introducir unas reglas básicas de seguridad", aclara. Además de estos cursos para los noveles, el CAAS de Getafe ofrece también otras titulaciones para los más expertos, que complementan a la formación de avanzado, como por ejemplo, el curso de nitrox o el de rescate, para que puedan salvar personas en alta mar.

Todos estos cursos, formados por clases teóricas y prácticas, tienen una duración de 30 horas, repartidas en tres fines de semana: Los dos primeros se realizan en Getafe y el último, en la playa. Normalmente, viajan hasta Benidorm para aplicar los conocimientos adquiridos. En las primeras inmersiones "nunca bajan solos", comenta este experto. Siempre están acompañados del propio Leo Alonso, buceador profesional desde hace más de 14 años; de Carlos de Benito, instructor de buceo en la Universidad Complutense de Madrid; y de un grupo de amigos del presidente del club, entendidos también en la materia. "Estar rodeado de gente con un alto nivel de conocimientos me da mucha confianza. Y a las personas que se inician en el buceo también", comenta Alonso. Su función es dar consejos y ayudar a los alumnos.

La edad mínima para participar en esta actividad es de 16 años y los precios oscilan entre los 280 y los 310 euros, dependiendo del lugar escogido para sumergirse y si los inscritos son o no de Getafe, ya que los vecinos de esta localidad y los miembros del CAAS pagan 25-30 euros menos por curso. "Intentamos dejar las titulaciones lo más baratas posible, pero al no recibir ningún tipo d e subvención tenemos que costear entre nosotros y los alumnos todos los gastos", afirma el presidente de este club, quien asegura que la única ayuda que reciben es por parte del Ayuntamiento de la ciudad, "quienes nos permiten utilizar las instalaciones municipales por poco dinero".

Centrados en la seguridad
Según Alonso, todavía hay personas con titulaciones de buceo "que no están lo suficientemente preparadas. Muchas de ellas necesitan más conocimientos a nivel de seguridad". Por este motivo, el club de actividades acuáticas y subacuáticas de Getafe da prioridad a esta materia."Es un aspecto muy necesario para los buceadores, a veces puede sacarnos de un apuro", aclara. En ese sentido, Alonso quiere dejar constancia de que no son una empresa que quiere ganar dinero, sino que su intención es formar profesionales del buceo, "lo mejor preparados posible".

Un deporte, según el experto, todavía muy desconocido, que desde el CAAS de Getafe quieren potenciar y dar a conocer a todos los públicos. Y es que uno de los motivos por los cuales se creó este club fue para que la gente descubriese el buceo y se interesase por él. Una iniciativa que surgió en julio de 2010, tras un primer bautismo en la piscina de Perales del Río. Después de realizar esta actividad, "que salió muy bien", el propio Alonso le planteó a De Benito crear una escuela de este tipo en el sur de la región. "Me dijo que sí, que estaba encantado, por lo que decidimos crear este organismo", explica, el único de toda la zona sur, aunque no de toda la región. "Hay más en la Comunidad de Madrid, pero la estructura es muy diferente a la nuestra. Nosotros nos salimos un poco más de lo común, ampliamos aspectos que en otros centros no tienen en cuenta, como la climatología o la seguridad", aclara Alonso.

La idea es organizar un curso cada mes, pero depende de la demanda, "que no hay mucha". Las personas más interesadas en este tipo de cursos son en su mayoría universitarios, mayores de 18 años. "La gente joven es la que más los solicita, aunque en el último que hicimos había gente de 52 años", comenta. Normalmente, son vecinos de Getafe o de la zona sur de la región, a pesar de estar abierto a todo tipo de público. Para los interesados, el centro ya tiene fecha para los dos próximos cursos: uno avanzado que arrancará el 19 de septiembre y otro para principiantes, partir del 8 de octubre.

La importancia del medio ambiente
Con el tiempo, el medio marino se ha ido deteriorando e incluso existen determinados sitios donde la vida "ha desaparecido", asegura el presidente de esta entidad, "es una lástima". El problema, según este experto, es que muchas personas que bucean "en lugar de disfrutar del entorno, se dedican a tocar los animales que se encuentran. Nosotros somos observadores, nada más, y no podemos estar tocando todo lo que encontramos a nuestro paso. Si los cogemos, no estamos conservando la naturaleza". Un hecho que molesta mucho a Alonso, por lo que intenta concienciar a sus 'alumnos' que no cojan nada, que solo disfruten con lo que ven.

Y para concienciar todavía más a la gente, el CAAS tiene previsto crear una especie de convenio con la Universidad Complutense de Madrid con el objetivo de "implantar una serie de corrientes en las que se proteja un poco más el medio ambiente, para que el Mediterráneo deje de ser una cloaca". El propio Alonso ha llegado a ver dentro de este mar un frigorífico de doble puerta a 25 metros de profundidad. Por este motivo, quiere, junto a De Benito, organizar una serie de charlas para concienciar a la gente y que cuando los buceadores se sumerjan se limiten a disfrutar del entorno y a cuidar la poca vida que queda, ya que "actualmente se ve la mitad de vida que la que había hace 14 años". Un entorno "precioso", que no puede deteriorarse y acabar desapareciendo.
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